Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   ¡Qué país!     
 
 El Imparcial.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¡Que país!

ALGUIEN, o algunos, apetecerían que este periódico fuera complacedor con la obra

gubernamental, que distribuyera a diario caudales de esperanza de no se sabe

dónde, que elevara el humo del incienso a personas, y que obsequiara al poder

con alabanzas litúrgicas. No podemos hacer eso desde este periódico, y con el

título que tenemos en la cabecera. Tampoco podemos hacer crítica sistemática,

constante, obsesiva, sin reconocer nada positivo, porque serla patológico lo que

padeceríamos. Estamos en la calle para ofrecer nuestras opiniones y para no

ocultar las Informaciones. Para nada más. Los que añoran tiempos de alabanza

sistemática y obligada se están confundiendo de sistema político. La Democracia

tiene muchas ventajas, y no pocos inconvenientes. Precisamente el gran

inconveniente pan quien manda, en un sistema democrático, es la libertad de los

demás para enjuiciar su gestión. O se alquilan, o se secuestran, o se compran, o

se obsequian conciencias, o no podrá librarse ningún Poder de la critica de los

ciudadanos. De la critica de la Prensa libre. Pienso, por otra parte, que

solamente los que tengan hábitos o conformaciones autoritarias, son los que se

sienten afectados por la critica. La crítica es saludable, es útil, es

necesaria. Y cuando fuera irresponsable, ligera, o inexacta, siempre está al

alcance de cualquiera y especialmente del Poder la posibilidad de rectificarla.

Me acuerdo que una vez alguien (legó con un chisme a Franco referido a opiniones

sostenidas por mf en un periódico que dirigía, frente al comportamiento de

determinado Ministro. Esto me ocurría muchas veces. Y con ocasión de una visita

mía al Jefe del Estado, la sánale que lo mejor que podía producirse es la

tolerancia en el periodismo para hacer la critica de los actos de gobierno,

porque el primer informado de lo que hacian sus ministros era el Jefe del

Estado. Y esto seria muy útil para él. Los Ministros, naturalmente, presentaban

al Jefe del Estado todas las cosas del color de rosa. Y no era asi muchas vece*.

Los medios de información del Jefe de) Estado eran buenos, pero nunca

suficientes. La libertad de Prensa podría ser extraordinariamente beneficiosa.

Pero ahora ya es posible hacer esto abiertamente. Sería una gran paradoja que en

estos momentos dolieran, o molestaran, nuestras críticas, cuando la esencia da

la democracia es la libertad. En estos momentos no hay un verdadero control del

Poder en el Parlamento. El Pacto de la Moncloa ha rebajado la posición critica

de los Partidos. Ha reducido la Oposición casi a la nada. Alguien tiene que

hacer el control del Gobierno.

Por eso la Prensa tiene que ser ahora, más que nunca, un Parlamento. Aunque sea

un Parlamento de papel. Aquellos que callen, no hará falta que nos expliquen

porque callan. Todos sabremos por qué.

EMILIO ROMERO

 

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