Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
   Nuevas dimisiones en el Ateneo     
 
 Informaciones.    28/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

NUEVAS EN EL ATENEO

Por Juan Pedro QUIÑONERO

MADRID, 28. — El pasado día fí publicamos en esta página la noticia de algunas

medidas adoptadas por la directora del Ateneo de Madrid, entre las que destacaba

la prohibición de reuniones mayores de cinco socios y una secuela de posibles y

grayes. sanciones. Ahora, otra noticia vuelve a poner de actualidad la agitada

vida de esta institución originalmente más dedicada a los negocios del espíritu.

Se trata de dos nuevas dimisiones de la Junta Gestora de la institución: la, de

uno de sus tres vicepresidentes, don Darío Maravall Casesnoves, miembro de la

Real Academia de Ciencias Naturales y catedrático de matemáticas en la Escuela

de Ingenieros Agrónomos. La otra dimisión es la de otro vocal, don Jesús Juan

Oyá, profesor adjunto pof oposición de ideografía Humana en la Facultad de

Ciencias Políticas y Sociología.

La preocupante situación del Ateneo, los temores de socios y público ante este

clima autoritario, la confusión 5ue todo lo puede y de todo je adueña, con estas

dimisiones no viene sino a añadir nuevos elementos de juicio. Estuve hablando

con Jesús Juan Oya y le pedí que me explicase tos motivos de su dimisión. Estas

fueron sus palabras: «Bien, jas medidas de Carmen Llorca, su prohibición de

reuniones de más de cinco socios, sinceramente, me parecieron unas decisiones

gravemente arbitrarias, vejatorias para todos los safios del Ateneo. A mi modo

de ver, ni siquiera en los más duros años cuarenta y cincuenta se llegó a algo

parecido, a, algo semejante. Por otro lado, j esto también es importante, pensé

que bacía ya uii año que la Junta rectora había ocupado esa situación de poder,

y ya era ñora de que los socios, toas reiteradas e insistentes solicitudes en

este sentido, eligieran una Junta rectora que respondiese a sus necasidacEss.

Tras un año de espera pensé que ya .era tiempo de que se produjese una Junta

general de socios para elegir, democráticamente, a quienes debían representarlos

y poder así gobernar el Ateneo ellas mismos. Nada de esto se produjo; por el

contrario, fas medidas de la señora presidenta, repito, me parece que no tienen

parangón ni siguiera con los más duros años cuarenta y cincuenta. De ahí que le

baya escrito en este sentido a Carmen Llorca, manifestándole mi opinión y

dimitiendo de mi pussíe, claro está.»

Al llamar por telefono a don Darío Maravall Casesnoves para que me explicase

también los motivos de su dimisión, mi sorpresa fue absoluta: «Mire usted, nunca

supe quién me nombró para el cargo de vicepresidente.» Le expliqué al señor

Maravall mi perplejidad y él me insistió: ctBueno, sí, me escribían como

vicepresidente, y así se dijo en los periódicos, pero nunca me envió, nunca,

nadie, un nombramiento. Como usted sabe, yo soy cate drático y tengo mis corres,

pendientes avales que lo acreditan, pero nunca nadie me hizo llegar mi

nombramiento como vicepresidente del Ateneo.»

Tras la sorpresa, le pedí al señor Maravall Casesnoves que me explicase los

motivos de su dimisión. Estas fueron sus palabras; «Yo ni siquiera soy socio del

Ateneo. Nunca me ha gustado ser socio de ninguna sociedad. ´Nunca tampoco me he

preocupado del Ateneo. ¥ desde el momento en que ha crecido la conflictividad

entre socios y directora del Ateneo, me ha parecido oportuno presentar mi

dimisión. Claro, por supuesto, si yo fuese socio intervendría..., pero no quiero

entrar en esos problemas. Ni siquiera sé cuál es la gestión >te la señora

presidente. Sólo sé lo que he oído. Sólo conozco de oídas toda esa confusa,

ambigua y tensa situación. Yo ya he estado muy castigado y prefiero permanecer

en la sombra; bastantes palos he recibido. Ya le digo: al producirse esta

conflietividad he preferido quedarme al margen. Si hubiese habido paz y armonía,

no me hubiera importado participar en cuestiones científicas, pero no ha sido

posible, no ha sido así. De hecho nunca intervine en ningún asunto del Ateneo.

No sé quién me nombró. No he recibido nanea mi nombramiento. Decidí marcharme, y

he estado al margen de lo que haya podido pasar.»

Nuevas dimisiones. Un nuevo acto. Continúan el ruido, la confusión, el polvo de

palabras, la inoertidumfore, la falta de serenidad. Los científicos se alejan

tís la institución, los" socios se quejan de no poder trabajar («en cuanto

apareces por a*iuí la situación te subleba y se acabó la calma para el estudio»,

me decía ayer un miembro de la institución, mas triste y apenado que otra cosa),

tíoa de las instituciones de nuestra historia y nuestra cultura se ve sumida en

estas procelosas aguas, que nadie sabe a dónde conducen.

 

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