Autor: Rubio, José Luis. 
   Responsabilidad histórica de la izquierda     
 
 El Imparcial.    21/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Responsabilidad histórica de la izquierda

SE dijo en su día por voz autorizada la de Ortega», y no con orgullo, sino con

pesadumbre; en España, lo que el pueblo no ha hecho se ha quedado sin hacer.

Entre nosotros, las minorías fallaron siempre, nunca estuvieron a la altura de

su pueblo. Las minorías en todos los sectores puestas a encabezar al pueblo,

torcieron su ruta y lo despeñaron.

Por supuesto, en la derecha. Pero más dolorosamente aún en la Izquierda, Si no

hubo dirigencia conservadora inteligente, menos hubo liderazgo revolucionario

capaz. V esto ha sido, como es lógico, Infinitamente más grave para nuestro

pueblo.

Aquí la «vanguardia» izquierdista, sobre todo la político-intelectual, nunca

supo encabezar una verdadera acción revolucionaria liberal en su día, socialista

en el nuestro. Pero su incapacidad revolucionaria la justificó con un aire

ceñudo, torvo» de sectarismo. No hizo revolución, pero sí creó, genero,

consolidó fuerzas contrarrevolucionarias. Incapaz de hacer una revolución,

incapaz de seguir la revolución popular sin controlarla, fue muy hábil en el

encauzamiento de la acción transformadora hacia objetivos particulares

antimilítares, antirreligiosos, separatistas, etcétera, que hincharon y

fortalecieron la contrarrevolución. Incapaces siempre tal vez porque no les

importaba demasiado de imponer una tajante reforma agraria, lucharon con el

mayor denuedo por la secularización de los cementerios, por ejemplo.

LA incapacidad revolucionaria el miedo a abordar do cara el tema de la

propiedad de los medios de producción» para lo que siempre hubo y hay dilaciones

justificadas se encubre con la supercapacidad sectaria, que genera

contrarrevolución.

«Eí pueblo unido jamás será vencido*» Y parece que la «vanguardia» de ese pueblo

asume como primer objetivo buscar y alentar todos los posibles motivo» de

división y, por tanto» de derrota, fuá izquierda con verdadero ánimo

revolucionario ´ánimo de hacer socialismo; traspasar a la colectividad la

propiedad privada de los medios de producción, trataría por encima de todo de

aislar a tos capitalistas puros, barriendo para dentro de la izquierda a todos

los sectores no capitalistas. Nuestra vanguardia izquierdista barre para fuera,

día tras día regala sectores y capas sociales al capitalismo, a la derecha.

Porque es incapaz de aislar al «enemigo principal» —al enemigo de la totalidad

popular— y de olvidarse de sus «enemigos secundarlos» los enemigos de sus

propias y particulares concepciones de minoría

NO dudo de que la raíz de este comportamiento es, originariamente, derechista.

Desde el sectarismo de la reacción fernandina en 1814, se han originado una

serie encadenada de reacciones sectarias, una tras de otra. Pero eso es propio,

posiblemente, de la derecha. Pero no es propio de la izquierda. lrna izquierda

que tiene por delante, ¡aun!, tareas incumplidas de la revolución liberal,

tareas como la reforma agraria, y que tiene por delante la ingente tarea de

socializar la economía, y que ha de hacerlo según ahora necesariamente se impone

por vía de conquista de las mayorías, no puede permitirse el lujo del menor

sectarismo, de la pérdida del más mínimo sector popular, por empecinarse en

aspectos no esenciales a la transformación revolucionaria.

En 1931 la incapacidad revolucionaria y la capacidad sectaria trajo en 1933 el

triunfo de la derecha. El «bienio negro» produjo otra reacción, otra incapacidad

para desbordar el marco capitalista acompañada del desbordamiento sectario. Y,

ocioso es decirlo: un 18 de julio y cuarenta años de "rabioso sectarimo

conservador.

¿No hemos de aprender nunca? Por lo visto, no. l´na gran parte de la «gran

izquierda» la que cuenta politicamente ha cedido en forma, total en todjis sus

aspiraciones socialistas, ha aceptado, lisa y llanamente, no salir del

capitalismo, a> udar al capitalismo a salir de su crisis.. Se ha rendido

revolucionariamente. Pero compensa su deserción con una defensa desenfrenda del

aborto, de la expansión «gay», de la imposición del término «Estado español»

para suprimir e! de España, de la clasificación de los pueblos españoles en dos

clases primera, «nacionalidades» y, segunda, «regiones», de la dogmatización del

tema de la bandera...

EL resultado está claro: consolidación absoluta del sistema capitalista, al que

no se pone en discusión, y que alcanzará su carácter irreversible con el Mercado

Común y la OTAN.

Eso, por un lado. Y, por otro: crecimiento de la derecha y de la «militancia»

del activismo de la derecha. No sólo crece la ultraderecha su gravedad no está

en los viejos del 36, está en las crecientes hornadas de adolescentes, crece la

simple derecha militante, capaz de ponerse en marcha y de salir a la calle.

Porque la izquierda la alimenta, la engorda, con su negatividad o, al menos, su

confunsionismo ante el tema de la unidad de España, ante el tema de libertad de

conciencia y de garantías de tos padres en la educación de sus hijos. Son muchas

las gentes que, en principio, no tienen nada contra la democracia, contra la

socialización económica, pero que están aterradas ante la «desmembración de su

Patria» o la imposición a sus hijos de lo que estiman corrupción de sus

conciencias.

Vn esfuerzo de reflexión debe encarar a la izquierda con su responsabilidad

histórica: no producir ahora otro sectarismo como reacción contra el férreo

sectarismo de los, cuarenta años franquistas, declarar la guerra a un sólo

enemigo: el orden económico capitalista, y dejar todo lo demás a faconciencia

ubre de cada uno, sin imposiciones dogmáticas de partido. Si no lo hacemos,

pronto tendremos a la derecha sectaria en el poder, para continuar nuestros

perpetuos bandazos.

JOSÉ LUS RUBIO

Mañana: ;Una condena sin fin!

* de Ángel María de Lera.

 

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