Autor: Massó Tarruella, Ramón. 
   El desencanto de la democracia     
 
 La Vanguardia.    24/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

VIERNES, 24 DE FEBRERO DE 1978

La vanguardia española

Claves de la predemocracia

EN una ocasión muy lejana a la actual, nada. menos que hace sesenta años,

escribía Ortega que en el siglo XIX se había cometido «el monstruoso error de

aplicar a la política los mismos sentimientos radicales qua antes se apacentaban

en la religión». La observación del filósofo no se dirigía tanto a la

mescolanza de trono y altar, Iglesia y estado, a la que tan dados hemos sido

en este país, como a otro aspecto más Importante. Lo que Ortega , denunciaba

coincide con lo que acaba de denunciar precisamente Santiago Carrillo a

propósito de un «defroqué comunista: Jorge Semprún. Los que han venido al PCE

como a una iglesia, cuando rompen con el Partido, e comportan como los

conversos de cualquier religión.»

Con ello, el secretario general del Partido Comunista advierte a 1oa suyos, de

que en su organización no cabe la beatería que conduce al fanatismo. La

política es una actividad instrumental, limitada, que no es capaz de

organizar la amistad entre los hombres, ni la lealtad mutua, ni el amor, ni

la diversión». Pero , eso que aparece casi diáfano cuando la mente se pone a

analizarlo sin prejuicio, se oscurece en cuanto se espera demasiado de las Ideas

y de los hombres políticos: cuando se olvida que la política no es una religión.

En algunos casos los sentimientos que suscita la actividad política son una

caricatura de las creencias religiosas de los ciudadanos. . Así por ejemplo,

el providencialismo mecanicista (todo se mueve desde arriba con hilos) que

anidó en los países de la Contrarreforma, dio lugar a que la superstición y la

milagrería encontraran caldo de cultivo en España. Eso fue lo que

ocurrió en la época de la máxima decadencia del frustrado Imperio

español, la de los austrias menores, cuando los clásicos castellanos

describían con gracejo y amargura esa postura de

providencialismo mecánicogenerador de soluciones simplistas y mágicas.

. \

En la «Historia del Buscón, Quevedo retrata a un arbitrista que afirma tener

en sus manos

la solución para los más graves problemas . que en aquellos momentos afectaban

al país y tenían acongojado al monarca. Lo decía con • estas palabras: «Pienso

Imprimir otros trabajillos entre los cuales le doy al Rey modo de ganar Ostende

por dos caminos».

(A continuación daba el arbitrista la solución de cómo ocupar la plaza de

Ostende, rodeada de mar.)., «Bien sé que la dificultad de todo está en ese

pedazo de mar; pues yo (¡y esta era la mágica solución!) doy orden de, chuparle

todo con esponja y quitarla de allí.»

Por muy exagerado que parezca el caso que se aduce, la figura quevedesca del

«loco repúblico y de gobierno» o la del arbitrista, que fue un personaje común

de otros tiempos, el sigue todavía vigente, la hemos heredado. Las quinielas y

la perpetua espera de un salvador son casos extremos pero ejemplos de ahora

mismo. .

En ocasiones es un hombre, en otras Unas ideas, las que tienen que

resolvernos los problemas y las que nos harán felices casi por ensalmo, a

pesar de que nunca haya sido misión de la política garantizar la

felicidad cívica. Y cuando la realidad nos despierta del ensueño, los

batacazos son aparatosos, como en el caso del buen Don Quijote que por algo

es el prototipo del héroe español.

Refiriéndonos a nuestro ´Inmediato´ presente sorprende constatar hasta qué

extremo se perpetúan los ensueños. Tanto en los pueblos y nacionalidades que

componen la actual Monarquía española como en las distintas tendencias

Ideológicas que en aquellos parajes existen, parece que el ensueño ha vuelto a

producir el desencanto. Y ahora, democrático, El desengaño, la desilusión o,

simplemente, la perplejidad, cuando no la añoranza, la nostalgia. o la

desesperación,, son sentimientos que entremezclados o matizados anidan en

muchos sectores de la ciudadanía, digan lo que digan las encuestas. .

De todo ello, tres son las actitudes negativas que básicamente se presentan

ante el cambio político operado desde el 20 de noviembre de 1975: la

añoranza, el desencanto la perplejidad.

. . .

No parece, sin embargo, correcto Identificar respectivamente estos sentimientos

con la derecha, la Izquierda y el centro, porque en los votantes de cada una de

esas tendencias Ideológicas se dan, probablemente, parte de los tres estados

emocionales descritos, "El utopismo, por ejemplo, ha Ido decepcionando a

los antiguos militantes de la clandestinidad y a los votantes más Idealistas

de los partidos y de las centrales sindícales a medida que veían que los

problemas no se iban resolviendo ni con la rapidez ni con la plenitud

esperada."

Podríamos presentar también ejemplos de actitudes desencantadas en los

sectores de la derecha, incluso en analistas de fina Inteligencia política, Así,

cuando se ataca al Presidente del Gobierno o a sus jóvenes colaboradores,

a los que se Insiste en descalificar por su falta de

osamenta intelectual y de armadura histórico-cultural, se está en el fondo

enjuiciando a los actuales . responsables del poder ejecutivo desde una

perspectiva que no corresponde a la operativa política. La política y más aún la

pre-democrática, es algo que se aparta radicalmente de la claridad de una

lección

de cátedra, de un ensayo o de un tratado científico.

, .

D´Ors solía decir que el político sólo escribe cuando deja de serlo, es

decir cuando deja de actuar como tal. La transparencia y la reflexión del

análisis se compagina mal con la acción inmediata y más aún con la acción que se

exige en los comienzos de un régimen.

Es comprensible que la madurez psicosociológica propia de la etapa

pre-democrática en la que nos encontramos empuje a la exaltación y a la

confusión. Y así, que crezcan todo un sinnúmero de desilusiones, perplejidades,

decepciones, desencantos, etcétera. El hecho es explicable; se trata de que en

las profundidades de nuestros sentimientos ciudadanos ha hecho eclosión la

pubertad política. Tal vez sea ésta (Junto a la excesiva carga emocional

que algunos ponen, ante la actuación política) la razón del desconcierto

que nos rodea. Dado que somos políticamente adolescentes, la descripción de

Spranger en su «Psicología de la edad Juvenil", puede ser esclarecedora. El

psicólogo alemán describe así la mentalidad política del adolescente: «El

adolescente con su Inclinación a Idealizar, a criticar, con su técnica simplista

de claroscuro en la Interpretación del carácter, no puede ser todavía el

hombre con un conocimiento realista y fríamente observador».

El fenómeno puede ser distorsionante, pero como todo hecho biológico no es

susceptible de calificación moral, El que los ciudadanos españoles seamos en su

gran mayoría políticamente adolescentes no es ni bueno ni malo, es

simplemente un, hecho, una herencia de cuarenta años.

´ .

Ante todo ello sólo cabe una terapia: hibernar las pasiones y rebajar el

papel de la política al nivel pragmático que le corresponde. No dar a lo

político mayor dimensión que la que tiene.

. ´

No repitamos, como tantas veces, el error da esperar Impacientemente o de exigir

demasiado de nuestros líderes: precisamente ahora cuando desde afuera nos

contemplan con admirado asombro, ¿Cómo van a hacer los de la derecha, del

centro, o los de la Izquierda en cuatro años, lo que no se hizo en

cuarenta, ni en cuatrocientos?´

Ramón MASSO TARRUELLA

 

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