Autor: Gómez Figueroa, José. 
   La vida sigue     
 
 Hoja del Lunes.    24/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA VIDA SIGUE

APARTE de otros niveles europeos por encima de lo»

nuestros, que los hay, aunque no tantos, parece difícil encontrar alguno que, en circunstancias semejantes, sea comparable a este nivel de sentimiiento, de mesura y tranquilidad, que acaba de ofrecer España. Creo yo seriamente, y así me lo decían dos colegas norteamericanos, que hemos realizado un alarde de país moderno ante el cadáver de Franco, por un lado, y, por otro, ante la proclamación de Juan Carlos como Rey. Un alarde político y ciudadano.

Lo que se ha visto por televisión, esa muchedumbr* homérica, inacabable, que pasaba junto al cadáver del Caudillo como un río de pena, comiéndose las lágrimas; esa gente correcta y aseada, de todas las edades y condiciones, no era diferente, en la apariencia, a la que, por ejemplo, y también con sufrimiento, desfiló ante el cuerpo sin vida de Pompidou, en París, o del rey Gustavo, en Estocolmo. Con la sola excepción de la cantidad. Este plebiscito del dolor ha sido el más grande que se ha registrado nunca en la historia de Madrid.

El mundo ha contemplado con emoción, según cuentan los telegramas, de qué. manera, con cuánto amor y congoja, este viejo país ha hecho guardia junto a Franco muerto y lo ha acompañado después hasta la tumba, en un mediodía amarillo, con multitudes de epopeya. Sin nervios. Sin miedo. En paz. El mundo ha seguido también, con una tremenda curiosidad, el nacimiento de una nueva monarquía y el ´regreso de un Rey, después de mas de cuarenta años de ausencia. El gran suceso se ha producido sin conmociones, sin la menor incidencia, mientras. la maquinaria del país funcionaba con absoluta normalidad. Todo ello con Franco de cuerpo presente, testigo helado de su inmensa obra.

España ha recibido con gran entusiasmo y enorme esperanza a sus nuevos Reyes: don Juan Carlos I y doña Sofía. Cultos, simpáticos, jóvenes, de aspecto atrayente, tan demócratas y tan europeos como el que más, nuestros Monarcas han deslumhrado al país.

Y el país, ayer, tras el llanto, experimentó ese fenómeno inevitable que se produce siempre en estos acontecimientos históricos: reanudó su vida. En Madrid, por la tarde, las familias calieron al campo¡ Se produjeron embotellamientos en las calles. Se llenaron las pistas de tenis de Somantes, entre los encinares de El Pardo. Los cines de la Gran Vía agotaron las localidades. Se colmaron los campos de fútbol.

Entramos en otra etapa de nuestra historia y lo hacemos bien vestidos, bien alimentados, con mayor cultura y con un bienestar que alcanza a la mayoría. Entramos, sobre todo, en paz. Entramos con un Rey que está cayendo.bien en todo el mundo.

"No ´es posible olvidar?, ha escrito alguien estos días. No; ni tampoco se debe. Pero la vida sigue.

GÓMEZ FIGUEROA

 

< Volver