Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Las dos navajas     
 
 Hoja del Lunes.    26/12/1977.  Página: 2-. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

PAGINA 9 - 26 diciembre de 1977

LAS CONSTITUYENTES

LAS DOS NAVAJAS

ESTAMOS todos muy contentos de que los gastos del Estado, los gastos que va a hacer en 1978, hayan

sido presentados en conjunto. Lo que pasa es que su descripción en el Congreso ha rozado la locura

homeopática. Personalmente creo en los presupuestos generales bajo palabra de honor. El señor

Fernández Ordóñez es un cumplido caballero y encima es el ministro de Hacienda. Además, cuando

habla tiene como una austera elegancia, un toque humanístico que le aleja del mal gusto tecnocrático.

Evidentemente es un tecnócrata, en la acepción amplia del término, pero su edad mental es la de un

filósofo. Yo creo que su concepto de los presupuestos es arquitectotuco. Estos presupuestos generales

son un edificio (no en el sentido en que Mihura y Tono llamaban "el edificio" al monasterio de El

Escorial), que extá muy bien coordinado en si mismo, y que el señor Fernández Ordóñez entregó, con

sabiduría salomónica, al ansia fraccionadora de los diputados, que no fraccionaron nada. Claro

que ya se cuidaba el señor Alvarez de Miranda de advertir a los diputados, cuando alguno de ellos iba

adquiriendo perspectiva política en sus disquisiciones, que el reglamento mandaba t*o salirse del

edificio y que había que verlo nada más que por dentro. Como dijo muy bien el ministro, ni los

presupuestos ni las decisiones políticas pueden escribirse sobre una página en blanco. Yo voy más

allá. En el Génesis vemos cómo Dios escribe sobre una página en blanco, sin limitación alguna, y de

qué modo tiene luego que enfrentarse a las decepciones que son propias de todo innovador,

concretamente a la falta de colaboración por parte del público. En vista del fracaso, Dios guiso borrar su

página mediante un diluvio, decisión que dejó perplejos a los críticos. No comprendían que luego de

laseguridad con que Dios había obrado durante los primeros siete días adoptase aquella actitud

inesperada. No digo esto para entristecer al señor Fernández Ordóñez ni para insistir en ciertas

opiniones que ven al, guna resaca franquista en su obra presupuestaria. Todo lo contrario. Porque

el Señor, a pesar de las desalentadoras experiencias iniciales, se aferró en su segundo intento al proyecto

original. Si Dios hubiera sido renacentista habría insistido en el mito del genio y en la libertad sin orillas.

Sin embargo, repitió el mismo edificio del mundo, limitándose a mejorar la calidad de los consumidores,

o por lo menos a esperar que mejorase. Esta es la misma tragedia ("mutatis mutandis", si me permite

decirlo el señor Fernández Ordóñez) que vi el jueves en las Cortes, y también la misma lección de

humildad. El señor Fernández Ordóñez no escribió sobre una página en blanco, de eso estamos

todos seguros. Quevedo, en "Grandes anales de quince días" (transición del reinado de Felipe lll al

de Felipe IV, desgracia de Osuna, ahorcamiento de don Rodrigo Calderón), dice: "... se conoció" al fin

que la mejor fiesta que hace la fortuna y con que entretiene a los vasallos es remudarlos el dominio".

NO salirse del edificio de los presupuestos, de su entramado técnico, tal como indica el reglamento, es no

poder alzarse a las ideas generales, que son las que verdaderamente aclaran las cuestiones. Puede que

alguno se escandalice de la sorda ferocidad con la que fueron guillotinadas las enmiendas a la totalidad y

las enmiendas parciales de los socialistas y de los comunistas. A mi no me escandaliza, aunque sé bien

que eso tendrá consecuencias a la larga. No me escandaliza porque la Unión de Centro Democrático

no es un partido, es un "trust", y porque la mayoría del Congreso, que cuenta cada ves más con un

partido subalterno, el de Alianza Popular, no es una mayoría parlamentaria, sino oligárquica.

