Autor: Carabias Sánchez-Ocaña, Josefina. 
   Ella     
 
 Ya.    27/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ESCRIBE:

JOSEFINA CARABIAS

´Poco después de casarnos, Oona me había confesado que no sentia ya el menor deseo de hacer teatro ni

de nacer cine. Esta noticia me alegró infinitamente, porque ¡al fin! yo tenía una esposa y no alguien que lo

que buscaba a mi lado era hacer su propia carrera."

De todo el libro titulado "Historia de mi vida", que no es ninguna obra maestra, porque una vida_ como la

de Charlie Chaplin—al que en España, a Imitación de los franceses, se llamó Charlot en sus tiempos de

gloria universal—no puede caber en un libro, ni en tres ni en cuatro; creo qne las frases que he dejado

transcritas en el párrafo anterior son de las más emocionantes, sobre todo cuando se sabe lo que le había

ocurrido con otras mujeres, Para Oona O´Neill, que solamente tenía diecisiete años cuando le conoció,

Charlie Chaplin fue el primero y único amor. Para él fue el último, el verdadero. El que vino a desmentir

el proverbio "no hay amor dichoso ni felicidad completa".

Los que admirábamos al hombre de talento —hay quien cataloga a Chaplin entre los genios y esto no es

exagerado—, ese amor fue la demostración de que, además de un artista excepcional, era hombre de gran

corazón y que todo lo que se le había atribuido antes eran viles calumnias.

Hay gentes a quienes no les importa que el artista al que admiran sea buena o mala persona:

—¡A mí, démelos usted parricidas, pero qne se animen al toro!—gritó una vez un espectador cuando, al

Insultar a mi torero, de esa manera despiadada que era usual cuando en los gráderíos de las plazas se

desataban las pasiones, alguien le recomendó moderación, advirtiéndole qne el inusitado era hijo modelo,

que se jugaba la vida por quitar de trabajar a sus padres y dar carrera a sus hermanos.

» « •

Yo tampoco me meto en la vida privada de nadie. Pero me complace que el artista, el escritor, el sabio o

el político que me interesan tengan también bnenas cualidades humanas. Y si me entero de que son

avaros, envidiosos, iracundos o cosas peores, empiezo, aun sin quierer, » tenerles menos afición.

Por eso me encantó qne el gran Charlot, tan vilipendiado en una cierta época, nos demostrase, gracias a su

larga y ejemplar unión con Oona O´Neill, qne no era el hombre perverso del qne se nos hablaba.

Gran parte de la campaña de difamación contra el gran irlandés—casado, al fin, con una Joven de ese

mismo origen—fue obra de algunas mujeres qne le fingieron amor para hacer, a costa de él, su propia

carrera. Otras, pan escribir—o para que se los escribiera un periodista desaprensivo—libros "de

escándalo".que les producían mucho dinero, Las trampas y los chantajes eran continuos. A veces obraban

empajadas por los envidiosos qne trataban de arruinar una vida y una carrera. Pero es difícil acabar con un

hombre cuya genialidad ha sido reconocida por el mundo entero. Ahora bien, los medios se pusieron

todos.

El encuentro con Oona O´Neill, como ya he dicho, ocurrió cuando ella tenía diecisiete años y él era un

hombre más que maduro. La muchacha demostró un gran valor cuando, desafiando la oposición de su

familia—esto tal vez fuera lógico por la diferencia de edad—, se casó con Charlot precisamente en la

época en que él se veia más acorralado y hasta expuesto a ir a la cárcel por la ligereza y la ambición de

una mujer, que no era ninguna de las que habían sido sus esposas. Todo ello se complicó con una grave

persecución política, también injusta, como se pudo demostrar más tarde.

Nada de esto logró hundirle a la postre. Pero si les hizo pasar a los esposos años muy amargos,

empujándoles, finalmente, a abandonar el país al que él habla dado tanta gloria, donde tenían su hogar y

donde les habían nacido algunos de sus hijos.

En fin, lo que parecía una locura", es decir, el matrimonio de una Joven de diecisiete años y un hombre

que casi le triplicaba la edad y qne tenía un pasado conyugal copioso, infeliz y turbulento, resultó uno de

los logros matrimoniales más ejemplares de nuestra época. Tuvieron muchos hijos—cosa qne tampoco es

corriente en estos tiempos—. Pero dejemos que sea él mismo quien nos lo cuente con una sencillez

conmovedora:

"Solamente desdé que conocí a Oona sé lo que es la felicidad. Viviendo con ella descubro sin cesar las

bellezas profundas de su carácter. Cuando la veo andar delante de mí por las estrechas aceras de Vevey,

con su sencilla dignidad, su pequeña silueta bien derecha, sus cabellos negros peinados tirantes´ hacia

atrás, y entre los que ya brillan algunos, hilas de plata, una oleada de amor y de admiración me anega al

pensar en todo lo que ella es para mi y se me hace un nudo en la garganta. Tengo la dicha de ser el marido

de una mujer maravillosa. Yo querría escribir más sobre esto. Pero se trata del amor, del amor perfecto,

que es lo mejor del mundo, aunque resulta a veces decepcionante que no haya palabras para expresarlo."

Después de no pocos sufrimientos físicos, Charles Chaplin ha tenido "la suerte de morir en los brazos de

la que le proporcioné durante muchos más años de los qne él podía suponer una compañía amorosa tan

dulce y continua.´ tan ejemplar y tan llena de serenidad.

 

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