Autor: Fernández de la Cigoña, Francisco José. 
   La nacionalización de los hijos     
 
 El Alcázar.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA NACIONALIZACIÓN de los hijos

No nos dejemos engañar por las palabras. Vayamos a su verdadero sentido. Aunque puedan quebrar

ilusiones que no se basan más que en la vieja táctica del avestruz. Porque era hernioso pensar que el

socialismo español había cambiado, que era un partido respetuoso con la persona e incluso con la religión

y que ofrecía una alternativa de poder tan poco preocupante como la socialdemocracia alemana o el

laborismo inglés.

Por sus propias declaraciones y programas comprobamos que no es así. El Partido Socialista Obrero

Español e incluso esa versión aguada que encabeza Tierno Galván son hoy todavía más dogmáticos y más

radicales que sus hermanos de los años treinta. Entonces eran un partido de masas con veleidades

anarquistas y reivindicaciones proletarias en el que sus dirigentes, salvo rarísimas excepciones, no habían

leído a Marx. Así lo reconoce el mismo Indalecio Prieto.

Hoy no. Hoy sus dirigentes han dejado de ser obreros semianalfabetos. Son ya profesores de Universidad,

brillantes profesionales o jóvenes actrices que han confundido la interpretación con el destape. Con

magníficos automóviles y mejores ingresos. Y para justificarse ante la base obrera que mira perpleja y

desconcertada el tren de vida de sus dirigentes se ven obligados a asumir las más radicales posturas que

alternan de cuando en cuando con la sonrisa a un banquero o a un obispo postconciliar. Que sin duda son

más fáciles de engañar que los obreros. Como puede comprobarse por la escasísima fuerza de la UGT.

Dejemos aparte las tradicionales reivindicaciones sociales sobre la propiedad. Las españolas asombrarían

por su extremismo a cualquier militante sueco, inglés o alemán. Suponen una colectivización total de la

economía que apenas se diferencia de los . programas comunistas. Pero no se detienen ahí nuestros

socialistas sino que aspiran también a la destrucción de la familia. De lo que debían tomar cuidadosa nota

los obispos y los católicos españoles.

Y no me refiero tanto a ataques abiertos como pueden serlo su militante a favor del divorcio, la pildora o

el aborto sino a otro más solapado pero no menos grave. Pero que por lo mismo suele pasar más

desapercibido. La petición de una escuela pública, laica, exclusiva, obligatoria y gratuita es sin duda el

peligro más siniestro que hoy amenaza no sólo a la familia católica sino a la misma institución familiar. Y

que con el señuelo de la gratuidad corre el riesgo de ser aceptado por unos padres que parecen

incapacitados para ver el futuro.

La Conferencia episcopal española cuya pasividad ante la demolición de la fe en nuestra patria ha

alcanzado limites increíbles reaccionó en esta ocasión en defensa del que es derecho imprescriptible de

los padres. Pero una trayectoria de ambigüedades, cuando no de claudicaciones ha hecho que los fieles

españoles apenas presten atención a los documentos de los obispos. Lo que constituye también un hecho

gravísimo y de imprevisibles consecuencias.

Hemos, pues, de felicitarnos de que en esta ocasión coincidan las preocupaciones de los obispos con las

de los padres de familia católicos, conscientes del peligro que corren sus hijos, de llevarse a la práctica el

programa socialista como consecuencia de su triunfo en unas próximas elecciones. Este es el único

camino que se abre ante la Iglesia de España pues si las decisiones episcopales siguen siendo ignoradas

por los católicos, cuando no abiertamente contradichas, el porvenir de la fe de los españoles aparece

seriamente comprometido. Y los católicos sólo cerrarán filas tras sus obispos si estos asumen

decididamente su papel de maestros en la fe abandonando de una vez el de perros mudos ante los

constantes ataques al dogma y a la moral de la Iglesia.

Lo que postulan los socialistas en materia de enseñanza supone hacer al Estado responsable exclusivo .de

la educación de los hijos que recibirán la formación que el Estado juzgue necesaria y que además será

laica. Con la aprobación del divorcio o del aborto aún pueden los católicos españoles no recurrir a esos

procedimientos que la legislación autoriza. Con la enseñanza estatal preconizada jos padres verán como,

sin posibilidades de resistencia alguna, les son arrancados los hijos para educarlos en todo lo contrario de

lo que ellos creen y aman. Es una verdadera nacionalización de los hijos a la que es preciso resistir con

toda firmeza si se quiere salvar a la familia. Y en primer lugar adquiriendo conciencia de que a un

católico no le es lícito en modo alguno votar a los partidos que sostengan tales programas. Ni a aquellos

otros que, aún sin sostenerlos expresamente, permitan suponer que van a apoyar en el parlamento a un

gobierno socialista. Una vez más cobra, pues, absoluta actualidad las viejas encíclicas pontificias que

condenaban el socialismo como incompatible con el catolicismo.

Francisco José FERNANDEZ DE LA CIGOÑA

 

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