Autor: Carabias Sánchez-Ocaña, Josefina. 
   Chicote     
 
 Ya.    28/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

JOSEFINA CARABIAS

CHICOTE

No es culpa mía si tengo que ocuparme de temas tristes dos días seguidos.

Pero, aunque sea triste, consuela pensar que ya han descansado en paz, la misma noche y casi a la misma

hora, dos tipos extraordinarios -cada uno por su estilo, claro está-, a los que el tremendo sufrimiento

físico tenía fuera de toda actividad haría tiempo y que habían pasado sus mejores años repartiendo alegría.

Si ayer me ocupé de una figura universal, como Charlot, faltaría a mi deber de cronista si no dedicara hoy

unas líneas a una figura popularísima y en muchos aspectos ejemplar -le titulaban "barman", pero era

también un "grande" de la hostelería española-, cuya desaparición me apena mucho, porque, además,

era amigo mío.

Reconozco que la amistad de Pedro Chicote, con ser algo muy estimable, no era ningún privilegio

excepcional, los amigos de un hombre tan simpático seguramente se contaban por millares dentro y fuera,

de España. Pero, por eso mismo, considero más meritorio, por su parte, que nunca olvidara a ninguno y

que cada vez que lo encontrábamos nos dedicara a cada uno la misma atención. Una atención tan

afectuosa que nos habría permitido creernos que éramos los únicos. En esas dotes de cordialidad, unidas a

su empuje de gran trabajador, inteligente y hábil, es donde creo yo que hay que buscar el .secreto del

éxito de Pedro Chicote, mucho más que en aquellas mezclas de bebidas de su invención que muchos no

probamos nunca y-dicho sea ahora que no nos oye nadie-él tampoco bebía.

No sé dónde he leído que Pedro Chicote "era el símbolo de la España de la posguerra". Nada más

inexacto. Aunque huya sido escrito con cariño y hasta como una alabanza, podría darles a los jóvenes la

impresión de que, como en tantos otros casos, fue una situación determinada por acontecimientos tristes,

la que actuó como una especie de catalizador de su éxito, que databa de mucho antes.

Pedro Chicote, que yo sepa, nunca tuvo ningún golpe de suerte que fuera ajeno a sus esfuerzos de tenaz y

hábil trabajador, y cuando abrió su bar propio en 1930. cosa que casi coincidió con la publicación de su

"Cocktail del día" en el diario "Ahora", era ya un personaje madrileño famoso.

Empezó a los ocho años vendiendo café caliente-a cinco céntimos la taza-en los alrededores del

mercado de la cebada. Se levantaba a las cuatro de la mañana en vista de que los descargadores eran sus

mejores clientes. No sé si despuès o al mismo tiempo trabajaba como repartidor de telegramas y también,

en muy temprana edad, como "botones" del hotel Palace. Fue después cuando en uno o en lus dos

uniros grandes hoteles-que constituyeron el primer síntoma de que Madrid podría convertirse en una

gran ciudad de corte europeo- surgió un joven "barman"-esta palabra tampoco había sonado mucho

hasta entonces-que con su simpatía, su amabilidad y sn alegría "se llevó de calle" a todo el mundo,

como se decía entonces.

Siempre trabajó comoun forzado y siempre con buena cara. Los dibujantes le pintaban con el pelo muy

planchado-la moda de entonces- y una sonrisa de oreja a oreja que no era exageración del

caricaturista, sino trasunto fiel de su gesto habitual. Si alguno se proponía hacer de verdad caricatura y

no retrato, tenia que tomarte de perfil, con la sonrisa toda seguida hacia arriba y terminando en la

coronilla.

"Hijo predilecto de Madrid" era uno de los títulos y honores que Pedro Chicote había recibido a lo largo

de su vida, que, por desgracia, no ha sido tan larga como habría podido ser.

Creo que ningún otro honor le venía tan al pelo. Porque Chicote, era el madrileño tipo, tal como nos lo

imaginábamos los que soñábamos en la adolescencia con vivir en una capital cuya gracia, simpatía y

alegre desenfado se reflejaban en los sainetes, zarzuelas y comedias de las primeras décadas del siglo.

Pedro Chicote era un tipo como inventado por don Carlos Arniches. El chico pobre y bienhumorado,

ingenioso, industrioso, trabajador, que anduvo a bofetadas con la vida, pero que, a fuer/a de saber

bandearse, la vida acabó por "ponerle buena cara", como él había hecho siempre con todo el mundo.

También el hogar de Perico debía de ser muy madrileño, al estilo arnichesco. A su padre le gustaba el

teatro -una entrada de "gallinero" costaba menos de dos reates-y se sentía orgulloso de apellidarse

Chicote porque asi se llamaba el gran actor don Enrique, que hacía pareja con la popularísima Loreto

Prado.

Fíjate si a mi padre le gustaría el teatro y esa compañía, que a una de mis hermanas la puso Loreto de

nombre, Loreto Chicote, o sea la cabecera del cartel del teatro Cómico. Mucha gente, no creía que eso

fuera su nombre verdadero, y a la pobre le costaba mucho trabajo que lo tomaran en serio cuando tenía

que arreglar papeles-me decía Pedro, cuando su apellido había superado en popularidad al del actor,

sobre todo entre las nuevas generaciones.

Seguramente su padre no hubiera podido imaginarse que ocurriría una cosa asi. Es decir, que aquel niño

bueno, risueño y trabajador que vendía café caliente a perra chica la taza sería no sólo el personaje más

popular de Madrid, sino muy bien recibido y agasajado a través del ancho mundo al que ha dado la vuelta

muchas veces.

 

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