Autor: Sánchez-Albornoz y Menduiña, Claudio. 
 Don Claudio Sánchez-Albornoz. 
 La razón de mi ira  :   
 Carta al director de ABC. 
 ABC.    11/06/1974.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DON CLAUDIO SANCHEZ-ALBORNOZ

LA RAZÓN DE MI IHA

CARTA AL DIRECTOR DE ABC

Muy señor mío y de mi mayor consideración: Mi ira—admitamos su calificativo—no

me ha privado de la asistencia de la razón y de la justicia al rechazar !a

afrenta inesperada de Laín que motivó mi nota «De Aristóteles a Chamberí». El

zapatero leibnitziano que usted trae a capítulo, naturalmente, no entendía de

cuestiones de honra.

Por ello, debo confesar que me ha sorprendido mucho su arremetida. Ha caído

usted en mayor desmesura de la que atribuye a mi crítica a Laín. Su

enjuiciamiento de tal crítica ha sobrepasado lo que podía esperar de su

condición de espectador. Me parece que no ha leído hasta el final los artículos

que suscitaron mi reacción; ni con bastante atención mS carta. Yo no he

Intentado contradecir los alegatos de su amigo en favor de Castro. He llenado

muchas cuartillas y hasta he escrito libros contra ellos para volver, de pasada,

sobre el tema y resumir mis Juicios en una carta abierta de fines precisos. De

otra parte, reitero lo que he dicho a Laín: Todavía estoy esperando que alguien

científicamente se atreva a demostrar que son erróneas las páginas de mi

«España, un enigma histórico», como yo hice con «-España en su historia».

He respondido a ¡os agravios de Laín según ellos merecían. No soy manco ni manso

y he polemizado con muchos estudiosos, pero siempre he discutido con ellos

cortés-mente. Laín, después de sus equilibrios en el alambre—repito la frase—me

reprochó con saña turbias amistades contradictorias de mi republicanismo—cosa

curiosa, amistades con el A B C; la tengo, si, muy viva con Luis María Ansón y

me honro con ella— y me calificó de alanceador de republicanos muertos.

He sacrificado todo al mantenimiento impoluto de mí dignidad personal. Le he

sacrificado la compañía de mis hijos y de mis nietos y mi inmenso deseo de gozar

de España, cuyos cielos, cuyas ciudades, cuyos campos, cuyas montañas, cuyas

marinas están siempre prendidos en el ensueño de mí alma. Le he sacrificado el

no poder rezar un padrenuestro ante la tumba de mis padres ni en muchos santos

lugares de mi patria, por ejemplo, ante la Santina de Covadonga, lugar tan

entrañablemente unido a mis creaciones históricas. Le he sacrificado el no poder

recorrer las caites y callejas de mi Avila adorada ni las avenidas de mi siempre

añorado Madrid; el no poder visitar las breñas de Asturias, las rías gallegas,

los llanos de Castilla... Español hasta la médula no tolero el menor agravio a

mi honra y Laín me ultrajó de propósito.

Le he demostrado, que no se me puede afrentar en vano y que si no alanceo

republicanos muertos sí sé alancear conversos vivos.

Me permito preguntar a usted cómo habría reaccionado si tras treinta y siete

años de destierro, habiendo sacrificado todo a la fidelidad a sus Ideas

monárquicas y habiendo sacrificado a su honra la gozosa adoración de España, un

supuesto amigo que entretanto hubiese vivido bien acaballado en la vida

aparentando republicanismo con los republicanos y monarquismo con los

monárquicos, hubiese osado censurarle deshonórateles amistades personales y

llamarte alanceador de monárquicos muertos. ¿Quiere contestar a esta pregunta?

Por ¡o demás estoy harto de polémicas y no me opongo a lo que un historiador

español ha llamado con mucho gracejo !a canonización de Castro. Hay varios

estudiosos de gran crédito científico y de mucho saber que están haciendo de

abogados del diablo. Yo desenmascaré sus supuestos milagros mientras presumió de

realizarlos, naturalmente antes de su pasa a mejor vicia y cuando él podía

defenderse, y subrayo ia frase para responder a-uno de sus injustificables

reproches. Pero repito que no me opongo a esa canonización y estoy dispuesto a

quemar incienso en los altares que a San Americo mártir y confesor, alce su

secia —no es mío ei calificativo.

Y no se enoje —como dicen en Argentina— por la chunga. No me conoce usted —

¡vivimos tan lejos!— e ignora que tengo fama de relator de anécdotas sabrosas y

de muy mal hablado; fallas temperamentales adquiridas leyendo a los clásicos —íe

remito a «lo rahez hispánico» de mi «España incógnita»— y muy anteriores en mí a

la senilidad que me enrostra Impiadoso. Y, ojo, que peor es caer en el camino.

Yo ya he hecho el mfo y espero trabajando —por no variar— la hora del tránsito

supremo. Decidido, éso sf, a contar a San Pedro alguna anécdota risueña para

facilitar mi entrada en el Edén. Aunque ello será sin duda en vano. Conozco mi

destino. Por republicano liberal y católico y por nombre de honor en los años

que corren, me espera Irremediablemente el Limbo.

Y conste, para terminar, que le he agradecido el Injusto y sangriento serretazo.

Como en oirás muchas ocasiones en que ¡a Providencia ha salido a! paso de mis

flaquezas, tías leerle puse rodilla en tierra y agradecí a Dios que castigara mi

orgullo con su violenta, cruel, injustificada e inexplicable diatriba. Y que el

Altísimo perdone ¡o sañudo de stí ataque. Yo seguiré mi ruta siempre en línea

recta al servicio de España, de la reconciliación de los españoles y de su

libertad.

Le saluda con la mayor consideración, Claudio SANCHEZ-ALBORNOZ.

ABC. MARTES 11 DE JUNIO BE 1974. EDICION DE MAÑANA

 

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