Autor: Armesto, Victoria. 
 Sánchez Albornoz y Américo Castro:. 
 Lucha (histórico-política-teológica) de historiadores     
 
 Informaciones.     Páginas: 1. Párrafos: 23. 

FIRMAS EN ((INFORMACIONES»

ES muy difícil para nosotros, profanos, penetrar en la esencia ,de la gran

polémica que hizo de dos grandes historiadores españoles de nuestro tiempo

enemigos irreconciliables.

Sus tesis, que chocan y se entrecruzan a modo de espadas, han sido expuestas en

dos gruesos volúmenes a la vez hermosos y enigmáticos. Dos libros editados en

tierra extranjera, como en tierra extranjera han vivido también gran parte;de su

vida estos .dos hombres patriotas y sabios. Don Claudio Sánchez Albornoz lleva´

tremía y siete años lejos de su Avila natal, ana lamentable .circunstancia que

no es posible .olvidar, ya que pesa tanto sobre él ´como sobre todos nosotros.

Amacice Castro en su «España en su Historia,, cristianos, moros y judíos»

(Buenas Aires, 1948), señala la estrecha interdependencia entre las tres

comunidades Hacia cualquier lado que .miremos los españoles descubriremos ora &

los moros ora a los judíos: el Arcipreste ´de Hita seca un mudejar adaptador de

Ibn Hazm, la Inquisición se revela cual prueba de una feroz .y exasperada

desesperación judaica, nuestra vida anímica y familiar se configura en módulos y

costumbres muslimes. Hábito musulmán es cuando una persona amiga elogia un

objeto de valor, ofrecérselo, o poner a disposición del extraño la vivienda; el

«está usted en su casa» nos viene directamente de la fórmula «Al ,bayt baytak»

los extranjeros se quedan estupefactos al oír que la casa Íes pertenece). Frases

como las de «si .Dios quiere», «a ver si quiere Dios que llueva», «hasta mañana,

si Dios quiere», «a la paz de Dios», revelan» asimismo, la estrecha

interdependencia, pues el Dios a que hacen alusión es. Allan. Como ojala, que

viene de «wa-sa a-l-lah», «quiera Dios».

Los ocho siglos de lucha —y de convivencia amistosa— han formado el carácter

español, poniendo las almas en tensión de futuro, creando instituciones y mitos

antisimétricos respecto al adversado. La dificultad del español para

impersonalizar y objetivar —como enseñó a hacer el pensamiento griego y luego de

otro modo ha hecho la ciencia moderna— le han incapacitado tanto para la ciencia

—sin la irrupción de las cosas de fuera aún seguiríamos alumbrándonos con velas

de cera y con teas— como para la convivencia pacifica. Cuando dos discrepantes

ponen demasiada persona en la expresión, ¿les será .posible alcanzar un estatuto

de convivencia? Hay en el español una peligrosa proclividad hacia un totalismo

de la acción.

De manera airada, y llevando la polémica a esa peligrosa proclividad

personalista de que habla Castro, rechaza don Claudio Sánchez Albornoz las

teorías de don Américo. ;A lo largo de su extraordinario libro «España, un

enigma histórico» (Buenos Aires, 1956), el gran historiador de Castilla nos

explica que la tesis orientalista es falsa, que España fue siempre, igual a si

misma, que los habitantes de Iberia eran españoles «avant la letre». y. que el

carácter nacional estaba ya formado cuando hicieron acto de presencia los

muslimes; rechaza con igual energía toda interpretación de carácter hebraico.

SÁNCHEZ ALBORNOZ Y AMERICO CASTRO:

LUCHA (histórico-política-teológica) DE HISTORIADORES

Al adentrarnos en las tesis de don .Claudio Sánchez Albornoz nos hallamos en un

terreno más familiar, más nuestro, más confortable que el anterior. Su

interpretación de España es la tradicional de los pensadores liberales a quienes

siempre les ha gustado recordar que, antes que ios demás europeos, los países

ibéricos habían inventado instituciones tan utiles como las del municipio y

parlamento (siglos X y XII) y que de hecho se regían de un modo constitucional e

incluso —para la época— democrático.

