Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Buenos chicos     
 
 ABC.    16/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

APUNTE POLÍTICO

Buenos chicos

Por José María RUIZ GALLARDON

Parece que los firmantes de la solicitud de legalización del «Partido Comunista Español» han presentado

unos Estatutos no ya innocuos, sino altamente democráticos. Me cuentan que, a la vista de tales Estatutos,

más parece que estuviéramos en la vieja Atenas, cuna de la democracia, o ensañándonos con la lectura de

las obras de Dom Sturzle, de tan respetuosos, dialogantes, conciliadores y demás atributos del «buen

demócrata» como resultan ser. Por descontado que no hay alusión alguna a nada que huela a totalitarismo,

dictadura del propietariado u opresión burguesa. ¡Si Lenin levantara la cabeza!

Únicamente parece que, en la precipitación de presentarlos en la ventanilla, se ha deslizado una pequeña

incongruencia. En el artículo noveno de los Estatutos del «Partido Comunista» —que para ilustración de

los aprendices del pluralismo deberían ser editados y profusamente repartidos— se establecen cuatro

requisitos, cuatro, para acceder a la honrosa categoría de miembro del Partido; ser mayor de dieciocho

años, no pertenecer a otra asociación política («Comisiones Obreras» no es política, sino sindical), pagar

las cuotas y aceptar voluntariamente (¡fuera coacciones!) los Estatutos... y el programa.

Pero ¿qué programa? Porque resulta que, según recientemente leí expliqué a ustedes, con la modificación

efectuada por medio del reciente decreto-ley del 8 de las corrientes, ya no se necesita presentar ningún

programa para obtener la idealización. No estaría de más, pienso yo, que «para mejor proveer» se pidiera

a los solicitantes de la inscripción el aludido programa.

Claro está que ni en los Estatutos y seguramente tampoco en el programa— me alude, por ejemplo, al

documento que bajo el título «Método de proselitismo» ha redactado el partido para que se «ponga en

práctica en todo momento y oportunidad». Es éste un documento que no tiene desperdicio. Y es una

lástima que por su extensión no pueda reproducirlo íntegramente. Pero entresacaré algunos párrafos.

En el apartado «Nuestra actitud» puede leerse: «Hay que mostrarse como chicos y chicas generosos y

abnegados, que no soportan los egoísmos de una sociedad podrida y se juegan cada día la vida

alegremente, capaces de soportar cualquier tortura con tal de liberar de la presión a sus hermanos y

arrasar lo viejo y decadente, para construir un mundo nuevo».

Más adelante, en el epígrafe «Frente a los que se nos oponen», ordena a sus militantes que «hagan correr

la voz de que pertenecen a grupos políticos o religiosos desacreditados y colgarles sanbenitos tales como

carca, integrista, fascista, reaccionario, de extrema derecha, burgués, policía o chivato, señalándoles con

el dedo a los demás compañeros en forma ofensiva...». Y, por si fuera poco, aconseja: «En el ambiente

universitario, provocarles dentro de la Facultad para que peguen a otro y poder señalarles como matones

ante sus compañeros.»

Y luego, en un ejemplo de sinceridad operativa, dice: «De «cuerdo con la ideología descubierta —del

presunto simpatizante— habremos de presentarnos como "católico inquieto", "católico de izquierdas",

"socialdemócrata", "socialistas", etc., pero nunca como marxista-leninista abiertamente.» ¡Ah, la vieja

táctica del calamar!, ¡parecerlo todo menos lo que en realidad se es!

Hay más consignas:

— «Procurar captar a los chicos (y aún a los sacerdotes) con chicas.»

— «Emplear el arma de la adulación .»

— «Facilitar colocaciones remuneradas, viajes, participación en reuniones seleccionadas de tipo

pseudoprofesional, etc.»

— «Proporcionar diversiones y relaciones sexuales.»

— «Ayudar a los detenidos, aunque sean de ideas contrarias, para atraérnoslos y fomentar al mismo

tiempo su rebeldía y politización.»

— «Acoger benévolamente a los que son víctimas de acusaciones y provocarlas a veces con ese fin.»

— «Ponerles en primera línea (en reparto de panfletos, manifestaciones, acciones de boicot...),

para hacerles pegar o detener por la Fuerza Pública y fomentar así su rebeldía o amenazarles con

denuncias.»

Todo ello, como se ve, ejemplo de conductas democráticas. Y créanme que lo que omito es del mismo

corte. Pero, en fin, a algunos columnistas les parece de perlas que se legalice el "P. C".

¡Vamos, que los «chicos y chicas» comunistas son unos excelentes muchachos!

J. M. R. G.

 

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