Acuerdo comercial Hispano-Chino     
 
 ABC.    22/06/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ACUERDO COMERCIAL HISPANO-CHINO

AI margen de los resultados positivos que cabe deducir en el orden político del viaje de los

Reyes de España a la China continental —con escalas, también interesantes, en Teherán y

Bagdad—, la visita, desde un punto de vista pragmático, na desembocado ya en acuerdos

concretos de evidente alcance.

Nos referimos, concretamente, al ámbito de las relaciones comerciales, cuyo proceso de

expansión cuantitativa y cualitativa recibe un fuerte Impulso en la actual coyuntura. Doble es el

objetivo de esta acción: de un iado, insertar más sólidamente a España en el área compleja de

la economía mundial, y, de otro, potenciar la exportación, abriendo nuevos mercados a

nuestros productos en una fase de aguda atonía de la demanda interna.

Criterios realistas han conducido a la firma en Pekín de un Convenio que garantiza condiciones

recíprocas ventajosas en los Intercambios, muy reducidos hasta ahora, con evidente

infrautilización de las posibilidades que en este aspecto ofrecen tanto la República Popular de

China como España. Ambos países se otorgan el trato de nación más favorecida, y el comercio

se establece sobre la base de los precios internacionales vigentes y con pago en monedas

convertibles que ios Gobiernos libremente convengan.

A la hora de valorar el Acuerdo hay que tener presente que China constituye uno de los

mercados potenciales más importantes del mundo y que su economía se encuentra en una

fase de desarrollo que sólo es posible llevar a buen término con un creciente recurso a ia

importación. Bienes de equipe, máquinas-herramientas, tecnología media y fertilizantes

químicos son necesidades que han de cubrirse con presteza para avanzar en los programas de

conversión de una economía Fundamentalmente asentada en el sector primario en otra de

signo industrial. Son sectores en los que España puede participar.

Desde que en marzo de 1973 se establecieron las relaciones diplomáticas, los intercambios

comerciales son reducidos y desfavorables para España. En 1977, por ejemplo, vendimos a

China productos por valor de 1.675 millones de pesetas; nuestras importaciones ascendieron a

3.184 millones. El comercio se ha intensificado en el primer cuatrimestre de este año, en el que

las cifras respectivas han sido 1.256 y 1.608 millones, deficitarias también para nuestro país.

Se trata, en realidad, de cuantías insignificantes y asignadas, por otra parte, a una muy corta

rama de productos. Los intercambios representar» tan sólo e! 0,24 por 100 del comercio total

de España.

El desconocimiento mutuo y la lejanía física constituyen dos serios obstáculos para el

estrechamiento de las relaciones económicas. Pero la firma del convenio obvia en parte la

primera dificultad, teniendo en cuenta que China se rige por el sistema de monopolio estatal de)

comercio exterior y que el interés político del régimen de Pekín por España se ha manifestado

ostensiblemente durante la visita de los Reyes. En este sentido, el acuerdo abre las puertas de

un mercado de ochocientos millones de consumidores, de baja renta individual (unos 400

dólares, según datos del Banco Mundial), pero que tiene urgente necesidad de recurrir al

exterior para cumplir los objetivos de crecimiento señalados en el vigente plan quinquenal.

 

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