Pido que seáis el Rey de todos los Españoles  :   
 Texto integro de la homilía del cardenal arzobispo de Madrid. 
 ABC.    28/11/1975.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

ABC VIERNES 28 DE NOVIEMBRE DE 1975, PAG. 7.

"PIDO QUE SEÁIS EL REY DE TODOS LOS ESPAÑOLES"

Texto íntegro de la homilía del cardenal arzobispo de Madrid

Durante la misa del Espíritu Santo el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Vicente Enrique y Tarancón pronunció la siguiente homilía:

Majestades, ilustrísimas representaciones extranjeras, presidente del Gobierno, presidente de las Cortes excelencias, hermanos :

Habéis querido. Majestad, que invoquemos con Vos al Espíritu Santo, en el momento en que accedéis al Trono de España. Vuestro deseo corresponde a una antigua ,v amplia, tradición: la que, a lo largo de la Historia, busca la luz y el apoyo del Espíritu de sabiduría en la coronación de los Papas y de los Reyes, en ¡a convocación de los .Cónclaves y Concilios, en el comienzo de las actividades culturales d« Universidades y Academias, en la deliberación de los Consejos.

Hoy no se trata, evidentemente, de ceder al peso de una costumbre: en vuestro gesto hay un reconocimiento público de que nos hace falta la luz y la ayuda de Dios en esta hora. Los creyentes saín mas que, aunque Píos ha dejado el mundo a nuestra propia .responsabilidad y a merced de nuestro esfuerzo y nuestro ingenio, necesitamos de El, para acertar en nuestra tarea; sabemos que, aunque es el hombre el protagonista de su historia, difícilmente podrá construirla según los planes de Dios, que no son otros que el bien de los hombres, si el Espíritu no nos ilumina y fortalece. El es la luz, la fuerza, el guía que orienta toda la vida humana, incluida la actividad temporal y política

RECUERDO A FRANCO

Esta petición de ayuda a Dios subraya, además, la excepcional importancia de la hora que vivimos y también su extraordinaria dificultad. Tomáis las riendas del Estado en una hora de tránsito, después de muchos años en que una figura excepcional, ya histórica, asumió el poder de forma y en circunstancias extraordinarias. España, con la participación de todos y bajo vuestro cuidado, avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos, c! talento y la decisión de todos para que sea el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos. Sobre nuestro esfuerzo descenderá la bendición de quien es el «dador de todo bien». El no hará imposibles nuestros errores, porque humano es errar; ni suplirá nuestra desidia o nuestra Inhibición, pero sí nos ayudará a corregirlos, completará nuestra sinceridad con su luz r fortalecerá nuestro empeño.

Por eso hemos acogido con emocionada complacencia este vuestro deseo de orar junto a Vos en esta hora, La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contracostas y en mucho coincidentes. La Iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que, en este momento, echáis sobre vuestros hombros y que agradece la generosidad con que os entregáis ail servicio de la comunidad nacional,, no puede, no podría, en modo alguno, regatearos su estima y su oración.

Ni tampoco so colaboración: aquélla que le es específicamente propia. Hay una escena en los Hechos de los Apóstoles que quisiera recordar en este momento. La primera vez que, después de la resurrección de Cristo, se dirigía San Pedro al templo, un paralitico tendió la mano hacia él pidiéndole limosna, Pedro mirandole atentamente, le dijo: «No tengo oro ni plata, lo que. tengo, «so te doy: en´ nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda.» El mendigo pedia una limosna y el apóstol le dio mucho más: la curación.

LO «DE LA IGLESIA PUEDE DAR

Lo mismo ocurre en la Iglesia: son muchos loa que tienden la mano hacia ella pidiéndole lo que la Iglesia no tiene, ni es misión «aya dar, porque no dispone de nada de eso. La Iglesia sólo puede dar mucho más: el mensaje de Cristo y la oración.

Ese mensaje, de Cristo, que el Concilio Vaticano U actualizó y que recientes documentos det Episcopado español han adaptado a nuestro país, no patrocina ni impone un determinado modelo de sociedad. I* fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas, dado que ningún sistema social o político puede agotar toda la riqueza del Evangelio, ni pertenece a la misión de la Iglesia presentar opciones o soluciones contretas de gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas. La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre pura cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente.

