Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Una lanza presidencialista     
 
 Ya.    28/12/1977.  Página: 5. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

UNA LANZA PRESIDENCIALISTA

LA democracia inorgánica no es un ajustado patrón constitucional; es un ómnibus

en el que caben innumerables sistemas políticos, unos vecinos del autoritarismo,

como el Méjico contemporáneo, otros de la anarquía, como la II República

española. La fórmula que patrocina el borrador constitucional, recientemente

divulgado, es & parlamentarismo casi puro. Me parece un ejemplo de pendulazo

Institucional, y una imprudencia grave.

Los regímenes parlamentarios se definen por contraste con sus opuestos, los

presidencialistas. La diferencia entre ambos es rotunda y esencial. En los

parlamentarismos, el Gobierno es un mandatario del Parlamento, porque éste

nombra y sustituye a aquél. Es el llamado voto de investidura o de confianza en

cuya virtud la Cámara designa o confirma al presidente del Consejo

indirectamente a sus ministros, y es también el llamado voto de censura por el

que la Cámara derriba o sustituye al Gobierno, Tanto e] uno como el otro voto

son esenciales al parlamentarismo, porque sólo es políticamente soberano quien

puede nombrar, y además des

tituir. En los regímenes parlamentarios, ej poder polílico y, por tanto, la

soberanía efectiva, residen en el Parlamento, el cuat ejerce la doble función de

legislar por si mismo y de gobernar a través de un mandatario, que es el

Gabinete.

LA situación de los presidencialismos es muy distinta. El Gobierno no es un

mandatario del Parlamento, porque éste carece de la doble potestad de

legitimarlo y de condenarlo. Los gabinetes pre.sidencialistas son, en mayor o

menor medida, independientes del Parlamento, porque o «u proclamación o au

continuidad no dependen de la Cámara. En las democracias présidencialis tas el

efectivo titular de la función ejecutiva no tiene su origen en las cámaras, sino

en el sufragio universal y directo de los ciudadanos, o en el voto de unos

compromisarios. En los regímenes presidenclalistas, el Gabinete es un mandatario

de la nación para gobernar, y el Parlamento es un mandatario de la .nación para

legislar y fiscalizar. En tal caso, el Gobierno no responda constantemente de su

gestión ante los diputados, sino periódicamente ante ios electores. Es un

Gobierno que tiene, por definición, la duración cíe un mnndato cíe varios años.

¿Por qué estimo que, supuesta la democracia inorgánica que nos ha sido otorgada,

es menos inviable para España un modelo presidencialista que uno parlamentario?

Porque Jos gobiernos de origen parlamentario sólo son estables cuando hay un

partido mayoritario o una coalición duradera que puede mantener su apoyo al

Gabinete durante un período raKonRblemnnt´i 1 ;i r >f n. PTO cuando el

Parlamento está dividido en varios partidos minoritarios, programática mente

enfrentados, las coaliciones para respaldar a un Gobierno suelen ser o efímeras

o superficiales. Entonces el juego parlamentario se convierte en una cacería de

carteras ministeriales, y la actividad gubernamental tienp que concentrarse no

en administrar, sino en sobrevivir. La consecuencia de la Inestabilidad

gubernamental es la ineficacia, y eí efecto de la inseguridad ministerial es la

parálisis gestora. Asi se camina hacia el Vacío de autoridad o consunción del

Estado.

TVE las elecciones del pasado •^ junio han surgido ocho grupos parlamentarios,

ninguno de lus cuales alcanza la mayoría. Nuestro transitorio sistema actual no

es parlamentari.sta; es una especie de presidencialismo regio con claro

predominio del Gabinete sobre las Cortes. A pesar de ello, la característica más

acusada de la coyuntura nacional es la anemia gubernamental. Si con la actual

composición de las Cortes aplicáramos un esquema parlamentarista puro, la

paralización del Estado seria aún mayor. Y no olvidemos que las últimas

elecciones se celebraron en unas condiciones de privilegio que envidiaría er

famoso Romero Robledo. Es muy probable que en las próximas no salga ningún

partido con la mitad más uno de los escaños, lo cual, si adoptásemos el

parlamentarismo, prefigurar ¡a un futuro no menos oscuro que el de nuestra II

República: ingobernabflidad y caos,

¿Cómo instrumentar un presidencialismo que asegure estabilidad al Gobierno? La

fórmula típica es la designación del titular del podor ejecutivo por sufragio

universal y directo, afin de que tenga una autoridad propia, no subordinada a

los parlamentario». Aunque Jiabitualmente aplicado en las repúblicas, el

procedimiento es también compatible con la monarquía: el presidente del Gobierno

.sería elegido por la nación para un período concreto

entre los candidatos presentados por un determinado número d* electores o por

los partido» de suficiente entidad. Otra fórmulaes la de que sea designado por

unos compromisarios ya específicos, ya institucionales. Y en este último

supuesto cabria que las Cortes nombraran al presidente del Consejo por una sola

vez durante la legislatura, con ]o que no tendrían otro modo de relevarle que

autodisolviéndose, o sea, asumiendo plenamente la responsab 111 d a d política

del eventual error, con lo que ínestabllidaé para los diputados y senadores

podría ser un seguro de,relativa estabilidad gubernamental.

Lo decisivo es aceptar el principio presidencialista; luego lafl ijosibílldades

de desarrollarlo son múltiples. No parece que aea demasiado pedirnos a los

legisladores que en vez de repetir el esquema parlamentarista de la República

Federal Alemana produzcamos un modelo pensado desde. España y para España, en el

que al menos haya ciertas garantías de que alguien pueda gobernar,

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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