Autor: Jáuregui, Fernando. 
 Don Joaquín Ruíz-Giménez. 
 El sucesor tendrá que buscar nuevos apoyos     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

Don Joaquín Ruiz-Gimenez:

"EL SUCESOR TENDRÁ QUE BUSCAR NUEVOS APOYOS"

* «El puesto de Franco en la historia de ´España es indiscutible.»

* «Dos fases: Una primera, de liberalización. La segunda, de democratización propiamente dicha.»

* «La oposición se ha ganado el derecho al respeto.»

* «Los protagonismos del Ejército terminan mal.»

* «Hace falta una nueva estructura territorial del Estado.»

* «Areilza, Fraga, Díez-Ailegria, Antonio Garrigues, Castiella, nombres para una terna de presidente del Gobierno.»

DEFINIR a estas alturas la personalidad política de Joaquín Ruiz-Giménez, evocar de nuevo su biografía, sin duda impar en la época del franquismo, puede resultar algo Inútil. Ningún ex ministro de Franco se situó nunca en una oposición a su Régimen semejante a la de Joaquín Ruiz-Giménez, máximo representante en España hoy de una corriente de la izquierda demócrata-cristiana. Se podrá o no estar de acuerdo con él, pero incluso sus adversarios reconocen su honestidad y lealtad Una lealtad que recientemente le llevó a visitar a Franco durante la larga enfermedad de éste. Una lealtad que se sitúa por encima de cualquier tipo de demagogia política.

Porque Ruiz-Giménez lo podía haber sido casi todo de haber seguido dentro. Pero su carrera ministerial terminó con una «explosión cultural», en la que también se vieron envueltos Laín y el fallecido Dionisio Ridruejo, otro desengañado del sistema. Ahora es abogado de causas nobles y notorias, nacionales e internacionales. Es un hombre muy ocupado. Así, cuando el obispo de Corla le ha llamado a su despacho —«que no me molesten en una hora»—, pero para el obispo sí está, querrá algo de la fundación, y mira su agenda, el 15, en Roma, reunión internacional de la D.C., la semana próxima París.

Tiene el hablar suave, las maneras comedidas de un ex embajador ante la Santa Sede. Honestidad hasta en las manos, dijo uno de sus entrevistadores. Alguien acaba —¿descuido?, ¿intencionadamente?— de tergiversar unas declaraciones suyas con motivo de la muerte de Franco. Por razones de congruencia política no ha estado en el Palacio de Oriente entre los ex ministros, aunque sí entre el público, haciendo cola.

Es fácil hablar con él. No rehuye ningún tema, aunque los aprovecha casi todos para exponer un ideario. Ha sido una entrevista coyuntura!, sobre la marcha, mirando al futuro.

—¿Guarda buen recuerdo de Franco?

—Repito lo aue ya he dicho no solamente una, sino varias veces. Tengo un recuerdo de él profundamente humano. Fue comprensivo para mí, me dejó actuar con libertad de conciencia en él Ministerio. Cuando creyó, o le hicieron creer, que aquella política entrañaba peligros, ríe separó del cargo de acuerdo conmigo mismo y después —no mucho tiempo después— me dejo en plena libertad para que hiciera lo que estimase oportuno, y lo hice; es decir, salir del Sistema y pasar a una actitud de oposición serena, respetuosa, pero clara y firme. Su puesto en la Historia de España es indiscutible; será la Historia, o mejor, será el pueblo en los años que vienen, quien juzgará lo que ha habido de positivo y lo que hubo también de deficiente en la política española de estos treinta y ocho años. Mi actitud es no ya meramente de respeto, sino de afecto personal, de gratitud. Pido que tenga la paz, una paz que él deseó para España.

—¿Cree que la Monarquía podrá evolucionar hacia una de tipo parlamentario europeo?

—Yo no sé si podrá, y aunque parezca paradójico diré que tiene que poder, es decir, que es una necesidad histórica. España tiene que ir hacia la democracia, tiene que ir por razones de muy diversa índole. Ante todo, por razones morales, profundas; los españoles tienen derecho, derecho estricto, dimanante de su propia condición humana, a participar en la vida política y a que esa participación se haga ampliamente, sin discriminaciones. Pero creo que también hay razones pragmáticas, razones de técnica política. Una cosa es el respeto o la tolerancia o, si se quiere, simplemente la aceptación forzosa por parte de según cuáles sean los sectores del pueblo español que hayan estado en unas u otras de esas actitudes hacia el Régimen que ha presidido durante treinta y ocho años el Generalísimo Franco, y otra cosa es la actitud que el pueblo español adopte respecto a un nuevo régimen, a una nueva situación histórica. Aquello era de carácter coyuntural, fruto de una guerra civil y estaba ligado a la vida física de un hombre, el general Franco. Desaparecido él, no tendrá, quien le sustituya en el puesto supremo de la Magistratura del Estado, los mismos factores a su favor que él tuvo. Por consiguiente, el sucesor tendrá que buscar nuevos apoyos y esos nuevos apoyos, en un país como España, situado en Europa, no pueden ser más que los apoyos del pueblo. Más de una vez he dicho que las legitimidades de origen histórico ya no sirven. Hace falta una legitimidad realizada a través de la voluntad del pueblo y una legitimidad de ejercicio, las dos cosas; una legitimidad de origen popular, no meramente de origen dinástico, y una legitimidad de ejercicio que se llama reconocimiento y garantía de todos los derechos humanos y de todas las libertades fundamentales, especificados en loa textos de los organismos internacionales a los que España pertenece.

