Autor: Garrigues, Antonio. 
   En la muerte de Francisco Franco y la proclamación de Don Juan Carlos como Rey de España     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 50. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 50.

EN LA MUERTE DE FRANCISCO FRANCO Y LA PROCLAMACIÓN DE DON JUAN CARLOS COMO REY DE ESPARA

Por Antonio GARRIGUES

Franco no ha sido un dictador, ha sido un «monarca». Etimológicamente, Monarquía es el gobierno de uno soto. Pero la significación institucional es mucho más profunda que la etimológica. El dictador es un poder único; pero no es más que eso, poder. El Monarca, además del poder poiRico. encarna unos valores que trascienden de la política: valores permanentes, intemporales, altos, profundos, no ajenos al curso de la Historia y el quehacer de cada dia, sino al contrario, acogedores, sensibles a todo ello, pero sirviendo de moderación y de cauce resistente y seguro, para el paso del tiempo y para los cambios en la escena del mundo, una escena que también pasa.

Hay un dicho que reza: «Más una cosa cambia, más vuelve a ser la misma.» Francisco Franco, a lo largo de su larga vida, no ha hecho más que cambiar para poder seguir siendo, hasta su muerte. Idéntico a sí mismo.

Lo difícil no es ver crecer la yerba, una visión que de nada sirve y a nada conduce. Lo difícil es distinguir el grano de la paja, que es cosa de prudencia y de sabiduría. Saber que en cada momento hay una sola cosa que importa, y que a ésta es a la que hay que aferrarse, allojando en las restantes. Esta norma la tuvo siempre presente Franco, fue la norma de su conducta política y humana

Franco, que tuvo tanto poder como quizá no ha tenido nadie en la historia de España, no ha sido nunca prepotente. Escuchaba al interlocutor, a cualquier Interlocutor, con una gran deferencia, y hablaba sencillamente, sin pretensiones y, aunque tenía Ideas • muy fijas y seguras, sin ningún dogmatismo. Ha sido exaltado porque era humilde. Su testamento político, tan patéticamente comunicado a los españoles por Carlos Arias, y tan admirable, lo que es ante,todo y sobre todo, es la expresión de la última voluntad de un hombre humilde.

Solgenitsin, enfermo de cáncer, ha escrito: «Porque hablamos mucho de socialismo y colectivismo, pero cuando llega la hora de morir está uno solo.» Francisco Franco, que ha vivido en olor de multitudes, ha muerto solo, completamente solo. Y él, que habla mandado tanto, ha obedecido como un niño a lo que otros han querido hacer con su cuerpo, sobrellevando con infinita paciencia una lenta, cruelísima, agonía que ha debido de ser su purgatorio en la tierra.

El Rey Don Juan Garios recibe una gran herencia y ha de ser fiel a ella. Fiel a ella no sólo a título de beneficiario o de administrador, sino entendida y aceptada como una responsabilidad y un reto de la Historia para fundar —cimentándola en esa herencia recibida— su propia obra, su propia construcción. No tiene que ser una fidelidad fanática y ciega, es decir,. servil, que es la peor forma de la Infidelidad, sino clarividente y personal, porque solamente el que es fiel a sí mismo puede ser verdaderamente fiel a los demás.

Quiera Dios darle a Franco el descanso eterno y a Don Juan Carlos, como Rey de España, una mente sabia y prudente para que sepa siempre discernir el bien del mal.—A. G.

 

< Volver