En la historia de España. 
 Así es la jura del Rey     
 
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ASI ES LA JURA DEL REY

EL ritual de la coronación depende de los usos y tradiciones de cada país. En la actualidad, exceptuando Oran Bretaña y el Vaticano, ningún Estado monárquica europeo corona a ¡sus soberanos. La entronización o investidura real se reduce al acto del juramento constitucional ante las Cámaras Parlamentarias, si bien los atributos de la realeza propios de cada dinastía —corona y cetro— presiden simbólicamente la ceremonia.

LA UNCIÓN Y ENTRONIZACION EN LA EDAD MEDIA

Por lo que se refiere a nuestro país hay que señalar que, hasta, el goda Recaredo, la exaltación de un nuevo monarca consistía en su elevación al trono -5solio, precedida del juramento de fidelidad de los subditos. Pero desde aquel soberano se introdujo la costumbre de ungir y coronar .al elegido antes de la «eleva tio» al trono. La ceremonia de la unción con el óleo sagrado —que en Inglaterra todavía subsiste— procedía del Antiguo Testamento, según el cual Saúl y David fueron ungidos por el profeta Samuel, juez de Israel," siguiendo el mandato divino.

En los reinos hispánicos de la Edad Media persistió el ceremonial visigodo. En el monasterio de Silos he hallado el protocolo (fue debía seguirse en tan solemnes ocasiones, y que, sintetizado, dice así:

«El día señalado para la ceremonia acuden a «alacio «1 metropolitano, acompañado del testo del otero y de gran número de nobles. Al salir el Rey de su techo, recitaba el prelado ´Una oración, rogando di Señor dispusiera el animo del monarca ¡para que reinase ea (bien «te la común salud. Dirigíanse luego «I Rey, los clérigos,

«da. principal, donde Su Alteza (1) postrábase de rodillas ante «I altar y rezaba Conluidas las preces, alzábase y sometíase al «cruente interrogatorio:

—¿Quieres guardar la santa fe observada por atedio de buenas y justas obras? —Quiero. —¿Quietes ser tutor y defensor de te iglesia y sos ministras? --Quera. —¿Juras regir y defender tu Reino, concedido por Dios, con la justicia que le rigieron y defendieron tos padres? —Quiero, y juntamente juro, en cnanto Dios y sus santos me ayudaren, en todo y por todo con fidelidad.

Prestado el juramento, el obispo se volvía hacia los asistentes, preguntándoles:

—¿Queréis sujetaros » este príncipe? ¿Queréis, con firme fidelidad, que se establezca y se asegure su reinado?

Y clero, nobleza y -pueblo contestaban: "Sí."

Acto seguido, el prelado ungía al soberano cora los óleos. Primero, las manos; después, la cabeza, pecho, espalda y brazos. Y le consagraba en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Luego te entregaba el cetro, insignia de 1» dignidad real, y colocábale la corona, en la cabeza con estas palabras: "Recibe la corona, del Reino, ocupa el trono de tus antepasados y posee este puesto que te pertenece, honrándolo con dignidad y mesura".»

En Castilla la costumbre de la coronación fue decayendo paulatinamente. El último monarca coronado fue Don Juan I. En Navarra no existió verdadera coronación: «1 soberano era elevado sobre el pavés y aclamado por los magnates del Reino. En Aragón, en cambio, los Reyes fueron siempre ungidos y coronados, realizándose generalmente esta ceremonia en la Seo de Zaragoza.

A partir de Doña Isabel la Católica, la entronización de los soberanos se llevó a cabo en Castilla por simple proclamación en las ciudades más importantes, al triple grito de «Castilla por el Rey Don...», mientras los heraldos alzaban los pendones reales. Seguidamente se cantaba un tedeum. La inauguración del reinado de los sucesores de los Reyes Católicos, fundadores de la unidad nacional, revistió características nada ostensosas. continuándose con la costumbre castellana hasta los modernos monarcas constitucionales, cuya «coronación» consistía en el acto de la jura ante el Congreso.