—Caso de que realmente se cumplan unas ciertas premisas democráticas o de democratización, ¿cree que una cierta oposición estaría dispuesta a colaborar con el Príncipe?

—A mi. me parece que quienes integran lo que hoy llamaríamos la oposición democrática homologada en Europa, han expresado bien claramente que su exigencia es de apertura de un proceso constituyente, es decir, de cambio, y cambio muy profundo, de las Leyes Fundamentales. Pero también esa oposición democrática tiene sentido común, tiene sentido de la realidad histórica y comprende que eso no se puede lograr de un solo golpe; yo creo que hay que distinguir dos fases: lo que yo llamaría una primera fase de humanización, si se quiere de liberalización del Régimen actualmente vigente, y una segunda fase, que sería la apertura propiamente de un proceso democrático. En la primera están aquellas exigencias mínimas que serian exigibles simplemente para constituir un Estado de Derecho, es decir, una reconciliación de todos los españoles a través de una amnistía para los delitos de intencionalidad política y. de un Indulto para los demás; una abolición o derogación de las leyes de tipo gubernativo de índole excepcional, especialmente el llamado decreto-ley de prevención del terrorismo; unas instrucciones o Incluso unos nuevos decretos que desarrollen las leyes ordinarias, >tu« regulan en este instante el ejercicio de los derechos humanos fundamentales, especialmente el de la libertad de expresión, y, sobre todo, el derecho de reunión, tremendamente restringido, y el derecho .de asociación. Me parece que esas medidas que llamaríamos simplemente de flexlbilización del sistema o de humanización del régimen político, serían síntomas, jalones de apertura de una auténtica vía hacia la democratización. La segunda lase seda la democratización propiamente dicha, y en ella creo honradamente que no se puede avanzar «i no se emprende o se realinaza apertura de un período constituyente,

El, GOBIERNO DEL REY

—¿Qué función política atribuiría usted a la denominada oposicion democrática?

—Yo diría que la oposición democrática seguirá estando en te oposición, pero creo n\je de esto deben alegrarse enormemente el futuro Rey y el futuro Gobierno. ¿Por qué? Porque no hay régimen político que -de verdad pueda llamarse democrático si no existe oposición; es decir, el que no exista una oposición es una falsificación histórica. La oposición es uaa realidad en el país. Me parece que es mucho mejor que la oposición siga, siendo una oposición, sólo que una oposición legalizada; lo que nosotros pedimos en esta primera fase de humanización es que «e legalice a toda la oposición, sin distingos, sin discriminaciones.

Se habla mucho de la serenidad del pueblo español, pero me pregunto «1 no habría que decir primeramente que lo que ha habido es una gran serenidad por parte de los dirigentes de las diferentes corrientes políticas que se mueven dentro de la sociedad española. Pues bien, creo que la oposición se ha ganado el derecho al respeto y * la legalización. Otra cosa es que, legalizada la oposición, se mantenga»

«n una actitud crítica, se mantenga- en una actitud incitante, se mantenga incluso en una actitud de movilización popular pacífica. I* oposición democrática ha insistido en la exclusión de los medios violentos, es decir, en la utilización de medios pacíficos. Hay que dar un crédito de confianza a la oposición, se pide a la oposición que dé un crédito de confianza al nuevo Poder, pues que esto sea recíproco; que los créditos de confianza sean recíprocos. Lo que no puede hacer la oposición es dar un crédito de confianza al Poder sí el Poder mantiene a esa oposición represivamente en la penumbra, en la clandestinidad; cuándo esa. oposición, pueda ser leal, entonces es muy posible que manteniéndose unos y otros, cada uno en su puesto, él Poder gobernando y la oposición criticando y estimulando, de verdad empiece a ser auténticamente democrática la vida española: hasta entonces, no.

—¿Formaría usted parte del primer Gobierno del Rey, si éste ge Jo pidiese? ¿En qué supuestos aceptaría usted formar parte de este Gobierno?

