Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
   El Ateneo, hacia el estado de excepción     
 
   17/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

INSTANTÁNEA

EL ATENEO, HACIA EL ESTADO DE EXCEPCIÓN

Por Juan Pedro QUIÑONERO

MADRID, I?,—Las últimas medulas de Carmen Llorca como directora del Ateneo de

Madrid amenazan con un verdadero estado áe excepción áe las autoridades frente a

los socios de la institución: amenazas de expulsión automática, intimidaciones,

prohibiciones de reunión en «La Cacharrerías de más áe cinco socios. Medidas

éstas de franca violencia administrativa, tan atesada,!, de £a cultura, los

negocios del espíritu y de la tradición liberal que un mero ejercicio fiel poder

no puede tachar, borrar impunemente.

Los socios dei Ateneo, que. reiteradamente; han manifestado su totai

desaprobación de ía programacion cultural de la junta gestora, han manifestado

su deseo de convocar elecciones para elección de otra Junta gestora. Han

dimitido´ casos de Santiago Garma y Carmen Martín Gaites por no aceptar la

política piramidal de la casa, y añora deben soportar un nuevo acto de

autoridad: amenazas de expulsión, prohibiciones, intimidaciones. Un portavoz de

los socios me comenta estas ultimas medidas (verdadero paralelo, repito, de un

estado de excepción ele hecho, en el que los socios quedan desprovistos,

incluso, queda claro, de sus más elementales derechos de reunión), qua, repito,

como me comente un portavoz de los socios, «transgreden el derecho establecido

durante ciento cuarenta años de libertad de reunión y de expresión dentro de las

salas de Ateneo», agregando: «Los socios, ante estas medidas represivas, se

reservan el derecho de interponer los recursos administrativos pertinentes.»

A cal estado de cosas se añade el que los socios consideran que las medidas

adminístrativas de Carmen Llorca, sus amenazas e intiínidaciones, vulneran, por

completo, la legalidad vigente. Me comenta el mismo portavoz de ios socios,

«tales intimidaciones son improcedentes no sólo de acuerdo con los usos

habituales del Ateneo, sino que vulneran los artículos 35 a 38 del Reglamento de

Régimen Interior aprobado por orden ministerial de 29 de octubre de 1960, que

Carmen Llorca, como funcionaría del Ministerio de Información y Turismo debería

cumplir. Este Reglamento, en sus artículos 35 a 38, establece un Comité de

Sanciones formado por cinco socios, seleccionados entre ios que más se

distinguen por su preocupación y celo, al objeto de velar por el orden dentro de

la entidad. Es interesante subrayar que las sanciones, variables en su

contenido, se impondrán según la gravedad de las faltas por esa comisión de

socios y deberán ser refrendadas antes de hacerse públicas por la Junta

directiva.»

Frente a estas llamadas a textos legales por parte de los amenazados gravemente

con el rigorismo de las órdenes, destaca la opinión de Carmen Llorca, que estima

que «el Ateneo, jurídicamente, no existe». Esta exposición tajante, este

convencimiento, viene a confundir el derecho escrito, el derecho positivo, con

la realidad, jurídica histórica de ciento cuarenta años de, existencia. Se trata

de una confusión entre la formulación legal y la realidad, entre las normas y ía

evidencia física más inmediata. A la violencia administrativa y las represalias

contra los socios, ahora se suma el posible desacato a una reglamentación, la,

(le comisiones de socios que sancionarían posibles infracciones . Ya imagino a

los sesudos profesores castigados a mirar de pie, toda una tarde, el rostro de

don Marcelino Menéndez y Pelayo, contento, al fin, con el azufre inquisidor.

Y, el no espetarse siquiera esas prescripciones de inclemencia administrativa, y

dibujarse un nítido frente de amenazas, sanciones y castigos, por parte

precisamente de quienes debieran defender el orden con más celo, cae ya dentro

de lo inimaginable. Tampoco es ocioso subrayar el que sea ¡¡¡de cinco!!! el

número de socios que no pueden reunirse en los salones del Ateneo: se trata, a

mi modo de ver, de una medida de gravedad marcial, poco en consonancia con la

historia de una Institución única en nuestro país.

Los espectadores asistimos atónitos a esta, batalla entre socios y

administradores del Ateneo. Confusión, ruido, polvo, incertidumbre, falta de

serenidad, violencia, réplicas, amenazas.. Desde luego, datos elementales de

este espectáculo que cada día contemplamos, y que tanto nos inquieta, sin

necesidad de recordar los más elementales derechos de la cultura, que debieran

regir la vida de una Institución como el Ateneo de Madrid: los más elementales

modos de comportamiento, los atributos de la civilización.

 

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