Ambos historiadores disienten también con igual pasión al ¡enjuiciar el mito

jacobeo, y es bien curioso que tan antiguo mito siga despertando tanto interés.

Don Améríco Castro —siguiendo a los historiadores árabes y a ciertos escritores

ingleses como aquel curioso y divertido Richard Ford que visité Compostela en el

siglo pasado— .señala que a la fe bélica de los musulmanes, los cristianos

peninsulares se vieron forzados a poner otra fe semejante. Santiago será un

antiMahoma, y su santuario, una anti-Kaaba. Pero, aparte de .su conexión mística

con «1 Islam, el mito jacobeo se nutre en las más puras esencias -.del

paganismo. Apoyándose en las teorías del jesuíta holandés Delehaye, don Américo

Castro indica que. en sus orígenes, la religión de Cristo se mantuvo pura

rechazando todo cuanto hubiera podido oscurecer la noción del Dios unico. Sin

embargo, desbordada por tes masas .de los nuevos creyentes, la Iglesia tuvo que

hacer concesiones frente a las ideas politeístas que no cesaban de fermentar. Al

introducir el culto a los santos se,, abrio las compuertas a una corriente

pagana.. No hay diferencia esencial entre los santos de la Iglesia y los héroes

del politeísmo griego. Así;- el culto de Santiago reposa sobre cultos

precristianos, confundiéndose con tes tradiciones dioscuras. Américo Castro

admite; y respalda con su gran prestigio la teoría por primera vez expuesta por

la inglesa Georgiana G, King en su libro de 1920, según la cual la fe jacobea se

explica .como una supervivencia del culto Dioscuro-greco-romano. El apóstol

Santiago; jinete en su caballo blanco, no seria sino un trasunto individualista

de la pareja Castor y Polux.

No se sabe a quién rechaza más airadamente Sánchez Albornoz, si a Mahoma o a los

dióscuros. Según don Claudio, en España tuvo muy poca difusión el culto a los

hijos de Júpiter y no hay Indicios de que Castor y Polux hayan sido nunca

venerados en Galicia. La tesis castrista queda muy quebrantada al señalar

Sánchez Albornoz que entre la iniciación del culto jacobeo y el Santiago

celestial interviniendo en los combates media una diferencia de tres siglos.

Las recientes excavaciones arqueológicas en la catedral de Santiago de

Compostela revelan que ya allí fue venerado un gran personaje antes de

producirse la invasión muslim. ¿Quién «ra este personaje?, pregunta don Claudio.

¿Era.Santiago? Pudiera serlo. Nada hay en contra de la «mágica traslatio» desde

Jafa a liria Flavla, pues en la Historia han ecúrtido muchos sucesos no menos

ilógicos e inverosimiles. Pudiera también no ser santiago. En este caso el rival

más serio del apóstol sena, naturalmente, aquel gran maestre Prisciliano, el tan

querido hereje fiel siglo IV decapitado en Tréveris.

Por lo que se refiere al nacimiento de la hípica leyenda, Sánchez Albornoz lo

explica como fruto dé una asidua lectura del Apocalipsis de San Juan, dónde

aparece el Verbo Divino como celestial jinete montado en un albo caballo.

En su interpretación del mito jacobeo, Sánchez Albornoz se sitúa más cerca de

las tradiciones y creencias gallegas.

Todas estas cuestiones parecen en cierto modo tan lejanas... Incluso nos parece

extraño que los dos historiadores hayan podido discrepar acremente acerca de la

esencia del «milagro» (don Claudio es un católico practicante y cree en la

intervención del Altísimo «en esta pobre vida terrenal»), pero todo ello rezuma

tanta pasión que nos vemos también nosotros Inmersos en la disputa. Acaso no se

recuerda nada semejante en España desde que en tí sigto XVII Quevedo comenzó a

disputar con los carmelitas descalzos acerca del patronato de España que los

segundos reclamaban para Santa Teresa. Como principal mérito de la. santa

aducían sus partidarios que Felipe II hubiera permanecido en el Purgatorio satje

Dios cuánto tiempo de no sacarlo de allí la santa de Avila al octavo día.

