Autor: Trenas, Pilar. 
   El pueblo en la calle vitoreó a los Reyes  :   
 Pancartas y emoción incontenible en la puerta de las Cortes. 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 42. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. DOMINGO 2S DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 42.

CRÓNICA DE UNA JORNADA HISTÓRICA

EL PUEBLO, EN LA CALLE, VITOREO A LOS REYES

Pancartas y emoción incontenible en la puerta de las Cortes

Ayer, el pueblo de Madrid, el pueblo de España entera estaba en la calle para recibir con alborozo la nueva de su Rey. Desde •horas muy tempranas los madrileños se dirigieron a los alrededores de la Carrera de San Jerónimo para conseguir un lugar de preferencia frente al Palacio de las Cortes, donde Don Juan Carlos de Borbón iba a prestar juramento como Rey de España.

Una gran zona de Madrid se había quedado vacío porque todos aquellos que prefirieron vivir estos momentos históricos en la calle, se encaminaron hacia un mismo destino, hacia una misma zona de este Inmenso Madrid, la de los alrededores de las Cortes.

Cuando nos encaminamos hacia la plaza de Neptuno, una gran muchedumbre humana, con paso ágil, intenta ganar en la carrera a los que les preceden. En los rostros se funden múltiples emociones. Hay dolor y alegría y esperanza y deseos de manifestar, de expresar todos esos sentimientos aue en estas jornadas han Invadido el corazón de los españoles. Hombres y mujeres de todas condiciones y edades vivían con intensidad en las calles de Madrid esta jornada histórica. Tampoco faltaban los niños. Algunos traslucían en su rostro incertidumbre. No sabían lo que pasaba, pero se dejaban llevar de la mano por sus padres y no hacían sino preguntar y preguntar. «Vamos a ver al Rey.» «No te sueltes de mi mano.»

EMOCIÓN INCONTENIBLE

Ya frente al Palacio de las Cortes y a lo largo de la Carrera dé San Jerónimo y calles adyacentes, la multitud es inmensa. Fuerzas de la Policía Armada formando una doble cadena impiden aue las gentes invadan la calle por donde, dentro de pocos minutos, llegará, vistiendo el uniforme de Capitán General, el todavía Príncipe de España. El brillante sol que lució durante toda ¡a mañana en el cielo de Madrid añadió a esta solemne jomada un tono de alegría. Se respira algo indescriptible. Entre el público comienza la impaciencia. Unos se encaraman a los balcones y a los salientes de las fachadas. Los minutos de espera se hacen largos. Las pancartas, algunas de ellas todavía plegadas, esperan con impaciencia poder alzarse sobre las cabezas del pueblo madrileño.

Una mujer grita: «¡Ya viene! ¡Ya se oyen las motos!» Cuando la comitiva en la que Ilesa el Príncipe Don Juan, Carlos hace su entrada en la Carrera de San Jerónimo, el

público irrumpe en emocionados aplausos. Las gentes se empinan, estiran su cuerpo al máximo con el ánimo de que sus ojos puedan alcanzar a ver al Príncipe. Cuando suenan los tres toques de corneta, muchas emociones contenidas se desbordan. Hay-sollozos mezclados con una incontrolable alegría. Se mezclan las lágrimas de la emoción, del dolor y de la esperanza. Los gritos y los vítores se interrumpen al sonar la marcha real y el Príncipe pasa revista al batallón de Infantería del Ministerio del Ejército, que le rindió honores. A mi lado, una mujer, entre sollozos, grita: «No puedo más. i Viva Juan Carlos!» El público vuelve a repetir una y otra vez el nombre de Don Juan Carlos. Aplaude, ríe. llora de emoción. «Jamás olvidaré estos momentos en todo lo que me queda de vida», dice un hombre que lleva corbata negra y de cuyos ojos comienzan a brotar las lágrimas. Un niño le pide a su padre que le suba a hombros. Es imposible moverse. Se ha formado una compacta masa humana qoie tiene sus ojos puestos en la puerta del Palacio de las Cortes.