EN LOS TIEMPOS MODERNOS, UN CEREMONIAL SENCILLÍSIMO

Tras un estudio de las investiduras de Fernando VII, Isabel II, Amadeo de Saboya, la Reina Regente Doña María Cristina y Alfonso XIII (Don Alfonso XII no juró; se limitó a (promulgar la Carta Constitucional en una ceremonia celebrada en Palacio), se advierten ciertos detalles comunes y tradicionalmente seguidos en nuestras coronaciones, a saber:

a) Los atributos de la realeza española, conservados en el Palacio de Oriente, presiden la ceremonia de la jura colocados sobre un almohadón o bandeja en una mesa situada a la derecha del soberano. La Corona Real de España que se ha venido utilizando para la ocasión es de gran tamaño y de carácter (puramente decorativo. De plata sobredorada, sin adornos de piedras preciosas y rematada por el orbe y la cruz de los monarcas católicos. En sus ocho florones figuran representados castillos, leones y Uses borbónicas alternados. Se mandó fabricar, a lo que parece, en tiempos de Carlos III, y es colocada cada 28 de febrero en el túmulo erigido en memoria de Don Alfonso XIII y los soberanos fallecidos, durante las honras fúnebres oficiales que tienen lugar en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial El Cetro de nues-

tros Reyes, mucho más rico, de mejor arte y más antiguo, mide 68 centímetros y está formado por un bastón cilindrico de oro revestido de filigrana de plata con esmaltes azules; de 20 en 20 centímetros luce cuatro sortijas de rubíes y termina en una esfera de cristal de roca tallado (2).

b) En distinta mesa (o en el lado opuesto del estrado principal) se sitúan un cru-

cifijo, el libro de los Evangelios y las actas del notario mayor del Reino.

c) Para la solemnidad de la jura, Su Majestad deberá vestir el uniforme que corresponda al grado máximo de las Fuerzas Armadas ,v ostentará el collar del Toisón de Oro, propio de nuestra Casa Real, así como el de Carlos m, además de las condecoraciones que juzgue convenientes.

(1) El ti atamiento de «Majestad» no aparece «n España hasta Carlos I, en el siglo XVI.

>2) La riqueza ea alhajas de la Corona que actualmente poseen la mayaría de las Monarquías europeas (destaquemos las fabulosas de inglaterra Suecia y Dinamarca, por este orden) contrasta con la indigencia en resenas históricas valiosas del guardajoyas del Palacio de Oriente. ¿Causas que han contribuido a este raquitismo material y artístico? El desbarajuste introducido en el Alcázar madrileño por la Guerra de la Independería —¡larga mano la de Murat!— y los chanchullos de José Bonaparte, con quien desaparecieron desde la famosa perla «Peregrina», asombro de su tiempo, basta los diamantes («sordos como garbanzos», al decir de un cronista) traídos de nuestras posesiones americanas y que tos Aminas y tos Borbones habían vinculado a la Corona como patrimonio del Estado. El expolio que

llevaron a cabo nuestros vecinos franceses fue incalculable. Poniéndolo como contrapunto, díganlos que en 1931, a su salida del país tras la proclamación de la República, Alfonso XIII mostró una honradez ejemplar al negarle a llevar consigo nada de Palacio. Los encargados del actual Patrimonio Artístico mas decían al respecto: «En honor a la verdad, debe reconocerse la intachable conducta demostrada por te Real Familia en este aspecto. Don Alfonso no tomó siquiera sus condecoraciones; Dona Victoria recogió, lógicamente, sus joyas personales. Pero, no se llevaron nada, absolutamente nada, perteneciente al Patrimonio del Estado; por e! contrario, dejaron muchas cosas de índole privada que todavía no han sido reclamadas y que preservamos como recuerdos de gran water histórico.»

 

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