—Creo que la hipótesis que se me señala es una hipótesis, hoy por hoy, imposible. Por muy buena voluntad que tuviese el Rey, tiene (fue contar con los condicionamientos inevitables en todo ejercicio del poder político. El Rey no puede pensar ni imaginar que hombres que están en la oposición democrática accedan a una colaboración dentro de órganos del Poder ejecutivo, porque, aunque él tuviera este deseo, se lo harían prácticamente imposible otros sectores del país que no quieren saber nada de la oposición.

Pero no estar en el Gobierno en este instante no tiene importancia ninguna; al contrario, yo creo que desde fuera, desde la oposición, como antes he dicho, se puede ejercer una labor en servido de España, en servicio del pueblo español, que es lo que le debe importar al Rey.

PLURALISMO

—¿Qué papel cree usted que va a jugar el Ejército en este período de transición?

—Muy importante. Yo oreo que cada vez mas el Ejército en España tiene una función de arbitraje, no de protagonista. Los protagonismos, sean del modelo griego de Papadopoulos, sean incluso —no me duelen prendas— del modelo portugués, terminan mal. El Ejército en España, a través de sus altos jefes, ha dicho muchas veces que no quiere estar en una actitud política sectaria. Comprendemos todos la actitud ti e respeto, de lealtad, de fidelidad, que el Ejército ha tenido para con el Generalísimo Franco. Pero eso ha sido una etapa histórica muy específica que ha cumplido; el Ejército, ahora fundamentalmente, tiene que estar al servicio del pueblo y al servicio del Bey, Jefe del Estado, en la medida en que el Bey sea el primer servidor de su pueblo. Si el -Ejército adopta esa actitud —yo creo sinceramente que la va a adoptar—, el Ejército puede tener una función enormemente importante en la tarea dé reconciliar n todos los españoles.

La misión de! Ejército será evitar que los extremismos de la derecha y de la izquierda —si usted quiere, de la izquierda y de la derecha, monta tanto, tanto monta— se produzcan o, si ae producen, que sean humanamente juzgados y evitados. El Ejército no debe ser quien juzgue esos extremismos; lo que tiene que hacer es poner su fuerza al servicio de las instituciones del Estado que hayan de juzgar esos extremismos, y si todos los ciudadanos se ven, al fin, respaldados en sus derechos y en sus libertades, el gesto puede ser un punto de referencia para una sensación de auténtica paz. El Ejército, si apoya al Príncipe y permite que el Rey, el Príncipe, el Jefe del Estado, realice esta labor de abrir caminos de participación para todos los ciudadanos, de reconocer derechos que -son inherentes a la condición humana, de hacer posible la superación de enfrentamientos de decenios; si el Ejército realiza eso, creo que habrá prestado el mayor servicio al pueblo español.

—¿Cree qne ha llegado o podrá llegar (y con esto enlazamos con airona pregunta anterior), en un corto plazo, la posibilidad de integración de la oposición en un juego plural y auténticamente democrático?

—Si la oposición es legalizada, es decir, el no se deja fuera a sectores de españoles dispuestos a ser pacíficos, estoy convencido que la actitud de la oposición sera crecientemente constructiva, crecientemente dialogante.

—Para usted, ¿Monarquía, República o accidentalismo?

—Yo diría que accidentalismo, si se entiende la palabra. A mí me parece que en cada situación histórica puede ser preferible una forma de Gobierno sobre otra: entonces, no sería tanto un accidentalismo hablando en términos absolutos, lo cual no dejaría de ser.

