Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El estado de la cuestión     
 
 ABC.    15/02/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

APUNTE POLÍTICO

El estado de la cuestión

Por José María RUIZ GALLARDON

No es inútil, de vez en cuando, sobre todo en tiempos de aceleración histórica, insospechada, hacer un

breve alto para recapitular, la reciente desarticulación de comandos terroristas del «G. R. A. P. O.» —que

son algo real, operativo e identificable ideológicamente con la extrema izquierda— autoriza a las

siguientes conclusiones:

1. El Gobierno ha conseguido la máxima cota de credibilidad que tenía seriamente deteriorada a raíz de

los secuestros, pues, si el primero alentaba contra el Estado mismo en la persona de uno de sus más altos

dignatarios, el segundo, el perpetrado en la persona del teniente general Villaescusa, era un desafio a la

médula del Estado; el Ejército, cuya neutralidad se ha querido romper.

2. Al tiempo, esos dos secuestros han proporcionado una basa importante a sectores de la izquierda

política del país que, al repudiarlos enérgicamente, se presentan ante la opinión como lo que nunca han

sido; esto es, como partidos de orden. En este sentido, el «G. R. A. P. O.» y sus acciones terroristas han

prestado un servicio inestimable, muy concretamente al «Partido Comunista Español», tan evidente y tan

eficaz que da pie la sospecha de que no están descaminados quienes piensan que los «intoxicadores» de

marxismo-leninismo de que adolecen los «grapos» hay que buscarlos entre aquellos a quienes esa

intoxicación sirve tan maravillosamente y son, al tiempo, expertos destacadísimos en la inoculación de

tales doctrinas. Rentable agitación doctrinal.

3. Se produce también con ello un cierto corrimiento de la presunta adhesión política popular en claro

perjuicio de los hombres y la ideología de «Alianza Popular». Es preciso reconocerlo: existe toda una

campaña muy bien montada para identificar a «Alianza Popular» con un puro, simple y mimético

continuísmo franquista, expropiándoles, contra toda razón y justicia, de su actitud sinceramente

reformista, que fue la clave de su aparición en la escena política española y la justificación de sus

fundadas esperanzas electorales.

4. También facilitan, de una parte, y dificultan de otra, estos trascendentales acontecimientos, la

prevalencia de la tan pedida amnistía total. La facilita, pues ha desaparecido toda sombra de duda de que

si concederla se estaba cediendo no a pretensiones de magnánima generosidad, sino a exigencias

intolerables por parte de quienes, a la fuerza y con actos de fuerza, querían arrancar del Gobierno la

decisión amnistiadora.

5. Pero la dificulta desde el momento en que parecería inconcebible extender los beneficios de la

indulgencia hasta aquellos mismos que tan recientemente han cometido tan viles hechos. Con todo, quizá

no estemos lejos de una medida en favor de los militantes de "E. T. A". No juzgo, describo.

6. Pero el río profundo que puede desbordarse y anegar los campos, hoy apacibles, de la política

española sigue siendo la preocupante y casi catastrófica situación económica. Aunque el viernes

próximo se reúne el Consejo de Ministros, sin duda con estos temas como principales en su orden

del día, lo cierto es que el Gobierno tiene que enfrentarse con un dilema difícil de resolver; o arrastrar,

con la notoria impopularidad que conlleva, la situación, adoptando medidas profundas y drásticas, o

permitir la progresión del ya acelerado deslizamiento por la pendiente del paro, la inflación y la regresiva

desinversión, que hará que el próximo Gobierno quizá —como le ocurre a Soares en Portugal— se

vea impotente para enderezar la situación económica. Y sin una economía saneada no habrá paz

social y será más que difícil conseguir la estabilidad política indispensable para acometer las tareas

constituyentes atribuidas desde hace tiempo, por voluntad de los partidos, a las futuras Cortes.

7. Así las cosas, quiza la única solución sea la de enfrentarse decididamente con el tema económico

desde ahora mismo, y con las manos desatadas del Gobierno que, en esta primera ocasión electoral,

renunciara, explícitamente, a tomar partido o a propiciar uno propio, manteniendo la más exquisita

neutralidad, desdramatizando el clima político y enderezando la situación económico-social. Hay, lo

reconozco, que tener mucho patriotismo y desinterés personal para elegir esta opción.

J. M R. G.

 

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