El Rey y Felipe González     
 
 El País.    03/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

El Rey y Felipe González

CASI AL mismo tiempo que el Rey recibía en audiencia a Felipe González como

próximo presidente del Gobierno se hacían públicas las palabras de don Juan

Carlos, en vísperas de las elecciones, a los líderes ´de los principales

partidos. En ese discurso, el Rey prestó atención a tres cuestiones: sus

funciones como Jefe del Estado, las amenazas terroristas y golpistas contra la

democracia y la necesidad de que el período transitorio -hasta la formación del

nuevo Gobierno transcurría con normalidad. Parece que sólo una petición —

incomprensible a nuestro juicio— de la presidencia del Gobierno ha hecho

mantener durante una semana el embargo informativo sobre ese texto, tan ejemplar

por su contenido como oportuno por las circunstancias en que fue pronunciado.

En su mensaje del 27 de octubre, el Rey hizo suya la letra y el espíritu de la

Constitución, que le define como símbolo de la unidad y la permanencia del

Estado y como arbitro y moderador del funcionamiento de sus instituciones. La

abrumadora mayoría de la población, que expresó en las urnas el pasado 28 de

octubre sus profundas convicciones democráticas, sabe que estas palabras,

pronunciadas "como Rey de todos los españoles y como Jefe Supremo de las Fuerzas

Armadas", no pueden interpretarse en modo alguno como el deseo de "impartir

directrices" que escapasen a las funciones constitucionales de don Juan Carlos.

Antes por el contrario, el propio mensaje es un ejemplo de su voluntad de

guardar y hacer guardar la Constitución. Pero nunca está de más que la minoría

de desestabilizadores que suciamente especularon en su día con la Corona

escuchen de nuevo la rotunda determinación del Rey de "mantenerme siempre dentro

de la Constitución, con el mayor respeto a su espíritu y a sus preceptos y

prestar todo mi apoyo a quienes sean designados por el pueblo como sus legítimos

representantes".

Un segundo tema fue el desafio del terrorismo y del golpismo para la

consolidación1 de la democracia.

"Al terrorismo hay que oponerle, con decisión, toda la energía necesaria para

desarraigar una plaga intolerable" y para poner fin a la sangría constante y al

sufrimiento que esa actividad criminal engendra.

"Al involucionismo es preciso desactivarlo también decididamente, con prudencia

y serenidad, sin consentir su permanencia y sin incitarlo a nuevas acciones". Es

más de resaltar la claridad del Rey a propósito de la "nueva trama de golpe

militar" proyectada para las vísperas de los comicios, indicando que esos

hechos, aunque afecten tan sólo a un reducido número de miembros de las Fuerzas

Armadas; "constituyen también un Hecho inadmisible de alarma constante". El Rey

también expresó su esperanza de que los conspiradores lleguen a convencerse de

que "no puede la voluntad de una minoría imponerse por la violencia a los deseos

mayoritarios de sus compatriotas". Palabras tanto más generosas cuanto que la

persona del Rey y la Corona se hallan en el centro del punto de mira de los

golpistas.

Don Juan Carlos expuso, por último, a los líderes su preocupación por el período

de tiempo qué separa la celebración de los comicios y la constitución del

Gobierno. Existe la posibilidad de que terroristas y golpistas "intenten

producir alteraciones" durante esa etapa. De otro lado, habrá que obviar los

problemas derivados de una situación en la que se conoce el nombre dei futuro

presidente, pero sigue en funciones un poder ejecutivo transitorio. El Rey hace

un llamamiento al esfuerzo común ya la adopción de "miras mucho más elevadas que

el interés personal o el de los grupos políticos, desde la independencia de

criterios y sin que ello suponga fusión de los distintos pareceres". Digamos que

algunos precipitados nombramientos de embajadores realizados en las semanas

anteriores a las elecciones y medidas clientelistas de carácter parecido

adoptadas en otros departamentos desde que la derrota de UCD pareció inevitable

pueden servir como ejemplo negativo de lo que el Gobierno en funciones no debe

en ningún caso hacer de aquí a comienzos de diciembre.

La audiencia concedida ayer por el Rey a Felipe González ilustra, por lo demás,

el contenido de esas palabras pronunciadas una semana antes: El 28 de octubre

entrará en los libros de historia como la fecha de ascenso ai poder del Partido

Socialista Obrero Español (PSOE) a través de unas elecciones libres, celebradas

en el marco de una Monarquía parlamentaria que ha garantizado la igualdad de

oportunidades a todas las opciones, ha mantenido la más estricta neutralidad en

la competición entre partidos, ha asegurado el cumplimiento de las reglas del

juego y ha respaldado enteramente al ganador. La victoria socialista, limpia y

pacíficamente ganada en las urnas, disminuye las posibilidades de que la

terrible metáfora de las dos Españas pueda seguir helando el^ corazón de

nuestros hijos. El acceso al poder está abierto a todos los ciudadanos, y el

Estado no es el monopolio de una clase ni de una ideología/El triunfo del PSOE

culmina el ambicioso proyecto histórico de la Corona, cimentado en el propósito

de Juan Carlos I de ser rey de todos los españoles dentro de un sistema en el

que los gobernantes son elegidos por el pueblo La llegada al poder del PSOE y la

designación de Felipe González como presidente del Gobierno clausurarán un

período de incomprensión de casi un siglo entre la forma monárquica de Estado y

la izquierda socialista y democrática.

 

< Volver