Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Una improvisación de perspectivas     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 1,4. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Una improvisación de perspectivas

Por Ricardo DC LA CIERVA

EL hecho, innegable, y apuntado y» caleramente por nn ilustre periodista, de que h desaparición de Franco coincide coa na minino histórico dd Régimen, e meloso coa una auténtica crisis de Régimen, no debe viciar en estos momentos nuestra perspectiva. Tampoco debe llevarnos, por reacción, a fingir otra perspectiva irreal. Nunca ha sido tu delicado na intente de anáfisis; nunca tan necesario.

¿Por croé ha permanecido Francisco Franco casi cuarenta años en el Poder? En una explosión de odio antehistórico, que derriba d« unos plumas»* toda una fachada

construida durante anos, uno de los mas Irreconciliables enemigos de Franco declaró nao» poco que cualquier persona hubiera logrado esa misma permanencia sobre tac ruinas de una guerra civil así. Salo el apasionamiento o el oportunismo de don Santiago Carrillo puede conducirle a semejante abanados, las

razones da la permanencia ion mucho más protunda*, tanto que son histórica*. Las apuntaba con su característica lucidez Dionisio RidrueJo en sus reflexiones del año 1962. «No se puede pono: en duda —decía Ridruejo— que nos guste o nos disguste, «1 Régimen español ha tenido una asistencia social claramente mayoritaria durante muchos años. Pensar otra cosa seria suponer demasiada cobardía o incapacidad a nuestro pueblo.»

Al profundizar en las raices cíe eaa adhesión, Dionisio Ridruejo afirma: "Podría discutirse cual fuera 1a prepoción de los simpatizantes sinceros con una y otra causa en 1936, pero no cabe duda de que en 1939, y aun durante loa años siguientes, Franco y su Régimen tuvieron, por la fuerza de anexión de las causas triunfantes, un crédito de opinión como pocas veces lo ha tenido causa alguna en España.* No hacen falta pruebas para comprender los orígenes de la adhesión a Franco en lo que fue durante casi tres años zona nacional, pero no se ha insistido lo suficiente en que una propaganda republicana equivocada centró sobre Franco en exclusiva todos sus fuegos... que con la victoria se convirtieron ineludiblemente en cimientos para la adhesión psicológica, más aún que política, de Innumerables habitantes de la otra zona, aparte del 30 ó 40 por 100 de franquistas que en ella habían desesperado.

He aquí los orígenes remotos, pero todavia actuantes a distancia, para esa generalizada actitud que Manuel Cantarero llama «franquismo sociológico» y que coincide todavía, a pesar del desgaste histórico del Régimen, como amplias zonas de la derecha tradicional y el centro, lo que Dionisio Ridruejo llamaba, con intuición clara, «el macizo de la raza». Parece que la ultima gran ilusión colectiva, y probablemente mayoritaria, desencadenada por el Régimen fueron las expectativas predemocráticas en torno a la Ley Orgánica del Estado H fines de 1966. Muy pronto se congelaron y se frustraron esas expectativas, pero su resurrección parcial, aunque importante v un tanto incrédula, entre los ecos del discurso de Carlos Arias el 12 de febrero de 1974, demuestra quizá más cosas de las que el propio Régimen ha logrado comprender a lo largo de su triste involución restrictiva del último año.

Por eso yerran quizá quienes identifican al actual, franquismo político —en gran parte frustrado y quizá, dentro de su estrecha versión actual, en vía muerta— con el franquismo sociológico, presto a resurgir si alguien, o mejor algún equipo clarividente de hombres indiscutibles, acierte a dirigirle el «levántate y anda» que esperan seguramente millones de españoles. Estos españoles no se sienten representados por los hombres y los restringidos grupos que encauzan hoy de forma inexorablemente estrecha la congelación del Régimen y la tradición de la derecha española. Quizá tampoco por algunos portavoces más o menos improvisados de lo que ha dado en llamarse «derecha civilizada», que parece buscar respuestas en los alambiques de la política más *que en la consulta abierta a las urnas, y nada sería más grato a este periodista que equivocarse.

Cara a los tiempos que ya están encima, que ya son estos días, convendrá distinguir precisamente entre opinión pública y opinión popular. Sin más base que la observación y la intuición política se diría que en esta circunstancia coinciden una y otra en una exigencia moderada, pero firme, de libertades políticas concretas, en orden a una configuración democrática de la vida española inmediata. Quien proponga al pueblo español ese conjunto de libertades y le facilite la vía concreta, sin mas convulsiones que las precisas, hacia la democracia, será participe esencial del futuro, o mejor, copartícipe, y no dueño del futuro, porque del futuro sólo pretenden adueñarse los totalitarismos. Este es el gran desafío, la grao oportunidad —que puede ser la última— para las capas políticas de la derecha y el centro que aspiren a la permanencia. Y si la experiencia histórica sirve para algo, en España han resultado mucho mas du-

procuradas desde la derecha —Régimen de 1845, Régimen de 1874— que las tumultuosas e idealistas Invitaciones a la libertad desde la Izquierda: Régimen de 1868, Régimen de 1931. ¿Alcanzará España la inmensa suerte histórica de que la nueva etapa de libertad llegue amparada desde la derecha, la izquierda y el centro? ¿Logrará la derecha española anticipar hasta un nuevo abril de 1931 un nuevo noviembre de 1933? ¿Conseguirá la izquierda sobreponerse al revanchismo y a la ingenuidad histórica, y olvidarse de la Imitación servil de experiencias fronterizas que, por tratarse de un país desahuciado y subdesarroüado, resultarían hoy, mirando al pobre Portugal, para el que España debe reservar otros sentimientos, especialmente vergonzantes?

De la respuesta a estas preguntas ño depende solamente el futuro de los españoles —que es lo que realmente Importa—, sino también en gran parte la articulación de una perspectiva histórica- coherente para Francisco Franco y lo mejor de su obra. Persona y obra que ahora algunos —quizá algunos franquistas—se apresurarán a criticar negativamente con el mismo ahinco con que hasta hace quizá unas horas se aferraban al elogio, al silencio de la fruición, y hasta a la complicidad

Ha sido quizá preferible centrar este apunte en´los problemas y los caminos de España más que en desahogos o descripciones personales. Porque la más noble contribución de quienes nos hemos honrado con la colaboración no por crítica y desprendida menos sincera a la obra histórica de Franco puede quizá ser, en esta hora, más que manifestar unos sentimientos personales que nos deben suponer quienes no nos crean malnacidos, hablar, a propósito de la muerte de Franco, sobre la vida de España.

 

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