Autor: Franco Pasqual del Pobil, Nicolás. 
   Una España nueva     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

UNA ESPAÑA NUEVA

Por Nicolás FRANCO PASCUAL DEL POBIL

¿...llevadas a cabo los formalidades del duelo (él Principe) entró en el Senado, y tras un breve exordio «obre la autoridad de lo* senadores y el apoyo unánime de los soldados, reconoció con «tantas consejo» y ejemplos contaba para, asumir con. brillantez el mando; su juventud no te había visto mezclada en guerras civiles ni en discordias domésticas; llegaba* sin odios ni agravio* contra nadie, y sin motivo» ni ánimo de revancha. Después trazó Zas aneas generales del futuro reinado, omitiendo cuidadosamente toda referencia a tema» que pudieran despertar la animosidad y el enconamiento de Un pasado reciente.

Manifestó que no sería el arbitro único de todos los asuntos, evitando asi la encerrona conjunte de acusadores y reos en una misma casa, que pudiera traer como consecuencia el predominio de unos poco».

En torno a él, no habría ningún camino abierto a la venalidad o a. la, intriga,; mantendría separado* su hogar y el Estado. SI Senado conservaría su* antiguas funciones; Italia y las provincias estarían sometida* * te autoridad de los, cónsules, que a su vez ofrecerían acceso« lo* leñadores; y él se ocuparla de los Ejércitos encomendado* a s» «ando.»

(Tácita, «Anales», libro XIII 4.)

Hoy, a veíate eigta» de distancia, ortos patafcna o> Tácito tíenen para nosotros una sorprendente actualidad y una vibración nueva,

Aunque no se repite la Historia, cota» tampoco se repite el mar, lo* grandes momento» tienen un timbre inconfundifate y un perfil d« siglos. Tácito, oon ese estilo suyo concentrado, clásicamente escueto, habría sido un gran maestro de periodismo en nuestros días."

El ciclo infatigable de la primavera 7 el invierno, de 1» vida y la muerte, ha dado un paso más; para España, un paso decisivo. Apretadamente, se han unido recuerdos y emociones, alabanzas, silencios, lágrimas, desahogos. ´Ha sido mucho Franco para. España. Quien no sea español «e muy difícil que lo entienda. Y quien, aún siéndote, haya vivido tejo» estos años, creo que se le escapará en gran parte te sustancia objetiva de los Hechos. El amor es una forma indispensable de conocimiento. Quien no Jo haya tenido, que renuncie para siempre a entender a Franco.

y España sigue, porque no podemos permitir (ahora menos que nunca) que I* paralicen cus recuerdos. La paz completa y definitiva de quiea tantas veces aupo ganarla, debe estimularnos ahora a una renovación entera de la vida: a encontrar nuestro aliento y nuestro pulso, tan alterado últimamente por latir Junto al suyo.

Empezamos de nuevo, y con un nuevo líder: el que lleva en su frente todos los sellos de legitimidad y, sobre todo, la autenticidad de ser un hombre nuevo para esta España nueva. Aunque típicamente representativo, por la institución que encarna, de tantas cosas del pasado, es a la vez un claro ejemplo de asepsia política, de imparcialidad, de no-alineación. £1 mismo constituye ana

siotoete de la Historia de España, d» la del régimen y de las tensiones en que los excesos de una y obra desembocan: una democracia necesaria, deseable, inevitable, inminente.

t A designacion de don Juan Carlos partió de un acto voluntario unipersonal, ocaso máxima desalación 4» un sistema fiel a si mismo hasta el umbral supremo da «us posibilidades. Me recuerda un poco la designacion de Saúl a titulo de Rey, hecha por Samuel, qu* no 10 era. Saul era "todo un buen mozo. No habla hijo de Israel mas alto que él, y a todos tea sacaba 1* «besa," (l Sam.. 9). Y Samuel, "Juez" de Israel (algo así como va superlegislador, de poderes prácticamente absolutos y aceptado por el pueblo «nao bombe* providencial) «e fijo en él, y en él estableció una monarquía hereditaria para cu pueblo.

Requisito indispensable de legitimación es la voluntad del pueblo, pero ésta no ha de faltarle si el le da lo que el pueblo anhela y redan». Una España mejor.

Don Juan Caraos ha sabido desenvolverse con soltura entre consejos privado* y públicos, corresponsal» y mentores espontáneos, y otros que intentaban tirarle de la manga para llevar el agua del futuro a sus respectivos molinos. El sabe que aquí ya no hay molinos ni gigantes, norias de feria ni cangilones de privilegio en exclusiva. Sólo la gran aceña nacional, que aguarda la molienda para el pan de todos los españoles.

En pleno tono surge el milagro de una espiga, nueva; un nacer, en esperanza. Un buen vasallo na abrirse.

Una espera ha cuajado aclama a un buen señor.

T es que en España, de nuevo, empieza a amanecer.

 

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