SERVICIO A LA COMUNIDAD

La Iglesia, en cambio, sí debe proyectar la palabra de Díos sobre la sociedad, especialmente cuando se trata de promover lo» derechos humanos, fortalecer las libertades justas o ayudar a promover las causas de la paz y de la justicia, con medios siempre conformes al Evangelio. La Iglesia nunca exterminará qué autoridades deben gobernarnos, pero sí exigirá a todas que estén al servicio de la comunidad entera; que respeten, sin discriminaciones ni privilegios, los derechos de la persona; que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en ¡as decisiones d« gobierno; que tengan la justicia como meta y como norma y que canátieu decididamente hacia una equitativa distribución de tos bienes de la tierra. Todo esto, que e¡> consecuencia del Evangelio, la Iglesia lo predicará. y lo grita;.! sí es necesario, por fidelidad a ese mismo Evangelio >• por fidelidad a la Patria en ia que realiza su misión.

A cambio de tan estrictas exigencias a los que gobiernan, la Iglesia asegura, con igual energía, la obediencia de los ciudadanos, a quienes enseña el deber moral de apoyar a la autoridad legítima, en todo lo que se ordena a! bien común.

LA IGLESIA NO PIDE PRIVILEGIOS

Para cumplir su misión, Señor, la Iglesia no pide ningún tipo de privilegio. Pide que se le reconozca la libertad que proclama para todos; pide el derecho a predicar el Evangelio entero, incluso cuando su predicación pueda resultar crítica para la sociedad concreta en que se anuncia; pide una libertad que no es concesión discerníble o situación pactable. sino, el ejercicio de un derecho inviolable de todo hombre.

Sabe la Iglesia que la predicación de este Evangelio puede y debe resultar molesta para los egoístas; pero que siempre será benéfica para los intereses del país y la comunidad. Este es el gran regalo que la. Iglesia puede ofreceros. Vale más que el oro y la plata, más que el poder y cualquier otro apoyo humano.

Os ofrece también su oración, iniciada ya con esta misa del Espíritu Santo En esta hora tan decisiva para Vos y para España, permitidme. Señor, que diga públicamente lo que quien es pastor de vuestra, alma, pide para quien es. en 1» civil, su Soberano.

REY DE TODOS

«NOS HACE FALTA LA LUZ Y LA AYUDA DE DIOS EN ESTA HORA»

EXALTACIÓN DE LA CORONA

"LA IGLESIA NO PUEDE REGATEAROS SU ESTIMA Y SU ORACIÓN, NI TAMPOCO SU COLABORACIÓN"

Pido para Vos, Señor, un amor entrañable y apasionado a España. Pido que seáis el Rey de todos los españoles, de todos los que se sienten hijos de la madre patria, dé todos cuantos desean convivir, sin privilegios ni distinciones, en el mutuo respeto y amor. Amor que, como nos enseño «I Concilio, debe extenderse a quienes prensen de manera distinta de la nuestra, pues «nos urge la obligación de hacernos prójimos de todo hombre». Pido también. Señor, que si en este amor hay algunos privilegiados, éstos sean los que más lo necesitan: los pobres, los ignorantes, los despreciados: aquéllos a quienes nadie parece amar.

Pido para Vos, Señor, que acertéis, a la hora de promover la formación de todos los españoles, para que sintiéndose responsables del bienestar común, sepan ejercer su iniciativa y utilizar su libertad en orden al bien de la comunidad.

Pido para Vos acierto, y discreción para abrir caminos del futuro de la Patria para que, de acuerdo con la naturaleza humana y la voluntad de Dios, las estructuras jurídico-políticas ofrezcan a todos los ciudadanos la posibilidad de participar libre 7 activamente en la vida del país, en las medidas concretas de gobierno que´ nos conduzcan, a. través de un proceso de madurez creciente, hacia una Patria plenamente Justa en lo social v equilibrada en lo económico.

RELACIONES DE MUTUA AUTONOMÍA

Pido, finalmente, Señor, que nosotros, como hombres de Iglesia, y Vos, como hombre de gobierno, acertemos en unas relaciones que respeten la mutua, autonomía y libertad, sin. que ello obste nunca para la mutua y fecunda colaboración desde los respectivos campos. Sabed que nunca os faltará nuestro amor j .que éste será aún más Intenso si alguna ves debiera revestirse de formas discrepantes o críticas. También en ese caso contaréis, "Señor, con fe colaboración de nuestra honesta sinceáidad.

