Informaciones. 
 Ante el Príncipe y la Monarquía     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

INFORMACIONES

ANTE EL PRINCIPE Y LA MONARQUÍA LOS PRINCIPES, EN U. S. A.: SEGURIDAD,

OPTIMISMO Y ESPERANZA

«El Principe lia dejado bien claro que tiene fe en sus capacidades para empujar a España por el camino del progreso en que está encauzada, que está y estará muy por encima de las facciones políticas, que será el arbitro de la situación, que aquéllas Jugarán en el Gobierno del primer ministro, que él, como futuro Jefe del Estado en calidad de Rey, acepta sobre sus hombros la tarea de «dar» la imagen exterior del país» de conectarlo a su alto nivel con las demás naciones, y que la Constitución y las instituciones son para él el sendero del desarrollo político, de la apertura y de la continuidad.

Ese es el Horizonte del país y en él se observa con toda nitidez la sucesión sin traumas, la llamada a la cooperación de las distintas opiniones políticas y la instrumentalización a las Leyes Fundamentales.

El periplo estadounidense del Principe es una sólida pie dra sobre la que podemos edificar desde ya la seguridad, la esperanza y el optimismo.»

(30-1-1971.)

DOS AÑOS DEL PRINCIPE

«En estos dos anos, 10 que verdaderamente se na cumplido es la insercion plena de la figura del Principe «D la vida de la nación a través de su presencia en numerosos actos oficiales y de sus viajes por toda la geografía del país, se na cumplido también la consolidación del Principe como hombre de Estado que "ya" se encuentra al servicio del Estado, .como lo evidencian sus viajes de alto bordo político a Francia (nuestro engarce natural con Europa) y a Estados Unidos (nuestra más directa conexión con el bloque occidental).»

(24-7-1971.)

LA PRESENCIA DEL PRINCIPE

«En ios últimos doce meses de actividad del Principe de España podemos recordar sus tres viajes oficiales al exterior —Persépolis, Japón y Etiopia—, en los que ostentó brillantemente la representación del Jefe del Estado español. Por su trascendencia interna, mayor atención nos merecen sus desplazamientos a provincias, su contacto directo con los problemas del país y el refrendo popular que su figura fue acaparando. En Santander, en Vizcaya, en Almadén, en Malaga, el Príncipe recabó una adhesión general que no puede menos de resultar confortante de cara a las previsiones sucesorias.

Tanto en sus viajes como en las audiencias o comparecencias públicas, las palabras del Príncipe han respondido a las normas de la exposición de unos intereses comunes. El Principe habla siempre desde una plataforma de acuerdo nacional que nada ni a nadie excluye. Sus palabras inciden siempre sobre aquello que une a todos los españoles sin distinción. Es un dato más que subraya su papel de estadista, de futuro Rey de todos ios españóles, ajeno a ios vaivenes dt la política contingente. En este tercer aniversario ni DO demos hablar oe ´esperanzas" en torno al Principe, ni propiamente de "realidades" concretas; nos vemos obligados con harta satisfacción a dar fe de su presencia activa en la marcha del Estado hacia un futuro institucional plenamente despejado de incógnitas.»

(22-7-1972.)

LA REALIDAD DEL PRINCIPE

«Cuando dice el Principe —y gusta de repetirlo • en privado— que no será dique, sino cauce para las legítimas aspiraciones de su pueblo, no hace retorica política. Con una discreción y un tacto personal que no pueden ano ra elogiarse banal y apresuradamente, lleva don Juan Carlos cuatro años —ayer cumplidos— atareado como Principe de España y tos españoles, estudiando, escuchando, preguntando, recorriendo el país pueblo a pueblo o representando ai Jefe del Estado en delicadas misiones en el exterior (Francia, Estados Unidos. Alemania Federal, etc.).

En este cuarto aniversario de la proclamación de don Juan Carlos como Principe de España es to que queremos resaltar. No nos enfrentamos a una figura «de recambio», sino a un estadista, investido de comprobadas dotes política» y personales, provisto -de luz propia e izado a una peana constitucional labrada, ley a ley, por quien ha reconstruido el país y le ha sabido dar el más largo periodo de paz y bienestar de nuestra historia contemporánea.»

(23-7-1873.1

LA DOBLE LEGITIMIDAD DE DON JUAN CARLOS

«Don Juan Carlos conjuga legitimidades jurídicas con legitimidades históricas, y a ellas ha de añadirse, para no faltar a la verdad, una cotidiana legitimidad de ejercicio —lección de prudencia de estadista— como Príncipe de España. ¥ recurrir al tópico de monarquías periclitadas «n Occidente, de monarquías intrigantes y cortesanas, es, como dijo el presidente ante las Cortes, fabricarse el ene migo a la medida. NI por ley constitucional, ni por talante personal, don Juan Carlos podría ser cabeza de otra cosa que lo establecido por quien podía y de lo requerido por el país: una Monarquía moderna, dinámica y en la que el Bey. lejos de ser figura desfasada de oropel, ostenta definidas competencias de estadista, como garante constitucional de un Estado representativo, evolucionista y de Derecho.