además, paradójico. Quiero decir que no es un problema teórico del accidentalismo o no de las formas de Gobierno. Creo que toda forma de Gobierno responde a una situación histórica concreta, socioeconómico y socio-cultural; tal vez en España, en este momento, por razones obvias pueda aceptarse la forma de Gobierno monárquica, la que está en las leyes y la que puede tal vez suscitar menos dificultades y menos problemas para muchas fuerzas reales del pais y para un sector importante de lo que ha sido hasta ahora el sistema o el Régimen político. Yo diría que» sin embargo, quien encarne esa forma tiene que tener en cuenta tres cosas a mi juicio muy importantes: la primera, que no hay, para ninguna forma de Gobierno, a finales del siglo XX más que una fuente posible de legitimación, que es la legitimación de la voluntad popular. En segando Jugar, .hay que tener en. cuenta que son muchas ya los años que el pueblo español ha vivido lejos de una forma tradícionalmente monárquica, es decir, de ana forma específicamente monárquica, para que se entusiasme por ella. Yo crea que, tanto dentro de sectores del sistema como de sectores de la oposición, hay amplias corrientes republicanas, no digamos doctrinal o dogmáticamente republicanas, pero si que prefieren la forma republicana más que la forma monárquica; entonces, quien sea titular del Poder supremo bajo forma monárquica, tendrá que hacer que la Monarquía sea Monarquía de todos los españoles, como si se tratara de un Presidente de la República, tendría que nacer, que la República no fuera sectaria, sino República para todos los ciudadanos de los distintos pueblos de España. En tercer lugar, creo que es muy importante, desdé el primer instante, que al hablar de democratización del país, no podemos referirnos sólo a una, democratización superficial o de estructuras formales. Esas son Importantes, es importante el reconocimiento de todas la* libertades cívicas que llamaríamos clásicas, pero ese sería Insuficiente. En nuestra Patria, en nuestro país, hacen falta cambios estructurales más profundos: por de pronto, hace falta una nueva estructura del Estado, a nivel de su territorio, es decir, hace falta abordar con una solución política, inteligente, decidida, el tema de las comunidades regionales, que han tenido ya una amplia personalidad histórica. Me refiero concretamente, para no eludir ningún nombre, al País Vasco, a Cataluña, a Galicia, a Valencia, todo eso que es la periferia de una España rica y diversa. A nuestro entender,´lo hemos dicho muchas veces, hay que excluir todo separatismo, ciertamente, pero hay que buscar una forma en que esos pueblos se sientan ligados en un destino de verdad universal, y esto se puede conseguir a través de una estructura federativa; a mí no me importa decir claramente en una estructura federal del Estado, porque, incluso etimológicamente, federar es unir y no separar

LA D. C.

—¿Cree usted posible una reuní-ficación de todas las ramas de la democracia cristiana existentes en España?

—En la práctica, eso ya está conseguido a nivel de los que aceptan un´ auténtico programa democrático.

En este momento los cinco sectores, tres periféricos y dos a nivel general del Estado, cinco sectores reales, que en Europa serian considerados como fuerzas moderadas de centro o a lo más de centro izquierda, estos cinco sectores en España .están profundamente conjuntados hoy. Ese equipo no quiere ni aspira a ningún tipo de monopolio, lo único que pide es que los que pretendan en el futuro llamarse demócrata» cristianos, sean fieles al sustantivo y so sólo al adjetivo, es decir, ellos pueden suprimir el adjetivo de cristiano, porque hoy, después de la dinámica del Concilio, no es necesario conservarlo y ninguno de los cinco grupos que integran hoy ai equipo español de la democracia cristiana europea conservan el adjetivo de cristiano, lo llevan en sus almas, que es mucho más importante, en la inspiración de sus acciones, pero no en etiquetas. Lo importante no es conservar, repito, la etiqueta de cristiano, lo importante es el sustantivo democrático.

LOS NOMBRES POSIBLES

—¿Me quiere usted decir su terna?

—Mi terna para presidente de Gobierno... Yo diría, con respeto absoluto para cualquier otro nombre, qne en esa terna estarían, don José María Areilza, don Manuel Fraga Iribarne, don Manuel Díez-Alegria,,, don Antonio Garrigues Diaz-Cañabate, Don Fernando María Castiella. Doy unos cuantos nombres de los que considero postbles en este tostante, lo cual no quiere decir tjue trente á ellos no siguiéramos estando en oposición, pero en inta oposición cada vez más comprensiva -v más ´dialogante.

Para la Presidencia de las Cortes, cualquiera de esos nombres, porque en el fondo serian Intercambiables, pero añadiría algunos más que sean procuradores: Aon Pio Cabanillas, don Marcelino Oreja», don Manuel Cantarero del Castillo... Me parece que son nombres posibles si se quiere inaugurar una etapa nueva. Otra cosa es el afecto personal que yo tenga respecto a otros nombres, entre ellos don Alejandro Rodríguez de Valcárcel: su hermano fue uno de mis colaboradores más entrañables y yo he tenido por él siempre respeto y cariño. Don Torcuato Fernández Miranda estuvo también conmigo en tareas políticas en su momento.

Conozco su valía, pero me parece que ellos ya representan una etapa que tendrá unos hombres que jugarán en la política del futuro, desde luego jugarán la politica del futuro, pero que no serían, a mi entender, los hombres que darían al nuevo Jefe del Estado español, al Rey de España. la imagen del democratizador, del reconciliador y del democratizador, que debiera desempeñar históricamente.

La democratización política exige una democratización económica y una democratización social, sólo asi hay una auténtica democratización humana. Me parece que esos son objetivos insoslayables para la Monarquía, si es Monarquía, o para la República, o para cualquier forma de Gobierno que pudera Inventarse en el futuro de nuestro país.

Fernando JAUREGUI

La forma de Gobierno es accidental

Desde la oposición se puede servir a España

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