Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
 Periodistas en campaña. 
 El boicot del Consejo     
 
 Diario 16.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Periodistas en campaña

El boicot del Consejo

Miguel Ángel Aguilar

Manifestaciones de estupor e indignación, acusaciones de rebeldía, incomprensión y cinismo a la •

Universidad Complutense, petición de qte se deduzcan responsabilidades sobre las autoridades

académicas, declaración del boicot informativo al Ministerio de Educación y Ciencia, anuncio de recurrir

ante el presidente del Gobierno para exponerle. el agravio perpetrado contra el periodismo español...

Estos son los términos insólitos en que se expresa el llamado Consejo Directivo de la Federación de

Asociaciones de la Prensa de España (FNAPE). ´ ¿Qué ha pasado? Los lectores inmediatamente podrían

pensar que acaba._ de clausurarse un periódico, que ha sido detenido algún periodista en el estricto

ejercicio de su deber, que el Gobierno ha restablecido la censura previa, que se ha cometido algún grave

atentado a la libertad de expresión. Todo esto ha sido habitual durante casi cuarenta anos. Sé canceló, por

ejemplo, la inscripción del diario "Madrid", se detuvo y golpeó a periodistas —alguno, como José

Antonio Martínez Soler, fíe bárbaramente torturado—, se vivió hasta 1966 bajo la más férrea censura,

restablecida después con ocasión de los frecuentes estados de excepción decretados por el franquismo, se

dictó la increíble ley de Secretos Oficiales, se sometió la actividad de la Prensa a la jurisdicción castrense

con el decreto-ley Represión del Bandidaje y el terrorismo primero y con el decreto-ley Antiterrorista

después. ¿Y qué hizo el llamado Consejo Directivo de la FNAPE? A favor de la libertad, prácticamente

nada. Incluso en ocasiones sumó su voz de adhesión al Gobierno con motivo de cualquier autoritaria

mutilación de las exiguas libertades franquistas. Más de un telegrama ha sido cursado en esos términos al

decretarse algún estado de excepción que imponía la censura previa. Bien puede decirse, pues, que los

afónicos miembros del Consejo Directivo de la FNAPE sólo.han roto el silencio para gritar: "¡Vivan las

caenas y la inquisición!" Pero ahora el Consejo brama: están en juego las convalidaciones, el canje del

número del Registro Oficial de Periodistas por el diploma de licenciado en Ciencias de la Información.

La Universidad se muestra avara de sus títulos y no parece dispuesta a entregarlos con la prodigalidad que

estableció Cruz Martínez Esteruelas cuando quiso congraciarse a la Prensa y recomponer su imagen

pública, gastada en la batalla de la selectividad. Quienes miran sin fe y sin respeto el Registro Oficial de

Periodistas (ver en D16 del 10 de febrero, pág. 5, rni artículo "El timo de las convalidaciones") pueden

mantener esa misma óptica respecto a los títulos universitarios. "No hará falta recordar los exámenes

patrióticos de la posguerra para juzgar de la solidez y el rigor de los grados académicos. Ahora nos

bastaría con analizar la vida de la Facultad de Ciencias de la Información: no habría espacio suficiente,

tan sólo, para enumerar la lista de sus decanos y las variaciones dé sus planes ele estudios en cinco años

escasos de actividad. El profesorado merecería capítulo aparte y sabrosísimo.

Basta, pues, de disputar la concesión de unos grados académicos que a nadie le"van a añadir un palmo de

estatura profesional. Pero que ningún licenciado se arrogue la profesionalidad automáticamente. Esn 3o

tendrán que decidir unas Asociaciones de la Prensa auténtica, donde estén integrados todos aquellos que

ejercen las tareas específicas del oficio y obtienen de esa .dedicación más del setenta por ciento de sus

ingresos personales. Así lo establecen las comisiones de la carta en los países europeos y es urgente

ofrecer esa reparación a quienes han demostrado ser profesionales sin carnet ni registro, en buena ley que

nadie les puede discutir,

Además, los títulos de licenciado habría necesariamente que extenderlos también a los profesionales de la

imagen, a los publicitarios y a los relaciones públicas que hace un tiempo se apresuraron a formar su

propio, registro. ¿Y qué tiene ti e más él Registro Oficial de Periodistas sobre estos otros? Nada, si no es

sectarismo político añadido, Y las cosas no vendrían a parar aquí porque, ya los maestros han solicitado el

título de licenciados en pedagogía y luego vendrían más.

Tal vez ayuda a entender la desmesura del Consejo Directivo de la FNAPE, la proximidad de la

convocatoria de junta general deja Asociación de la Prensa de Madrid. Ciertos directivos quieren ofrecer

el título de licenciado como tapabocas de oíros gravísimos problemas y ahorrarse explicaciones enojosas

sobre los 1.216 millones de pesetas en que se estima la deuda corporativa. Esa es la consecuencia de la

Ciudad de los Periodista, que, sin embargo, ha convertido en millonarios a un selecto grupo de asociados,

especuladores de Jos pisos en su día adjudicados a precios benéficos.

Y,- desde luego, para hablar en nombre de la profesión periodística y arrogarse su representación hay que

exhibir otra ejecutoria, señores del Consejo Directivo de la FNAPE. Para empezar, absténganse de

propugnar iniciativas hilarantes como ía de boicotear informativamente al .Ministerio de Educación y

Ciencia. Ya no estamos en la década de los cincuenta cuando los cronistas deportivos reaccionaron a un

mal modo de Di Stéfano en el campo de Atocha, eliminando toda mención a su nombre. Durante algunos

meses fu´1 solamente el número nueve.

El primer deber de la FNAPE es evitar el ridículo a una profesión que ha sumado a sus filas valerosas

generaciones de periodistas, avanzados en la lucha por las libertades democráticas del país. Aunque tantos

intrusos con carnet se hayan emboscado en sus filas.

 

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