Si de algo no dudamos es de la realidad, la presencia y las dotes de un Príncipe prudente. Si en algo hemos de colocar nuestras más caras esperanzas a largo plazo es en la cabeza de esa «monarquía moderadora», equilibrio de la vida nacional, poseedora de legitimidades y convocadora de voluntades que encarna don Juan Carlos de Borbón. Esta es la más alta cota de miras del Gobierno recién comprometido ante la Cámara de la nación. Un futuro politicamente apacible en el que una "autoritas" carismática e irrepetible trasmuta sus poderes a una suma de legitimidades históricas, dinásticas, ejecutivas y jurídicas, que recogen irrenunciables aspiraciones de concordia política, paz social y progreso económico de 34 millones de españoles que con su trabajo y madurez personales se han ganado la estabilidad y la tranquilidad perdurables.»

(14-2-1974.)

ÉL PRINCIPE, PRENDA DE TRANQUILIDAD

«Los poderes del Principe, fuera de los que le confieren las leyes, son a un» tiempo máximos y mínimos.

Mínimos porque ha huido deliberadamente de la camarilla y la pomposidad. Máximos en tanto en cuanto ha buscado el contacto personal con su pueblo, buscándolo en sus viajes por el interior o recibiéndolo en su casa de La Zarzuela. Va hemos escrito en estas columnas la sorpresa que para muchos implicaría el repaso de las firmas del libro de audiencias de LA Zarzuela.

Hubiera sido esta -sus cuíco años como Principe de España— una mera ocasión de recuerdo y congratula clon por el demostrado acierto de Franco en la elección de su sucesor. La lamentable contingencia de la enfermedad del Jefe del Estado obliga a virar el giro del comentario hacia las anteriores urgencias que no son letra pequeña en la vida de un Estado. A todos nos conforta la suavidad con que ruedan los mecanismos de la constitución. Nuestra seguridad reside en la serenidad de Franco y del Príncipe. Esto es todo lo que ahora cabe constatar en este aniversario. La única sombra de preocupación, a nivel humano, se dirige hacia la planta F de un hospital madrileño, en la que convergen los mejores votos de uña nación conmovida, agradecida y confiada.»

(22-7-1974.)

EL PRINCIPE K EUROPA

«Los "nueve" han ~ mostrado Inequívocos deseos de admitir a España en el M.C.E. cuando sean superadas las dificultades políticas. Lo Importante a destacar ahora es que aquel deseo político se haya expresado por intermedio del Presidente francés a don Juan Carlos de Borbón. Claramente se observa la voluntad europea de apoyar un proceso d e democratización en España y el reconocimiento de don Juan Carlos como sucesor, llamado a presidir institucionalmente una evolución pacífica, ordenada y democrática que haga de España, en el terreno exterior, participe de la construcción de una Europa democrática.» (26-2-1975.

DISCRECIÓN EJEMPLAR

«El país tiene al Principe por un estadista competente —y ya ampliamente probado en tareas de Estado— y por un futuro Rey que gozará tanto del consenso interior como del crédito internacional, ítem más: seria ingenuo soslayar el que una complicada serie de ecuaciones políticas sólo podrá despejarse tras la coronación de don Juan Carlos. Con respecto a la oportunidad o inoportunidad de una coronación a corto plazo, algunos medios políticos han puesto en circulación la tesis de que el cúmulo de problemas c e r nidos sobre el país no es la mejor circunstancia para que un Rey comience su andadura. ¿Es una tesis que se aproxima a la desconfianza en la institución monárquica y que no hace justicia a loa servicios del Principe en estos seis años? No es realista proceder a esperar hasta que el futuro Rey tenga por delante un camino de rosas, exento del menor problema, porque jamás será así. Por el contrario, el tiempo de problemas es el que necesita la Monarquía encarnada.»

«En este sexto aniversario de la proclamación —tras la propuesta de Franco— por las Cortes del Principe de España, se nos antoja que lo destacable es el sacrificado y duro papel desempeñado poz don Juan Carlos en los últimos años. Ha rendido al Estado importantes servicios —no todos conocidos— y te ha desenvuelto con exquisita discreción y ejemplar lealtad para con las instituciones y para con el Jefe del Estado. Ha demostrado en todo momento lo que en un principio apuntábamos, que no es una esperanza de futuro, sino una presencia real en la vida del Estado. Ahora es el momento de constatar algo que se palpa en la calle y en las aspiraciones de la sociedad española, que esa realidad del Principe sea cada vez mas operativa, que tenga mayor virtualidad.»

(22-7-1975.)

72 de noviembre de 1975

INFORMACIONES POLITICAS 13

 

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