Autor: García Jiménez, Jesús. 
 Nueva frontera de la educación. 
 La formación política, fuera de juego     
 
 Informaciones.    13/10/1976.  Página: 1,8. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

1976

NUMERO 310

NUEVA FRONTERA DE LA EDUCACIÓN

LA FORMACIÓN POLÍTICA, FUERA DE JUEGO

Por Jesús GARCÍA JIMÉNEZ

CUALQUIERA que se eche en caía, con un mínimo espíritu de objetividad, la estensa, confusa y a veces

contradictoria literatura que fija la política educativa española desde 1937, se verá forzado, a concluir que

la educación no ha logrado desembarazarse en estos últimos cuarenta años de una manipulación al

servicio de finalidades ideológicas concretas.

En la España nacional, la ley de 1938 con Pedro Sainz Rodríguez, primer ministro de Educación del

Régimen de Franco, señalaba a propósito de la historia que «el catolicismo es la médula.misma de la

Historia de España». Por su parte, la reforma de la enseñanza de 1937 en la zona republicana afirmaba, en

cambio, que «el profesor de Historia estudiará el camino seguido por todos los pueblos para libertarse de

sus opresores, como antecedente para explicar la lucha actual de nuestro pueblo».

Como se ve, desde los orígenes mismos del nuevo Estado, cada loco andaba con su tema, pero todos

sospechosamente coincidían en algo :«El agua a mi molinlto.»

La ley de Enseñanza Primarla de 1946, con Ibáñez

Martin, Que con ligeros retoques estará en vigor hasta 1967, señalaba como objetivo prioritario «Infundir

en el espíritu del niño ej amor y la idea de servicio a, la patria, de acuerdo con los principios innovadores

del Movimiento», Inspirandose en el «sentido católico consustancial con la tradición española y

ajustándose al dogma, la moral católica y Jas disposiciones del derecho canónico vigente» articulo 5.º).

Se hace bien patente i y no hace falta acumular ejemplos) que la educación española de los últimos

cuarenta años ha estado dirigida Ideológicamente por la Iglesia y por la Falange.

«REINA POR UN DÍA»

Instalada en las vigas maestras del sistema, la universidad de Ruiz Jiménez, con Lain y Tovar, fue apenas

«reina por un día» en la nube rosa de uno de los más extraños y celebrados idilios del régimen, el de ia

Falange aperturista (Fraga-Fernández Miranda) con el «neoliberalísmo» democristiano >Sánchez de

Muniain, Ruiz-Jiménez, etc.). Aranguren ha salvado la sinceridad del intento. Nosotros respetamos su

probada perspicacia para el análisis de lo ético-politico. Las buenas intenciones han de salvarle siempre (o

casi siempre», pero aclarando que aquella liberal y «sincera» propincuidad de un sector de la Falange más

era para el régimen galanteo que serias intenciones. Se trataba en él fondo de la Universidad «elitista» y

formadora de los «profesionales del mandos, a la que se habla referido Ortega, recién reivindicado por la

política oficial, una Universidad preocupada por las «minorías conductoras» atenta a «enseñar a dirigir y

a servir». Se afanaba y ufanaba la política de Ruiz-Jiménez de merecer el dictamen, con el que Saavedra

Fajardo había distinguido a la del rey don Femando: «Fue la política de un hombre que supo escuchar.»

Era el diseño y traspunte de ese «bonhomo del diálogo», que en él paisaje arriesgado de la política

nacional ha sido y es Joaquín Ruiz-Jiménez, Pero el «diálogo» entendido entonces más como método que

corno actitud. Las actitudes no son deseos, sino tipos de conducta. En ellas se incoa y anticipa ya de algún

modo la acción misma. Son modos de compromiso. Sin embargo, el compromiso de aquella Universidad

«dialogante», proclamada como «órgano pensante de la Comunidad Nacional», se guardaba en la manga

cartas fundamentales, que los tahúres de la política educativa no consideraban negociables. Es norma

sabida de todo apostolado y apología (de todo había): Hacernos a todos para ganarlos a todos.

