Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
 Opiniones sobre la Monarquía. 
 No gobierna, pero reina     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

OPINIONES SOBRE LA MONARQUÍA

NO GOBIERNA, PERO REINA

Por Manuel JIMÉNEZ DE PARGA

Desde hace bastante tiempo vengo sosteniendo que la fórmula clásica de la* Monarquías constitucionales y democráticas —«El Rey reina, pero no gobierna»— debe ser modificada del modo siguiente: «El Rey no gobierna, pero reina.»

Se quiere subrayar con este cambio de la receta tradicional que la tarea de reinar corresponde al Rey y que se trata de un cometido político de extraordinaria importancia.

Reinar es colocarse por encima de las disputas políticas entre los diversos grupos que actúen en la sociedad, como «Rey de todos los españoles», según la enseñanza reiterada del Conde de Barcelona.

Reinar es prestar apoyo a los sectores y clases más desfavorecidos hasta conseguir que no tengamos «ni un español sin trabajo, ni un trabajo que no permita a quien lo ejerce mantener con dignidad su vida personal y familiar, con acceso a tos bienes de la cultura y de la economía para él y para sus hijos», según prometió el sábado el Rey en el discurso de la Corona ante las Cortes.

Reinar es alentar a los Tribunales de Justicia en su cuasi sagrada misión de «dar a cada uno lo suyo», con el fin de que exista una justicia que sea «supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza», presidiendo el Rey la construcción de un Reino donde «nadie tema que su causa sea olvidada» y «donde nadie espere una ventaja o un privilegio».

Reinar es moderar, arbitrar en los conlictos de clases, de generaciones, de sexos.

Cuando «e da por buena la fórmula *eí Rey reina, pero no gobierna», parece infravalorarse la labor política del Rey. Pero resulta equivocado cualquier juicio de este signo. Reinar es una de las funciones capitales de las Monarquías democráticas, de las que depende —igual que de las otras funciones esenciales del Estado— et éxito o el fracaso de la organización cívica.

Y reinar, en ciertas circunstancias, se convierte en tarea dificilísima.

Porque los grupos privilegiados no aceptan que se les prive de su estatuto de beneficiarios y porque la democracia exige unos hábitos que no se poseen en pocos días.

Con los principios nuevos y con las normas renovadas, el pueblo español tiene que adquirir costumbres democráticas. Hasta que llegue esa hora, reinar en este país comporta muchísimos riesgos.

Luego, con los hábitos democráticos, reinar será menos comprometido, pero continuará siendo, como hoy lo es, importantísimo.—M. J. DE P.

MAÑANA:

«En tomo a la Monarquía de Juan Carlos I», por Manuel CANTARERO DEL CASTILLO, y «La hora de la reconciliación», por Francisco FERNANDEZ ORDOÑEZ

 

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