Difícilmente ocurrirá en el Parlamento algo imprevisto, teniendo en cuenta que lo imprevisto no es

siempre desafortunado. El señor Suárez se aburre mortalmente en el banco azul, y con razón. Desde la

Restaúranos ara. en lo que yo he podido repasar, nunca una mayoría y un Gobierno fueron tan

inextricablemente la misma cosa. No incluyo la era de Franco, porque en ella la única cosa que había era

él. (No hay que asustarse, como se asustó una ve* don Julián Marías, porque un fraile llamó "cosa" a

Dios. El fraile contestó que "Dios es una cosa infinitamente buena", como consta en el Ripalda, y que

"cosa" es "res", y "res", la raíz de realidad.) Así, por tanto, el Caudillo resultaba la única realidad de su

era. No. Yo no me escandalizo por esa especie de pecado solitario ("mutatis mutandifi", creo que

tengo también que decir ahora) en que ha venido a parar el Congreso. Como digo, los diputados, por

imperio del reglamento, no podían elevarse a las ideas generales, y esto perjudicaba exclusivamente a

los enmendantes de la izquierda (los únicos que había, claro) porque sólo mediante las ideas generales

.hubiera sido posible debatir la orientación de los presupuestos, los objetivos finales de todo el plan. Pero

los objetivos finales del plan, que para la isquierda deben nacer de una decisión histórica, son reducidos

9 identificados, dentro del capitalismo autoritario en el que pervivimos, con los datos naturales creados

por ese mismo capitalismo. La concepción socialista es que los objetivos finales tienen que ser elegidos

en función de criterios políticos. Por eso yo pienso que el debate en torno a los presupuestos generales

del Estado debería haber sido fundamentalmente político y no descriptivo en general, porque en ese

terreno los datos naturales se imponen con iodo su fatalidad. Tales datos son "naturales" porque nacen de

los , mismos centros económicos y sociales de antaño y porque esos centros escapan al control popular y

parlamentario, hn mi parecer, tenia ramón el señor Tamames cuando hablaba de la "herencia del

pasado". La misma razón que el señor Fernández Ordóñez cuando reconocía la imposibilidad de escribir

sobre una página en blanco. Y es que esos centros de decisión social y económica escapan también al

control gubernamental, o es que el Gobierno, en el mejor de los casos, no puede soportar su presión.

Tengo la sospecha, (referida, por ejemplo, a la reforma fiscal) de que el ministro de Hacienda podría

hablar mucho de esto. Ocurre, además, otro fenómeno. Es el fenómeno del consenso. El consenso está

pervirtiendo la faz parlamentaria, "porque si la oposición no está dispuesta a enfrentarse a la mayoría y

al Gobierno (que, como digo, son la misma cosa), no llegará la solución democrática, y además el

Gobierno y la oposición aparecerán como intercambiables. Esta es, digamos, una general de la ley,

porque en el orden económico pasa lo mismo que en el orden público. Los desequilibrios originales se

mantienen, con el agravante de que ya no hay un poder dictatorial que fos inmovilice, que los petrifique

en el nicho ecológico de su palpable injusticia. Y así los socialistas íwvicroM que soportar que el señor

Meilán Gil, con aire de reticente sabelotodo, dijese que la gente, a veces, llega a la música clásica co

ayuda de Waldo de los Ríos Muy gracioso. El señor Meilán Gil, que fue el brillante "kronprine" de los

polos dt desarrollo, aquella aventure que no fue lo que se dice lo "novena" de Beethoven, ensayaba su

admirable sentido del humor (y mi admiración es sincera) a cuenta de don Baldemoro Lozano, que veía

demasiado fárrago y jeroglífico en la documentación dt los presupuestos. Yo estoy con don Baldemoro.

El señor Meilán Gil, que tiene también una edad mental de filósofo, sabrá muy bien en qué estriba ese

principio que se llama "la navaja de Occam", el cual viene a enseñarnos que las entidades no deben

multiplicarse sin necesidad. Además (esto ya no es de Occam) las entidades se multiplicaron en montón.