"APOLITICISMO»

En el discurso de clausura de los actos conmemorativos del VII centenario de la Universidad de

Salamanca, Ruiz-Jiménez habló de que a los «saberes de dominación» había que asociar los «saberes de

salvación», entroncados con el último destino de los hombres.

En pacifica posesión de la base ideológica del sistema, Lora Tamayo, con un entusiasmo renovado en la

reunión de rectores de Göttingen en 1964, proscribía «toda injerencia política de estudiantes y profesores

en la Universidad». Pero veamos el modo curioso que Lora tenia de entender, lo que él llamaba

«apoliticismo»: «Apoliticismo decía), que en ningún caso pueda suponer la menor transigencia en el

deber de acatamiento y lealtad a los Principios Fundamenta les del Movimiento.» (Discurso ante las

cortes, el 13 de julio de 1955.)

El sentido critico y prospectivo de José Luis Villar se enfrentó con la tarea nada fácil de «salvar «1

desfase entre un sistema educativo hermético y las necesidades creciente» de una sociedad en desarrollo».

Sus decisiones, sin embargo, quedaron Invalida, das por las propias contradicciones del sistema. La ley de

Educa clon, nacida en la fidelidad a los principios «inmutables» del Movimiento, no tuvo siquiera la

suficiente libertad de imaginación prospectiva y se ha ido consumando y consumiendo en el empeño

inútil de adaptarse a un contexto impensable e informulable para el texto mismo de la ley, cuyas

contingencias políticas resultaban obvias a la altura de 1970. En pocas palabras: Es la ley creada en el

seno de un sistema para ser aplicada fuera de ti.

A tan grave contradicción política hay que su mar la contradicción eco nómíca, representada por la actitud

miope y tacaña del capital, que, como hemos dicho en alguna otra ocasión, ni siquiera estuvo dispuesto a

financiarse su propio traje. La apertura y remodelación del sistema educativo de Villar ha sido, pues,

veinte años después del primero, el «segundo sueño de verano».

ORDEN PUBLICO

Lora Tamayo creyó que la contestación política en la Universidad era un simple problema de orden

público. Julio Rodríguez y Martínez Esteruelas llegaron a más y se tomaron la justicia por su mano,

suponiendo que el problema quedaría resuelto con la aplicación del Reglamento de disciplina académica.

El ministro poeta del Gobierno Carrero sostenía que «lo más importante era que la Universidad quedase

libre de parásitos políticos» y se impidiera la utilización política del Alma Mater. Pero la utilización de la

Universidad para la manipulación ideo lógica estaba ahi. Ha sido y sigue siendo un hecho patente, por

ejemplo, en la presencia de las «Tres Marías», sumidas en el descrédito y rechifla de la mayor parte de los

alumnos.

Hoy, mientras redactamos estas lineas, leemos todavía en el libro de texto de formación política que «los

llamados regímenes democráticos son pura ilusión», -que «la neutralidad religiosa del Estado liberal no es

más que Intolerancia para obstaculizar la labor de la Iglesia» y que «el eterno destino de España es

iluminar y salvar al mundo». Se rechaza el sistema de partidos políticos, «por infecundos y causantes de

la desintegración nacional», y se afirma que «el regionalismo es patriotería geográfica liberal,

aldeanismo, reacción primarla, sentimiento puramente vegetativo».

Los guardianes de la ortodoxia política de nuestros universitarios siguen rechazando el principio

«demoliberal» de la representación inorgánica y el sufragio universal. Tratan de justificar al Estado

totalitario y sostienen que la participación del pueblo en las tareas de gobierno debe partir del principio de

que todo poder viene dado por Dios.

Amantes del orden, repudian la «paz de los sufragios», porque la experiencia demuestra que con

frecuencia ha sido motivo de graves alteraciones del orden público.

Con estos y otros brillantes argumentos se pretende formar a las Juventudes universitarias españolas para

!a democracia y se les pide encima, como si fueran tontos, que no se metan en política. Lo que pienso yo

es que tendrán que meterse precisamente para salir de ella. Que metidos, bien metidos (y con poca

fortuna) ya lo están.

 

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