Orden público y partido socialista     
 
 Ya.    27/12/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ORDEN PUBLICO Y PARTIDO SOCIALISTA

HAN crujido las prensas en relación con los términos del debate en el Congreso sobre el orden público

que produjo el enfrentamiento entre los señores Carrillo y Fraga. Nosotros, realmente, nos

escandalizamos mucho menos de que en un Parlamento salten chispas cuando se tocan ciertos temas. Y

ahí está lo grave: en el tema. Lo peor de todo es la irresponsabilidad de que hace gala el Partido Socialista

provocando debates en los que siempre hace constar que no va contra las fuerzas del orden público. Es

lástima que las afirmaciones responsables de alguno de sus dirigentes no se vean corroboradas por los

hechos. Ha repetido el grave error del caso de Santander con el señor Blanco. Olvidó que entonces sólo

logró que todos nos enteráramos de muchas particularidades relativas al promotor del incidente, que no

teníamos por que saber. Todo ello subraya la inmadura política de quienes quieren que se les reconozca

como una alternativa de gobierno.

El orden público atraviesa una situación no ciertamente halagueña. El terrorismo y los alborotos

callejeros, con el telón de fondo de una situación económica grave y un paro alarmante tejen un cañamazo

sobre el que hay que bordar con sutileza y cuidado. Todo lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora el

Partido Socialista. Y así se desbordan por todas partos las reacciones. Suenan voces militares y se aplican

medidas enérgicas que la opinión pública no sabe enjuiciar porque ignora de dónde vienen las resistencias

para que cierta fuerza pública no tenga que intervenir en acciones para las que quizá no esté destinada.

Otras voces claman contra la unilateralidad de la visión, con olvido manifiesto de acciones terroristas,

como las últimas de Pamplona y de Irún. Y otros, como el señor Carrillo, hablan de lo quo jamás deben

hablar, incluso con amenazas, dando lugar a que se les conteste adecuadamente. Menos mal que el

ministro del Interior no se dejó llevar de la corriente y puso en el debate una nota de moderación y

equilibrio.

TODO ello es desagradable. Sitúa la lucha política en el terreno que no se debe pisar. Forzosamente

tenemos que cargar la responsabilidad sobre quienes se empeñan en ignorar, como decíamos hace días,

que hace falta que todos se convenzan de que la fuerza pública no puede ser atacada impunemente. Y que,

como ha dicho un capitán general, "si no hay autoridad, estamos perdidos. Es como si la jungla se

apoderara de la calle".

Ciertamente hay que ejercer la autoridad con moderación. El país se encuentra en una situación

difícil, económica y de orden público. Son los partidos con responsabilidad de poder, aunque sea en

potencia, los que deben aportar su esfuerzo para que la lucha política discurra por los cauces de los que

nunca debe salir, y más circunstancias como las actuales, en las que sería ilusorio pensar que ya estaba

asentada la democracia. Y el Partido Socialista debe de tratar con sinceridad lo que dice sobre su

alternativa de poder para que se olviden antecedentes que, desde luego, no tienen nada de democráticos.

 

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