Dios bendiga esta hora.en que comenzáis "vuestro reinado. Dios nos dé luz a todo* para construir juntos una España mejor. Ojalá un día, cuando Dios y las generaciones futuras de nuestro pueblo, que nos juzgarán a todos, enjuicien esta hora, puedan también bendecir los frutos de I» áurea que hoy comenzáis y comenzamos. Ojalá pueda un día decirse qu« vuestra reino ha imitado, aunque -sea en 1» modesta escala de las posibilidades humanas, aquellas cinco palabras con las que I» liturgia define e] infinitamente más alto rabio de Cristo: Reino de verdad 7 de vida. Reino de justicia, de amor 7 de paz.

QUE REINE LA VERDAD

Que reine la verdad en nuestro. España; que la mentira no invada nunca nuestras Instituciones; que la adulación no «aire en Vuestra casa; que la hipocresía no manche nuestras relaciones humanas.

Que sea vuestro Reino un reino de vida;

que ningún modo de muerte y violencia lo sacuda; que ninguna forma de opresión esclavice a nadie; que todos conozcan y compartan la libre alegría de vivir.

Que sea el vuestro un Reino de justicia en el que quepan todos sin discriminaciones, sin favoritismos, sometidos todos al imperio de la Ley y puesta siempre la Ley al servicio verdadero de la comunidad.

Que sea el vuestro un Reino de amor, donde la fraternidad sea la respiración de las almas; fraternidad que acoja las diferencias y, respetándolas, las ponga todas al servicio de la comunidad.

Que, sobre todo, sea el vuestro un Reino de auténtica paz, una paz libre y justa, una paz ancha y fecunda, una paz en la q_ue todos puedan crecer, progresar y realizarse como seres humanos y como hijos de Dios.

Esta es la oración. Señor, que, a través de mj boca, eleva hoy la Iglesia por vos y por España. Es una oración transida de alegre esperanza. Porque estamos seguios de los altos designios de Dios y de la fe Inquebrantable que anida en vuestro joven corazón para emprender ese camino. Que el Padre de la bondad y de la misericordia ponga su bendición sobre vuestra augusta persona y sobre todos nuestros esfuerzos. Así sea.»

LA ORACIÓN DE LOS FIELES

Después de la homilía, el cardenal arzobispo de Madrid pronunció la siguiente •ración de los fieles:

«Unidos en el Espíritu Santo por el que •lamamos "Padre", oremos, hermanos, a Dios Todopoderoso.»

Un diácono:

«Por la Iglesia santa de Dios: para que el Espíritu Santo la llene de sus dones y

ella dé testimonio ante el mundo del Reino del amor y de la vida, de la justicia y de la paz, reguemos al Señor.

Por nuestro Rey Juan Carlos: para que el Señor le ilumine y asista, temple su espíritu y fortalezca su corazón en el ejercicio de su autoridad sobre todos los españoles como un servicio de amor y de paz, reguemos al Señor.

Por su augusta esposa la Reina; por su hijo el Príncipe y por sus hijas las Infantas: para que el Señor mantenga en ellos el gozo, la paz 7 el amor, signo de la presencia de Cristo entre los hombres, roguemos al Señor.

Por los gobernantes de nuestro pueblo: para que promueban la justicia, la libertad, la paz y el bienestar de todos los españoles, roguemos mi Señor.

Por todas las naciones y sus gobernantes: para que logren «1 progreso de sus pueblos «n pacifica convivencia por medio de la libre y activa cooperación, roguemos al Señor.

Por todos los que estamos aquí reunidos: para que, sin distinción de credos religiosos, d* raza, ideología y condición, trabajemos todos ´por ana humanidad nías Justa, alegre y fraterna, roguemos al Señor.>

El cardenal:

«Escucha, Señor, las súplicas de tu Iglesia, para «ue nos mantengamos firmes en la confesión de fe te, cumplamos con fidelidad los preceptos de Cristo y seamos apóstoles del Evangelio. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.»

"PIDO PARA VOS ACIERTO Y DISCRECIÓN PARA ABRIR LOS CAMINOS DEL FUTURO DE LA PATRIA"

 

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