Quevedo, que tal vez en razón de sus problemas maritales era misógeno, defendía

la candidatura de Santiago. En la polémica intervinieron varios Reyes y Papas 5*

la cuestión del copatronato todavía fue discutida por las Cortes de Cádiz en

1812.

Quizá no hay guerras más violentas que las de los teólogos, historiadores y

prehistoriadores. Recordemos a Calvino preparando la lefia verde para que en

ella ardiera su rival, el pobre español Miguel gervet. En una narración corta de

gran belleza, «Los teólogos», que forma parte de su libro «El Aleph», Borges nos

ofrece ana versión de la rivalidad dogmática llevada a extremos de infinita

crueldad. Buñuel ha ofrecido una visión de esta misma lucha en la imagen cíe los

dos jesuítas combatientes en su película «Él camino dé Santiago».

«Guerra de bandos de resonancia medieval entre Castros y Albornoces», ha

definido acertadamente Dionisio Ridruéjo.

Se traía en definitiva de una polémica trágica y no sólo porque uno de los

adversarios, el profesor don Américo Castro, haya muerto, sino porque en ella se

ha visto ahora envuelto uno de los intelectuales españoles de mayor valía, el

profesor don Pedro Lain Entralgo. En 1971, Lain publicó su libro «A qué ¡lamamos

España», y aparte de su devoción castrista no se vé qué pudo haber encontrado

Sánchez Albornoz de reprobable en este libro tan inteligente como honesto y

moderado. Nada hay en él que un liberal pueda reprochar o desaconsejar, y su

concepto de lo que debe ser España «como convivencia y cooperación armónica de

wn conjunto de modos de vivir y pensar, cual comunidad de grupos humanamente --

diversos, en cuyo seno sea realidad satisfactoria la libertad civil, la justicia

, social y la eficacia técnica», es en todos los aspectos deseable y admirable.

Al enjuiciar el problema regional —frente al que Sánchez Albornoz se ha mostrado

con frecuencia desatinado--, Lain Entralgo acierta con penetración psicológica.

Las inquietudes vascas, galaicas y catalanas encuentran en él un eco amistoso.

La no respuesta a una carta,en donde le señalaba los posibles defectos del

libro, unido a un par de trabajos de Lain laudatorios para su antiguo rival^ han

producido la desaforada y sonada carta de don Claudio Sánchez .Albornoz a Pedro

Lain Entralgo, y la comedida respuesta del: segundo, también publicada, como fa.

primer», en «A B C».

Es así como ni siquiera la muerte de uno de los rivales señala el fin de la

polémica, en donde se ven ahora aludidos y atacados los seguidores y discípulos

del fallecido.

Esta lucha histórico - política – teológica

salta a las páginas de los periódicos nacionales en un momento bien inoportuno.

Con su áspero lenguaje y al denunciar a una de las personalidades españolas que

de antiguo se han distinguido por su moderación y que representa la linea

aperturista y_ pluralista dentro del sistema, Sánchez Albornoz >no es posible

olvidar su significación política) parece dar fuerza y alas a los sectores

españoles de la ultra-derecha, que en realidad no necesitan de mucho aliento

para mostrarse intratables.,

En¡ disculpa de don Claudio cumple señalar una vez, más el peso cruel de esos

treinta y siete, años de exilio. Seguramente no hubiera:,escrito, la misma carta

si en. vez de en Buenos´ Aires la firma en Avila.

Por su. parte, don Pedro Lain Entralgo no, necesita defensa. Su propia obra, y

la gentileza de su persona le .defienden, y le avalan..

Por Victoria ARMESTO

 

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