Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Una pregunta inocente     
 
 ABC.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

APUNTE POLÍTICO

Una pregunta inocente

Por José María RUIZ GALLARDON

¿Qué es la democracia? Esa es la pregunta inocente que se hacen muchos ciudadanos. Pues, es claro, que,

si vamos a ella, conviene saber qué es.

Querido lector: la democracia hacia la que nos encaminan consiste en que usted va a tener derecho a

votar, cada equis años, no lo que usted quiera, ni al candidato que usted elija. De ninguna manera. Usted

podrá elegir, pero con muchas limitaciones. O, como se decía antes, «dentro de un orden», que ahora será

un «orden democrático».

Me explicaré. Supongamos que usted, lector, está inscrito en el censo electoral de Madrid, Sevilla o

Zaragoza. Y que a esas provincias les corresponden treinta, quince o diez diputados en el próximo

Congreso. ¿Cree usted que tendrá facultades para confeccionar su lista de diez, quince o veinte

candidatos, a su trasto, y tras sopesar los méritos de los que se presenten? ¡De ninguna manera! A usted

nadie le confiere ese derecho. Usted tendrá que votar «una» lista. Pero no la que usted haga. Sino podrá

escoger aquella que le guste más de entre las que le ofrezcan los diversos partidos. Y ni siquiera podrá

variar el orden de los candidatos, ni tachar a ninguno de ellos. Usted vota una lista «tal cual», o no vota. O

su voto será nulo. Pero de confeccionarla o modificarla, nada de nada. En el sistema de escrutinio

proporcional al que vamos quiénes imponen su ley son los partidos y al ciudadano no le queda más

opción que la de votar la lista completa o no hacerlo. Para eso las candidaturas estarán, como se dice en el

argot al uso, «bloqueadas y cerradas».

¿Que a usted le gustaría, por ejemplo, mezclar en su opción para su provincia a unos candidatos de

«Alianza Popular» con otros del «Centro Democrático»? Bueno; pues no lo podrá nacer. Usted a votar lo

que le pongan, y chitón. Sus cacareados derechos democráticos no dan para más.

De ahí, querido lector, la urgencia y la necesidad de no dividir a fuerzas de ideología similar. De ahí,

querido conciudadano, mi voz —hasta ahora clamando en el desierto— de unir lo que es análogo y

anteponer el bien común al deseo de protagonismo de jefes y jefecillos. De ahí el convencimiento de

quienes creemos que, en estas primeras elecciones, la multiplicación, el fraccionismo de grupos políticos

de signo conservador y centrista sólo ayudará a que, en el futuro Congreso, las disciplinadas huestes de la

Izquierda se impongan. De ahí, por último, su responsabilidad, la de usted, querido amigo; si en la

inmediata contienda electoral no triunfa una candidatura con disciplina interna e ideología robusta, que

apoye a un Gobierno estable, dispuesto a resolver los problemas reales del país y no pendiente, todos y

cada uno de los días, de ser derrotado en la Cámara, ni arreglaremos ninguna de las cuestiones que

tenemos planteadas ni conseguiremos una democracia fuerte.

Los peores enemigos de la democracia son los que hacen de ella un mito ideal, pero irrealizable. Y, de

entre éstos, los más funestos, son aquellos que anteponen el afán protagonístico propio al deseo —

deber— de servir, con eficacia, los intereses del pueblo español.

De todos nosotros depende, que la democracia —que es sobre todo un método— sirva para un buen fin o

para que España se transforme en el patio de Monipodio.

J. M. R. G.

 

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