Autor: Nachón, María Luz. 
   La constante desaparición de colegios del centro     
 
 Informaciones.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

PUNTO DE VISTA

La constante desaparición de colegios del centro

Por María LuZ NACHON

MADRID, 28.—-Con crudeza y concreción de hechos, pero, lamentablemente, con excesivo retraso, se

trató en el Pleno del pasado viernes el gravísimo problema que tienen planteado los distritos interiores -

Centro, Retiro, Salamanca...— ante la sistemática desaparición de los centros escolares de carácter

privado, desaparición que, de modo inevitable está dando lugar a dificultades sin cuenta a los padres de

familia, y que en no pocos casos deja sin enseñanza a un elevado número de niños.

El tema fue provocado por Ja intervención de los señores Puig Maestro-Amado y Horcajo, dando cuenta,

el primero, de la demolición de dos centros en el distrito de Salamanca, y el señor Horcajo, de uno en el

distrito de Retiro.

El problema se escapa, casi siempre, de la órbita municipal, por cuanto es el Ministerio de Educación y

Ciencia quien dictamina si el centro escolar puede ser cerrado, habiendo accedido ya en varios casos —

recuérdése las escuelas de San Fernando—, basándose en el traslado a lugares alejados del centro de la

ciudad, «donde hay zonas verdes y mayores posibilidades de disponer de las modernas instalaciones que

exige la ley General de Educación».

El cambio supone, como problema inmediato, el del traslado de los alumnos, que han de utilizar el

transporte escolar, lo que significa un aumento de gastos que asimismo se incrementan, o suelen

incrementarse, como consecuencia de las «nuevas y costosas instalaciones» del también nuevo colegio.

Autorizado el cese de la actividad escolar, al Ayuntamiento sólo le queda velar porque el nuevo uso que

se le dé al inmueble cumpla con las Ordenanzas y normas especificas, si las hubiere, en el sector en que

esté ubicado. Y nada más.

Y nada más en el aspecto, digamos urbanístico, porque lo realmente, grave es la situación que se crea, y

de la que ninguna culpa tiene el municipio, que ve cómo se produce un déficit de plazas escolares en

.estos distritos, donde tradicionalmente no existe una marcada carencia de ellas. Y, naturalmente, los

vecinos afectados no reclaman al Ministerio de Educación y Ciencia, sino al Ayuntamiento, que es su

directo administrador. Como en el centro de Madrid no existen solares disponibles y cualquier intento de

expropiación desata todo un vendaval, el Ayuntamiento se ve atado de pies y manos para resolver el

problema creado por decisiones superiores y, por tanto, ajenas a él y a sus propósitos.

El problema, que, dada la situación actual, mucho nos tememos acabe siendo gravísimo, fue debatido

largamente hace algunos meses en rueda de Prensa de los informadores municipales con el alcalde, que

instó al delegado de Educación a exponer, una vez más, al Ministerio de Educación la trascendencia de

estas decisiones de autorizar el cierre de escuelas y colegios en el centro de Madrid.

Otro aspecto de la cuestión es el problema de los centros escolares en estado de ruina. Mientras al

Ayuntamiento no se le confieran facultades plenas para obligar a la propiedad a realizar las necesarias

reparaciones cuando se inicia el deterioro de la finca, tampoco hay nada que hacer, al igual que viene

sucediendo con cuantos inmuebels están en estas condiciones. Se inspecciona, se imponen multas, se

exigen las reparaciones, pero ¡como si nada! La ley concede al sancionado la posibilidad de recurrir, y

entre recurso y recurso, el mal estado de la finca aumenta, hasta que aparece la ruina innurunente.

Curiosamente, por no emplear otra expresión, este es el momento en que el Ayuntamiento puede actuar,

sin otro trámite, procediendo al desahucio de ios ocupantes del inmueble, para evitar que puedan

producirse desgracias personales.

El Ayuntamiento, por consideraciones de tipo moral, y en atención a sus administrados, ha de buscar

alojamientos para los desahuciados, y si no los encuentra, lo que ocurre todos los días, ha de sufragar los

gastos de pensiones, fondas, etc., a expensas de sus mermadas arcas, sin que nadie hasta el momento le

haya echado una mano. Y es que, se mire por donde se mire, hay que reconocer, honradamente, que el

Ayuntamiento, al que no pueden disculpársele otros errores, en cuanto tropieza con la Administración

central, y son muchas Jas veces que esto ocurre, siempre «le toca bailar con la más fea».

Gran parte del problema de las casas ruinosas se resolvería atacando a fondo, de una vez para siempre, la

ley de Arrendamientos, pero este es otro cantar...

 

< Volver