Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Intelectuales y derecho a la cultura     
 
 Pueblo.    17/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INTELECTUALES Y DERECHO A LA CULTURA´. Pueblo

SUPONGO que seguirá siendo cierto que el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo.

Cuando Malraux era ministro de Cultura dijo una boutade para marcar la nueva frontera de la política

cultural. Lo que importa —vino a decir— ce que la primera vez que un estudiante haga e) amor con una

compañera pueda recitarle al oído unos verso» de Víctor Hugo.» Con estas pautas, o con Io8 criterios de

la Unesco. que exigen, entre otras cosa», conocer los principios constitucionales del sistema político del

propio país y ub*r leer y escribir la lengua que uno habla, España es un país de analfabetos. Y en cierta

ocasión, en el retrete de una estación de provincias, llegué a pensar que aquí no sólo se lee muy poco, sino

qu» existe en la Infraestructura demográfica de la sociedad una grafomanía torrencial, incontenible, que

quiere cubrir el universo de procacidades.

• El Rey ha dicho que «es hora de hacer honor a nuestros poetas e Intelectuales». Lo ha dicho con

ocasión de entregarle «una de Carlos III» a Vicente Aleixandre. Hay que marcar con rojo la

efemérides. Era una burla que tanto ex ministro cretino «tuviera, en posesión de la máxima condecoración

de nuestro país y que se confinara a las gloria» de la cultora a la sopa boba de la Indiferencia social.

Signos del vírale M advirtieron al publicar»» la lista de los senadores de designación real. Pero luego vino

Lasuen con esta horterada de que a Suárez no le Interesa la cultura. Y ahora Carmina García Moreno tiene

que hacer milagro* para tratar de convencer a la parroquia de todo lo contrario. Le deseo mucha

suerte.

• Pió Cabanillas ha lanzado en la* Cortes la nueva concepción del derecho a la cultura. Lo define como

derecho a que el Estado proporcione los medios para el acceso a la cultura. Es imprescindible, sin

embargo, no confundir la .cultura con la educación. Uno de los fracaso» de la política cultural podría

proceder de la falsa idea de que todo es cuestión de convertir en regadío las actuales tierras d>e secano, a

base de regar de millones los páramos de la inteligencia. La cultura, fundamentalmente, e» un problema

ambiental. No sirve de nuda hacer un catalogo de monumentos, reconstruir los, conservarlos, si el

personal se empeña luego en tirar latas de conserva por los alrededor»* —no aludo, por pudor, a la mon u

mentalidad de sus propias excrecencias y secreciones—* «u cortar loa árboles, romper los rosales o

profanar la. Historia. España no es un país inculto porque s*a un pata pobre. Épocas hubo de mayor

pobreza en lan que Intla en el pueblo la sensibilidad cultural. Otros tiempos en los que se «doraba más a

la inteligencia que a los vellones de oro. No son Ins pobres los que han hundido en el humilladero del

analfabetismo nuestra n«mt c i a cultural. Son las clases altan tas que han Importado los modelos

consumistas de tos arribistas del material i s m o no dialéctico. O, como decía el otro, fue el franquismo el

que despreció a la cultura, porque sabía que la cultura podía acabar con´ al franquismo.

• ¿Qué amistades tienen Ion políticos en el mundo de la cultura? Entre los ministros hay algunos con

evidente sensibilidad cultural. Ordóñez. Olíart, Oreja, tienen magníficas colecciones de arte moderno. Se

ve que el signo de la O ha salido culturalisU. De todos modos, el alefamiehto de los intelec t u a 1 e s

sigue ´siendo una cosa patética. Se les sigue teniendo en el «ghetto». Lo peor del caso es que todo seria

soportable: el ataque, la pobreza, con tal de que se les leyera mínimamente. Sé de algún alto responsable

que preguntaba: «Y ese Ale!" xandre, ¿qué es? ¿Qué hace?» Bien, Ahora supongo que todo el mundo,

incluidos Ios directores generales, que´ son una de las especies raá* incultas de este pala, ya sabe que se

trata de un poeta y que vive en Wellington 3. Esa es la cultura de los «masa media. ¿Pera cuántos se han

comprado los libros del poeta? Esa sigue siendo la gran pregunta.

Josep MELIA

 

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