Autor: Alonso-Castrillo, Álvaro. 
 De España y Europa a España en Europa. 
 Individuo y sociedad en la vida española     
 
    Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DE ESPAÑA Y EUROPA A ESPAÑA EN EUROPA

INDIVIDUO Y SOCIEDAD EN LA VIDA ESPAÑOLA

UNO de tos problemas fundamentales de España estriba ea 3a diferencia existente

entre lo que los españoles podríamos teóricamente llevar a cabo y lo que en

realidad hacemos, O dicho con otras palabras: a pesar de estar perfectamente

dotados desde un. punto de vista individual, perdemos gran parte de nuestra

potencialidad creadora al incorporarnos a la sociedad española, ese Leviatan

que, como ha sugerido con agudeza el profesor Guasp, ahoga incluso al Estado.

Las razones que se han dado para explicar este fenómeno son de orden muy

diversos; las Hay de tipo psicológico, como la ,tan utilizada ajusten a nuestro

Indomable individualismo, que dificulta todo intento de cooperación social. No

faltan tampoco consideracion de orden historico, geográfico o incluso

climatológico en que fundar nuestra poca afición al trabajo y exigua

productividad. Al conversar utilizamos constantemente la ´referencia a la pobra

ds nuestra economía para justificar deficiencias de todo orden. Las Ciencias

Políticas y la Sociología nos han ofrecido, a, mi Vez, racimo abundante de

soluciones,: -durante más de -un siglo se ha creído en España que el problema

nacional se resolverla adaptando una u otra forma de Gobierno o incluso de

Estado. La escuela orteguiana, en cambio, centró su análisis en el estudio de la

estructura interna de nuestra saciedad .para acabar afirmando que los males de

España provenian de la ausencia de los mejores, dé la falta, fie un» ´"élite"

capaa de dirigir los destinos «le la nación. Ciertas personas han escudriñado

hasta las relaciones familiares, acusando alternativamente «. hombres o mujeres

de actuar como árenos biológicos y, por consiguiente, sociales dé la vida

española,

A todos estos factores ha tenido a sumarse ,e1 estudio del papel que en nuestro

pais desempeña n la Iglesia, el Ejército, los intelectuales, la clase obrera,

los grandes financieros, la ´burocracia... En estos últimos afits sé lia puesto

de moda una palabra mágica, "organización"; de la administracion al horário,

pásando por el comercio y la, industria, todo queremos reorganizarlo.

Está riada de razones tiene necesariamente que volver a su cauce si no queremos

morir sepultados bajo el .peso de tanta, teoría. Pero para conseguir este

(propósito resulta indispensable disponer de un mínina o de nociones tósicas,

alrededor de las euiíes debe girar toda investigación seria de la problemática

española.

Convendría tener siempre .presante la idea—´de todos conocida, stera casi

siempre olvidaba—de que el concepto nación no puede explicarse ¡por la suma o

combinación de criterios objetivos o elementos de hecho —raza, clima,

.territorio, infraestructura económica, idioma...—, sino que es el resultado da

una fuerza espiritual, eminentemente subjetiva. Renán lo comprendió

perfectamente al afirmar quf una "nación es un alma", pensamiento que completó

Fergson diciendo que la "nación es una adsíón".

Esto no significa que los criterios objetivos sean inútiles, ni mucho menos.

Resulta. Indispensable conocerlos, controlarlos incluso, para na dejarse dominar

por ellos, como ha ocurrido tan a menudo en España, donde hemos dado numerosos

¡pasos en falso en el análisis subjetivo de la realidad española por mero

"desconocimiento de los hechos objetivos, que si no condicionan automaticamente

dicha realidad, al menos la aclaran, perfilando sus contornos- Por eso, todo

descubrimiento que arroje nueva luz acerca de

Muestra condición de españoles debe ser acogido gozosamente. Necesitamos

compilar miles de estadísticas, profundizar en la intima raíz as nuestra

estructura social e Infraestructura económica, estudiar nuestra historia en

función de los fenómenos sociológicos y económicos y no como una mera sucesión

de batallas, alianzas y bodas reales,

Estos datos objetivos, una vez conocidos, facultarán la tarea de ese poeta o

místico, que, un día, ha de ofrecernos una definición aceptable de lo que es

España, aliña y misión. S drama de nuestro país estriba en aue todos intentamos

ser poetas o místicos antes de tiempo, en vez de abdicarnos a compilar las

estadísticas da nuestro comercio exterior durante el reinado dé Isabel II, algo

mucho mas aburrido, sin duda, pero infinitamente más constructivo en el momento

actual. Esta estadística no nos aclarará nunca el sentido íntimo de España, pero

añadirá .un grano de arena en el conocimiento de lo que nuestro país no es. Esta

sabiduría de lo negativo tiene, en el caso de España, un valor no despreciable,

pues a fuerza de no saber siquiera lo que España no es, hemos tomado, en más de

una ocasión, con resultados a veces trágicos, sendas totalmente equivocadas. Un

ejemplo de poca trascendencia aparente ilustrará , mi anterior afirmación: en

cierta ocasión tuve necesidad de pasar un varano en .una ciudad norteamericana

donde la temperatura llegó » subir hasta 50 grados, sin bajar en un mes de los

35. Pues bien, nadie dormía la siesta, teda la ciudad funcionaba normalmente y a

pierio ritmo de dos a seis de la tarde; a las ocho las calles quedaban vacías, y

a las diez todo el mundo dormía. Esta pequeña experiencia, personal me ha hecho

preguntarme cuáles pueden ser las causa que justifiquen las siestas veraniegas

de los madrileños y tos puestos de horchata y refrescos llenos de público hasta

bien entrada la noche. La mera referencia al termómetro con que me he contentado

hasta ahora resulta insuficiente, pues otro pueblo, en circunstancias parecidas,

reacciona de manera enteramente opuesta. El problema no está, por lo tanto, en

el hecho de que el calor obliga a los madrileños a desertar de las calles

durante las primeras horas de la tarde, sino en averiguar por qué, cuando sube

la temperatura, los madrileños desertan de las vías públicas.

La diferencia entre los dos planteamientos de esta, cuestión puede parecer

minima pero es, en mi opinión, fundamental. El primero implica una

simplificación excesiva; el segundo, en cambio, abre posibilidades

insospechadas, porque en vez de limitarse a un decir, un mero afirmar, invita a

analizar un hacer, un comportamiento. Ahora bien, si una nación es una misión,

«s decir, un hacer sublimado espiritualmente, y Europa -nueva misión—se está

haciendo ante nuestros ojos, el camino a elegir sólo puede ser el del esfuerzo.

Alvaro ALONSO-CASTRILLO

 

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