Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
   La España de Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón     
 
 Informaciones.    22/11/1975.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NOTA INTERNACIONAL

La España de Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

BRUSELAS, 22. (INFORMACIONES.)—¿España entre las monarquías constitucionales de Europa? Los europeos formulan la interrogante con la mirada fija en la Península Ibérica, afanosos de que las fronteras del oeste libre del viejo mundo abarquen a las dos naciones qué la integran.

España suscita cu los medios responsables de la Europa en proceso de integración interés e inquietud a la vez. Lo que ocurre de ahora en adelante al sur de los Pirineos, se piensa en esos centros, no será extraño para la gran empresa. No dejará de repercutir en el volumen que, en definitiva, adquiera la obra ni en el ritmo de las etapas y de los vencimientos sucesivos.

Se atribuye al Rey Juan Carlos la voluntad iy acaso también el poder necesario para llevarla a cabo) de asegurar el paso de su nación, desde una etapa histórica cuya última página se ha doblado, hacia un futuro de signo inequívocamente europeo.

Para estimular las que se tienen por inequívocas inclinaciones del soberano español —y para ayudarle a realizarlas—, el Presidente de Francia, señor Giscard d´Estaing, y el de la República Federal Alemana, señor Walter Scheel, se hallarán en Madrid la semana próxima y figurarán en la primera línea de personalidades extranjeras que asistan a la unción del nuevo Jefe del Estado. La llegada, anoche, del vicepresidente Rocke-feller a la capital española, aunque no tenga exactamente el mismo signo, puede (acuitar también Uta primeras opciones de! monarca.

Los círculos que observan la evolución interna de España no ignoran los obstáculos que el Rey habrá de sortear para que el país se instale con solidez en el lugar al que en la Europa de mañana tiene pleno derecho y al que. sin duda de ninguna índole, los demás europeos desean facilitar el acceso a los españoles.

Los analistas europeos del curso de los asuntos españoles subrayan que el reinado «efectivo» de don Juan Carlos comenzará, en realidad, el viernes. Las primeras jornadas del joven monarca —salvo si el homenaje de los españoles al hombre de Estado desaparecido no se utiliza por los inmovilistas como arma política— transenrrirán con arreglo a un programa que no va a dar lugar a trastornos. El pueblo español está manifestando un alto grado de sangre fría

Va a ser a la hora de tomar decisiones cuando don Juan Carlos se enfrentará con la verdad y con las realidades. Dos decisiones marcarán los primeros pasos de su reinado, se pone de relieve en los cenáculos diplomáticos de Europa del Oeste. La designación del presidente de las Cortes y el eventual nombramiento de un jefe de Gobierno distinto del actual. O el mantenimiento en sus funciones de un Carlos Arias Navarro que renueve sus intenciones de «apertura» iniciadas en febrero de 1974 —ratificadas en las conversaciones «privadas» que en Helsinki celebró, en julio pasado, con varios Jefes de Estado del occidente— y detenidos después de manera brusca con actos como la destitución de don Pío Cabanillas como ministro de Información y Turismo.

El corresponsal en Madrid de «La Libre Belgique» termina la crónica que aparece esta mañana en la primera página del gran diario matutino bruselense con el siguiente párrafo: «El tenor del mensaje que el nuevo Rey dirija al país permitirá tal vez adivinar sus intenciones. El protocolo fijado para la ceremonia del juramento es, en todo caso, significativo. Prescribe el indumento de frac con corbata negra o el uniforme exclusivamente militar. El de la Falange quedará, pues, prohibido en los escaños de las Cortes.

Se advierte también una variante en las emisiones de la Televisión. No se difunden los signos falangista ni carlista. Sólo el nacional.»

Otros corresponsales europeos destacados en Madrid dan" cuenta de que, pocas horas después del fallecimiento de Franco, el Consejo de Regencia restableció el «registro civil» de la Casa Real, abolido en 1931 por la II República. Se espera —observan algunos— con expectación el rango que en la lista de personas reales vaya a adjudicarse al padre de Juan Carlos I, el conde de Barcelona, que en ningún instante ha abdicado la jefatura de la dinastía, aunque no se haya opuesto a la ascensión, de su hijo al trono de los Borbones españoles.

 

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