Hubiera hecho falta, para entender aquel ametrallamiento multiplicativo de entidades, que los

partido» contasen allí mismo oon un abundante secretariado, sistemas de cálculo, máquinas electrónicas y

otros artilugios parecidos. Pero todo esto habría sobrado si el debate se llega a alzar hasta el plano

institucional o estructural implícito en los presupuestos generales.

HABLANDO de navajas, y no precisamente de Occam, el segundo punto de este pleno, que tenía por

motivo el votar una propuesta respecto a la creación de una comisión invesffiadora de ios sucesos

ocurridos en Málaga y Tenerife, originó un revuelo de fandango. Ya no era la navaja de Occam, era la

navaja española y su fulgor sombrío. Los dos señorea que hace bien poco se trataban con mutua caridad y

sutil ciuncdiniiento en el Club Siglo XXI, el señor Fraga y el señor Carrillo, se lanzaron el uno contra el

otro como dos moles cuaternarias. El tema de fondo era el orden público, que esos dos homhres elevaron

a canto bárbatn: "I fratelli hanno ucciso i fratelli; / questa orrenda novella vi do..,", como dice el verso de

Manzoni. El señor Fraga y el señor Carrillo dijeron exactamente lo que no tenían que decir, dieron pábulo

a un furor que por más que se quiera enterrar se desentierra, acá´ so porque lo queremos enterrar vivo. El

español abstracto y distraído que deambulaba por la parte de los presupuestos que convirtió aquí en un

español concreto. En un español de tragedia. El casuismo y las alusiones personales eran como la

retrospertiva de un drama cuyo terrible argumento empezó con el más eres tú y acabó en una inmolación.

Lo que yo pienso acerca del orden público y de sus condiciona minutos reales está escrito ya en mi

crónica anterior y no voif a insistir en ello. Ahora quiero escribir que las intervenciones del señor Fraga y

del señor Carrillo, que debieron contenerse, fueron toxicas, porque en un tema tan en carne herida como

el orden público el rebajar las tensiones (y no hace falta embozar los problemas para rebajarlas) es \tn

imperativo de conciencia. Se podría decir que los señores Fraga it Carrillo reprodujeron los sucesos de

Málaga ti Tenerife a escala, que nos dieron ei espectáculo de una tautología inquietante. Sacar a relucir la

sangre para ilustrar mejor el debate no es el camino para resolver objetivamente un problema que es el

precipitado de otros muchos. El señor Martin Villa parecía un San Tarsicio en medio de dos Gorgonas.

Yo creo que el señor Martín Villa tiene la tensión baja y que su tono moderado es una imposición

fisiológica, pero en este caso, y luego de lo oído, podría pasar por un hombre espiritual, por un erudito del

puro amor. Creo que el señor Fraga y el señor Carrillo volverán en seguida a la templanza, y que el señar

Fraga seguirá trabajando por su nueva imagen que tanto le acerca al Gobierno que tan duramente atacó.

Lfts cuestiones del orden público, en último término, requieren más inteligencia que vehemencia, una

organización compleja, serena y clara, sííi este sacudimiento del árbol del bien y del nial que se ha visto

en las Cortes. El caso es que la comisión de encuesta acerca de los sucesos de Málaga y Tenerife obtuvo

1& mayoría de los votos. Nada menos que 2.09. Dos fueron en contra y hubo 17 abstenciones.

Hay otros temas directa o indirectamente constituyentes, como el de las autonomías, que es un tema

potencialmcntc amenazador, como bien señala Salvador de Madariaga en su libro "Memorias de un

federalista", algunas de cuijas páginas reproduce la revista "Blanco y Negro". Hay que leer esos textos

que son fruto de la experiencia y de la meditación y que enlazan muy bien con las postreras amarguras de

Azaña a quien, por cierto, el señor Martín Villa dedicó un sutil homenaje durante la sesión del viernes en

el Congreso. Digo sutil porque, no pronunció su nombre. El proceso autonómico es el más delicado de

todos. Habrá tiempo de volver a las meditaciones de Madariaga. Hoy escribo al borde de la Nochebuena y

ya está bien de palabras y de temores. Si. Creo que ya está bien.

Carlos luis ALVAREZ

 

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