Autor: Cruz Aguilar, Emilio de la (AEMILIUS). 
   Andalucía, la esperanza     
 
 Pueblo.    03/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Andalucía, la esperanza

En esta, hora del regionalismo y las autonomías, en algunos extremismos inviables, se advierte todo el

lastre de una actitud, pasada que marcó el centralismo, una voluntad suicida de unitarismo y la falta

verdadera de inteligencia a la hora de planear la imbricación de las partes de España de una manera tan

flexible qué resultara resistente a cualquier tensión.

Durante muchos años, se mantuvo una especie de competición tonta entre Madrid y Barcelona que se

exteriorizaba en pequeñas naderías infantiles, como el resultado de los partidos entre los equipos de una y

otra ciudad o el número de matrícula automóvil alcanzada en cada una. Estas manifestaciones respondían

en su futilidad, a una pugna real subterránea cuyo origen estaba en la voluntad gubernamental de

compensar el peso de Barcelona, demográfico, e industrial, con un agrandamiento paralelo de Madrid.

Aunque luego, en el terreno práctico, se produjeran incongruencias a la hora del planteamiento industrial

o de la localización de factorías dependientes —por ejemplo— del INI. El resultado fue. que crecieron

ambas ciudades. Barcelona, siguiendo su destina natural; Madrid, contraviniendo una norma de prudencia

política, bastante racional y extendida, de evitar que las capitales administrativas alcancen un tamaño

desmesurado y que la residencia del gobierno esté sometida al; «chantaje» directo de las masas, a su peso

puramente físico. El ejemplo de los Estados Unidos, donde las capitales administrativas son burgos

relativamente pequeños, no parece haber tenido efecto alguno en nuestro país, ante el ansia de emulación

con Barcelona.

Por el contrario, pensando en que Madrid «equilibraba»; se descuidó la promoción de regiones enteras

que, con su personalidad propia y sus grandes posibilidades, hubieran desempeñado ese papel de

contrabalanza que necesita el país. Pero la realidad es que se ha agudizado en estas últimas décadas,, aún

más, la diferencia entre una regiones ricas y en continuo progreso y otras empobrecidas progresivamente

y despobladas.

Andalucía, como han reconocido muchos economistas nacionales y extranjeros, es la gran esperanza de

España, pero no sólo no fue considerada así, sino que ha sido la más castigada por un planteamiento

territorial inexistente, y la carencia total de una idea de cómo debe distribuirse la población en un país,

aprovecharse ,los recursos y repartir las acciones promotoras de riqueza y actividad. Andalucía ha dado el

mayor contingente de emigrantes de toda la nación, ha sido también origen de gran parte de los capitales

y, en lugar de protagonista de estas últimas décadas, fue con--vertida en; víctima principal de; un absoluto

desconocimiento de lo que debe ser un país equilibrado y armonioso. Así se producían hechos

económicos de tanta gravedad como la depreciación del aceite de oliva, del algodón, del azúcar... O

errores como la paralización del ferrocarril Baeza-Utiel, qué intercomunicaba Levante y el Sur, en base a

razonamientos puramente económicos, de consejeros, extranjeros para los que, como es natural, nada

significan una serie de imperativos políticos y sociales, de puro bienestar, que deben preocupar a todos

los españoles. Paralelamente, mientras se escatimaban.-trescientos millones para acabar tal .ferrocarril, se

presupuestaban fácilmente otras partidas.

La situación andaluza es, en estos momentos, angustiosa. Sus condiciones naturales para hacer de ella un

elemento clave, no han servido para evitar el paro, el empobrecimiento, la despoblación. No se ha sabido

promover sus riquezas, ni liberar a sus gentes de unas oligarquías envejecidas y muertas; qué sólo han

servido de pretextó para justificar la inacción o basar el castigo económico, centrado en sus .productos

básicos. El, momento es económicamente criticó, para todos, pero bastaría que, de alguna manera, la

Administración tomara cuenta de que una Andalucía en progreso podría ser la mejor esperanza de

España.

AEMILIUS

 

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