Autor: Ors, Emilia. 
 Alberto Martín Artajo:. 
 La nueva etapa que comienza deberá caracterizarse por la participación ciudadana en la cosa pública     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Alberto Martín Artajo:

«LA NUEVA ETAPA QUE COMIENZA DEBERÁ

CARACTERIZARSE POR LA PARTICIPACIÓN

CIUDADANA EN LA COSA PUBLICA»

—¿Qué significa para tí país la pérdida de Franco?

—Franco es ya Historia de España, y a nosotros, los españoles de hoy, nos queda no sólo su recuerdo, sino también su obra, que debe perdurar, y de la cual hay que partir.

La muerte de este hombre excepcional que ha gobernado España durante casi cuarenta años, franqueando dificilísimos escollos, significa el fin natural de toda una época que, con Justicia, llevará su nombre. Nos deja un país pujan, te en lo económico, con una sociedad moderna - y desarrollada y unos hábitos de calma ciudadana que hacen de España una nación perfectamente apta para iniciar con aplomo una época nueva.

—Como ministro de Asuntos Exteriores al lado del Generalísimo en aquellos años difíciles, ¿cómo vio usted a Franco?

T—Durante los doce años que serví a sus órdenes, en la cartera de Asuntos Exteriores, fui testigo directo de su dedicación incondicional a la Patria, así como de su lucidez de estratega de la política y de su temple extraordinario, ya proverbial.

Como es sabido, poco después de la guerra mundial, el Régimen español había sido condenado por la O.N.U. y sometido a un injusto bloqueo internacional que duró más de seis años. Pues bien, en aquellas dramáticas circunstancias de asedio exterior y gran penuria interna, jamás el ánimo del Caudillo flaqueó, como tampoco su inpertérrita confianza en que ej futuro le daría la razón.

Puede decirse que los propósitos esenciales de Franco en aquellos años eran fundamentalmente dos: mantener a España en paz y alertar a Occidente contra la creciente amenaza militar de la Rusia estaliniana; la cual, reconocida al fin, más tarde, por las otras potencias, dio origen- a la llamada «guerra fría»...

—¿Cree posible el franquismo sin Franco?

—A mi Juicio, lo que se ha dado en llamar «franquismo» no se concibe sin la persona de Franco. El franquismo no habrá sido. pues, una ideología ni un sistema político, sino una determinada manera de profesar ciertos principios, por lo que derivaría de las características propias de su autor y sería inseparable de su persona. Pero, como ya he dicho, la obra de Franco supone un riquísimo punto de partida, desde el que desarrollar una política nueva que lógicamente no cabrá denominar «franquismo».

Esta nueva etapa deberá caracterizarse por la participación ciudadana en la cosa pública, para lo cual habrá que hacer más efectivo el reconocimiento de ciertos derechos y también despejar cauces y remover trabas y discriminaciones. Sólo mediante la participación política podrá evitarse el monopolio del poder por parte de grupúsculos y oligarquías que se pretendan con derechos especiales a la sucesión del franquismo, pues debe quedar claro que, mal que les pese a dichas minorías, el futuro pertenece a todos.

CATALIZADOR DE LAS CORRIENTES POLÍTICAS

—¿Qué prevé para el futuro inmediato de España? ¿Cree que el futuro Rey puede jugar el papel de catalizador de todas las fuerzas políticas del país?

—En efecto, creo que el Rey deberá tener como función primordial la de catalizar las distintas corrientes y fuerzas políticas. Para lo cual, como titular de un poder moderador, habrá de reunir en torno a sí a todos cuantos tengan ideas y arrestos para construir una España cada vez mejor y cada vez más democrática. ES Rey, que no forma parte ni de los vencedores ni de los vencidos, estará en condiciones de favorecer la integración nacional (con la consecuente clausura definitiva de la guerra civil), asi como la plena incorporación a la marcha histórica de Europa, a la cual, por vocación propia, pertenece.

—Para terminar, ¿qué cambios constitucionales preconizaría usted?

—El tránsito de un régimen de adhesión a otro de participación y el gran objetivo de la integración, ya mencionado; exigen, cuando menos, dos cambios imprescindibles y simultáneos: a) una reforma de las Cortes, que amplíe al máximo la base de representación directa, y b) una nueva regulación de las asociaciones políticas, que habrá de ser bastante más amplia y realista que la actual.

Ambas reformas estimo que son urgentes si de verdad se quiere no incurrir en un inmovilismo cada vez más peligroso y al se aspira además a evitar absurdas aventuras iconoclastas. Nuestra Constitución admite su propia reforma, y además de innecesario, podría resultar sumamente grave tratar de hacer tabla rasa de cuanto existe y lanzarse a un proceso constituyente.

 

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