Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   El complejo de Edipo de la derecha     
 
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EL COMPLEJO DE EDIPO DE LA DERECHA

En los últimos años del franquismo Luis Maria Ansón lanzó la consigna de «organizar la

moderación». Ahora la consigna podría ser asentar la derecha. El régimen anterior estuvo

repitiendo años y más años que no era de derechas ni de izquierdas. Esto equivalía, en la

práctica, a una confesión vergonzante de su carácter autocrático y conservador. La izquierda,

por supuesto, no se dejó engatusar nunca. Demasiadas razones tenía para saber que a pesar

de proclamarse como no derechista ni izquierdista ella llevaba siempre la peor parte en reparto

de papeles. Federico de Castro habla dicho que el apoiltlcismo es un subtipo de la política

liberal. El franquismo demostró que negar la existencia da las derechas y las Izquierdas era la

mejor manera de proteger los Intereses de la burguesía y el gran capital.

Curiosamente, aquella atmósfera acolchada, con e| Estado gendarme guardando la paz laboral

y fomentando el estajanovismo consumiste, le hizo, creer a la derecha que no tenfa ninguna

necesidad de organizarse, Se oyeron, opacas y escasas, voces europeistes, liberales de

abolengo. Todos, sin embargo, salimos del franquismo acomplejados por el peso de las

evidencias. En los años de agonia se había perdido la creatividad cultural, se habían

abandonado las trincheras del progeslsmo no a la oposición, que eso era lógico e

imprescindible, sino al marxismo. Los no marxistas, en consecuencia, se sentían arrastrados

por una situación en la que seguían Instalados en las posiciones más confortables, pero con el

récelo de haber perdido el control del vehículo, sin saber hacia dónde se dirigía y sin claridad

conceptual suficiente para proponer un rumbo. Así seguimos. España es el único país de

Europa con una derecha que se niega a si misma el hecho de serlo y con un empresarlado que

no se siente representado ni identificado con los dos partidos mayoritarios del sector

conservador.

Las causas de esta situación son indudablemente heterogéneas y muy complejas. Sin

embargo, como no se trata de llorar por la leche derramada, sino de Intentar rectificar, convjene

preguntarse si la cosa tiene remedio. A un amigo mío le preguntaron de qué partido era y él,

que no está afiliado en congregación Ideológica alguna, pero tampoco vive en las nubes,

contestó que era de ese partido que no saluda con el puño cerrado ni con el brazo a la romana.

Ese partido, que no significa que sea un antipartido, ni siquiera un antipensamlento, porque en

una primera descripción se, defina y se afirma por lo que niega, es decir, por no ser marxista ni

fascista; no se puede tratar de descalificar con el. cómodo recurso de despacharlo como un

baúl de Intereses sin Ideología que los respalde. Llevamos demasiado tiempo viendo a los

comunistas cómo llamaban fascistas a todos los que no comulgaban con sus .ruedas

teologales y cochinos socialdemócratas a quienes no abrazaban el modelo de organización

leninista. No todo el centro y la derecha son fascistas. ES más: el auténtico sector moderado no

puede serlo. Entre otras cosas, porque entre sus valores esenciales figura la defensa del

sistema de vida occidental, de las más altas cotas de libertad y respeto a los derechos

humanos conseguidos en toda la Historia conocida, porque la democracia, los Parlamentos, los

partidos, los sindicatos, son una Invención de este sector del mundo y no de quienes lo

denigran.

El complejo de Edipo de las clases medias, su orfandad, es explicable con razones históricas

muy próximas, pero es un problema práctico no un alambicado logaritmo metafísico Irresoluble.

En la calle, y eso se vio con claridad el 15 de junio, la concepción sociológica del

conservadurismo liberal es perfectamente recognoscible. Está claro, además, que esta posición

no es bunkerista, sino claramente reformista. Lo que yo ya no veo con tanta precisión es si los

cuadros políticos se mueven en esta misma dimensión de onda. Si es así, cosa que dudo, se

debe estar haciendo mucha labor de zapa, clandestina. Porque falta, valor para asumir1 la ´"

defensa del modelo occidental con todas las agallas propias del caso y sin dejarse acomplejar

por los demagogos ni por los exaltados. A este país, en una palabra, le falta la audacia de ser

consecuente consigo mismo. Los políticos tienen que ser capaces de servir las grandes

Inquietudes colectivas y no de sublimar sus frustraciones Individuales. Si ello ocurre, daremos

el gran salto y nos salvaremos como colectividad sin necesidad de que vengan loa eternos

salvadores a redimirnos. ¿Pero eso a fin de cuentas de quién depende? Un poco de todos...

 

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