«ENTRA PRINCIPE Y SALDRÁ REY»

Cuando el Presidente del Consejo de Regencia, don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, sale para recibir a Don Juan Carlos, una mujer comenta: «Ahora entra como Príncipe y luego le veremos salir como Rey.» «Qué traje más bonito lleva la Princesa! ¡Qué guapa está!», dice una joven con aspecto de estudiante. Un vecino ha acercado a la ventana un televisor. Los que están al fondo, optan por seguir la ceremonia desde el televisor. Mientras en el interior de las Cortes el Rey Juan Carlos I dirige su primer mensaje a la nación, en la calle ya suenan los vítores de «Viva el Rey», «Viva la Reina». Se despliega una gran pancarta en. la que se lee «¡Viva el Rey!» Un hombre mayor lleva en su mano una foto de SS. MM. que muestra a todos.

Un comentario surge entre el pueblo allí congregado. Lo hacen los que al mismo tiempo están viendo la televisión «El Príncipe Don Felipe, al entrar al salón detrás de sus padres, se ha ido junto a él y cuando le han Indicado que debía sentarse a la izquierda de su madre ha cogido el sillón que estaba algo separado y lo ha acercado al que ocupaba su madre, la Reina Sofía.» Una mujer no deja de relatar a unos y a otros esta anécdota.

Resulta difícil describir con palabras los sentimientos y las emociones manifestadas con gestos, lágrimas y sonrisas de este pueblo de Madrid que aguarda la salida del Rey. Cuando ésta se realiza, el grito de la multitud es ensordecedor: «¡Viva el Rey!», «¡Viva Juan Carlos!», «¡Viva Sofía!», «¡Vivan los Reyes!».

El coro, los aplausos, ya no se interrumpen. «¡Viva Felipe!», «¡Sofía, Sofía!», «¡Juan Carlos!». «¡Ya tenemos Rey! i Viva España!».

LOS REYES SE VAN

Sus Majestades han subido a un coche descubierto, después que fuerzas de los tres Ejércitos desfilaran ante ellos. Los Reyes saludan y corresponden a los vítores y aplausos de las gentes. La comitiva inicia su marcha. «Me voy corriendo a casa para seguir viéndolo por 1& televisión.» «Yo me voy al Palacio de Oriente; los Reyes van a ir a orar ante el cadáver de Franco.» Entre el público se comunican las últimas noticias. Los transistores están en marcha. Nadie quiere perderse la más mínima noticia que se desprenda de esta solemne jornada. Cuando el presidente Arias va a subir a su coche hay vítores para él, a los que corresponde con un saludo. «¡Arias, Arias!», griba la gente. Los miembros del Gobierno, del Consejo del Reino y las personalidades que han asistido a la ceremonia de la jura del Rey van abandonando el Palacio de las Cortes. El público allí congregado les aplaude. Luego se rompen todos los protocolos y la gente comienza a andar Carrera de San Jerónimo abajo. Entre ellos, entre ese público que ha aguardado muchas horas antes la llegada de Don Juan Carlos se mezcla el vicepresidente de los Estados Unidos, Nelson Rockefeller. qwe se ha dirigido andando y hablando con la gente en español desde las Cortes al hotel Rita. «¡Viva España! Lo importante es que nuestros pueblos estén unidos», decía. Nuevamente el público vuelve a desandar el camino. La muchedumbre se disgrega, aunque la mayoría coge rumbo hacia el palacio de Oriente, hacia donde se han encaminado los Reyes de España. Entre ellos, aun sin conocerse, se entabla la conversación. Los que han visto en Imágenes la ceremonia relatan los detalles de la misma a los que permanecieron en la calle con sus ojos fijos en la puerta de las Cortes. Hay un gran sentimiento en el pueblo español: el de la esperanza, la alegría, el respeto. «Jamás pensé que viviría este momento», dice un hombre de avanzada edad. «Qué feliz me siento, a pesar de mi gran dolor por la muerte de Franco.»—Pilar TRENAS.

 

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