Autor: Sánchez Martínez, Alfonso. 
   La zona del silencio     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MI COLUMNA

Por Alfonso SÁNCHEZ

La zona de silencio

UN amplio espacio en torno al Palacio Real ha sido declarado «zona de silencio». Lo cubren miles de españoles con espontánea disciplina. Durante toda la jornada del viernes, las colas» serpentean a lo largo de varios kilómetros. A media tarde, sus cabos se inician en la calle de Alcalá, en la Puerta del Sol, en la estación del Norte. Confluyen en el Salón de Columnas para rendir el último saludo a FRANCISCO FRANCO. Avanzan al ritmo lento y ordenado de la pavana. Los que se ponen a la espera tardarán cinco o seis horas en llegar. En las cintas de muchas coronas campea la dedicatoria: «A 6. E. el Jefe del Estado.» Es FRANCO, el hombre que acaba de entrar en la Historia.

Hasta ei jueves, las funciones de Jefe del Estado eran asumidas por don JUAN CARLOS DE BORBON, Príncipe de España. En este viernes las cumple el Consejo de Regencia Sus tres miembros —ALEJANDRO RODRÍGUEZ DE VALCARCEL, el arzobispo PEDRO CANTERO y el teniente general SALAS LARRAZABAL— han consumido el primer turno de vela ante los restos mortales de FRANCO. Después se retiran para preparar la proclamación de don Juan Carlos como Rey de España. En su camino del Palacio Real al de las Cortes recorren un itinerario de banderas a media asta. El sábado, España tendrá un Rey. Con el Monarca, su heredero: el Principe don FELIPE. El sistema funciona ajustado a las previsiones. Lo comprobaremos ei sábado al mediodía.

Entre ei jueves y el sábado, se halla este viernes 21 de noviembre. En el Palacio Real FRANCISCO FRANCO en la eternidad de su silencio. En el de la Zarzuela, don Juan Carlos medita en silencio sobre la inmensa tarea que le aguarda. Descendiente en línea directa de LUIS XIV y de la Reina VICTORIA, el sábado ceñirá la Corona real que un día de 1931 dejara su abuelo don ALFONSO XIII al soplo de un vendaval incontrolado. En esta jornada del viernes hay por la ancha geografía de España muchas «zonas de silencio». En cada una se medita.

En el silencio, los de mi generación descolgamos de la memoria el «flash-back» de otras históricas jornadas de transición vividas. El 14 de abril de 1931, yo era estudiante. Asistí atónito a cuanto sucedía con precipitación. No hago Historia, sino mi pequeña crónica. Una Puerta del Sol tomada al abordaje con Jolgorio, gritos estridentes y furia incontenida. En La Granja El Henar, cita de intelectuales y políticos, el Júbilo agresivo de loe que ya se aupaban a una Subsecretaría y de los que tocaban la ambicionada libertad. En la esquina de mi calle, apoyado en un farol, un borracho daba un golpe en el hombro al transeúnte que alcanzaba en su balanceo:

—Oiga, admito controversia.

La República nacía entre Ilusiones. Pocas semanas después, desde la calle de San Bernardo, camino de 5a Universidad, veíamos los rojos resplandores del incendio. Comenzaban a arder los conventos. El jolgorio de la transición quedaba atrás, eos su engañoso disimulo de tragedia día á día generada. Cinco años de drama.

El 18 de julio de 1936, otra histórica lecha de ruptura, me sonó en un pueblecito murciano. Con mi flamante título de abogado en e\ bolsillo, me entregaba al deporte favorito de la época: preparaba unas oposiciones. Era amable el estudio en la paz de una barraca junto a la acequia de la huerta. ¡Bendición de Dios es una huerta! Al subir al pueblo, la agitación y la alarma. Y un grito, para mí Insólito, de «¿quién va?», seguido de un «¡ah, eres tú!». Pronto comprenderla. Comenzaba una dura guerra. El nuevo Régimen se ponía en marcha tras largos años de combate. MANUEL AZARA, Presidenta de la República, el intelectual que tanta* ilusiones había defraudado, ya llevaba tiempo antes en el exilio, entregado a la amarga reflexión de sus errores.

FRANCISCO FRANCO capeó difíciles temporales. Su primer gran logro, el que le reconocen basta su» enemigos, fue mantener la paz en España, mientras el mundo guerreaba. Luego, un torpe cerco extranjero.

Que no calculó la capacidad de reacción del orgullo de loa españoles. Asi, bajo su capitanía, tomó velocidad de crucero el Régimen por él instaurado. Años en los que cada cual debía resolver sus problemas y entre todos Intentar la solución de los comunes. Los españoles se olvidaban de la política. La paz social tiene un alto precio, pero da sus frutos. Los años avanzaban inexorables. Y un día, los españoles cesaron de olvidar, para preguntarse:

—¿Qué sucederá cuando FRANCO muera?

El nombramiento de sucesor en la persona de don Juan Carlos fue suspiro de alivio, Incluso para los perdedores. Todos unidos en el miaño temor: el fantasma de otra guerra civil. Era 1969. Resurgía a veces la zozobra del qué sucederá, pero ese día se situaba en un almanaque lejano. Ya ha llegado: ayer, viernes 21.

Es la tercera vez que un día asi se nos presenta a los de mi generación. Por eso nos impresionaba el silencio, el mutuo respeto, el bien orquestado orden que se manifestaba ayer. FRANCO ha cumplido su servicio. Toma el relevo un hombre joven, nacido cuando se agotaba la pólvora de la guerra. Otros españoles nacieron por entonces. Hoy son mayoría en la población activa. España también es distinta a la de las otras dos ocasiones. Figura entre las diez primeras potencias Industriales del mundo, un nivel de vida elevado, unas generaciones Jóvenes bien preparadas, a las que falta por probar su madurez política.

Ya es bastante, por ahora, cen que tengan talento.

Eso ya es cosa de mañana. H viernes 21, los de mi generación vivíamos por tercera vez un dia decisivo. ¡Qué contraste su paz, «u remanso d* pasiones, con las anteriores!

 

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