Cuando somos noticia     
 
 ABC.    23/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. JUEVES, 28 DE NOVIEMBRE DE 1978. PÁG. 2

DIRECTOR: Guillermo LUCA DE TENA ´

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Editor PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

CUANDO SOMOS NOTICIA

Somos hoy, lo somos desde ayer, noticia los periódicos; noticia los periodistas. Nunca es buen síntoma

que lo seamos, convertidos en protagonistas de nuestra propia función, cuya razón de ser consiste

precisamente en reflejar o ser eco, incluso eco crítico, del protagonismo de los demás y de todo to

noticiable que tienen los hombres y los acontecimientos.

Por la nerviosa tensión de estos días, dominados en la política interior española por la noticia y las notas

oficiales referentes al frustrado golpe militar y a los Incidentes de Cartagena, ha resultado más resonante,

más escandalosa, que en cualquier otra ocasión lo hubiera sido, la doble orden de detención lanzada

contra el director y el subdirector de «El Imparcial». Sin tal clima de nervios, al que nadie es ajeno, habría

bastado, seguramente, una simple citación para la comparecencia judicial de ambos periodistas.

De todas formas, ambos la han cumplido voluntariamente, y, luego de su declaración, han sido puestos

en libertad. No debemos, por mucha que sea la hondura de nuestros sentimientos profesionales, ni

por fundados que resulten los especiales fueros del periodismo, negarnos a la competencia del poder

Judicial. Los periodistas no tenemos, en este aspecto, ninguna inmunidad. Somos ese cantado «cuarto

poder», que no se proclama en las Constituciones y cuyo prestigio y cuya influencia nos ganamos

diariamente con nuestro propio buen hacer, con el limpio esfuerzo del oficio. De un oficio tan

absolutamente público que sí merece, por ello, algunas matizaciones del rigor procesal. Asunto de pura

forma, se dirá, pero asunto importante sin duda alguna. Y único fallo que nos limitamos a anotar en este

caso.

Más grave resulta un antecedente —éste circunscrito al ámbito periodístico— que ha debido influir, de

algún modo, en el desarrollo del enojoso episodio. Nos referimos al conflicto que ha enfrentado a «El

País» y «El lmparc¡a>l», a consecuencia de ciertas acusaciones contra éste publicadas por aquél.

Naturalmente, no vamos a juzgar el fondo de la querella entre ambos colegas. Ni a entrometer tercería

Impertinente o mediación no pedida. Pero sí podemos lamentar, como periódico, desde la pura y simple

profesionalidad ejercida durante muchísimos años, actitudes o modos que nos parecen francamente

impropios, que jamás admitiremos como uso periodístico admisible.

Cada periódico, de acuerdo con su particular inspiración, mantiene y difunde sus ideas. Al amparo de la

libertad de expresión y con solas las limitaciones legales que del caso sean. Y frente a la ideología de un

periódico, frente a su campaña, únicamente pueden los demás oponer la campaña propia y la propia

ideología. Pero nada más: las acusaciones, directas o indirectas, ante poderes o autoridades, hágalas

cualquiera menos otro periódico. Ninguno se publica para ser fiscal, ni policía, de los colegas. «El perro

—dicen los ingleses— no come perro.»

A todos los periódicos nos alcanza ahora muy clara responsabilidad histórica, por nuestra influencia en la

opinión pública, en estos difíciles tiempos de cambio político y de asentamiento de un sistema

democrático, que debe ser estable para bien de España. Es posible —pues que somos acción humana—

que no estemos, a veces, a la altura de nuestra responsabilidad. Es posible, en no pocas ocasiones, el

error.

Pero es segura —sin necesidad de inadecuadas correcciones fraternas, sin necesidad de acicates de

sospechosa virtud— nuestra sincera vocación de acierto, y es seguro nuestro esfuerzo diario en el servicio

de la mejor información y da la opinión más honesta a los lectores.

 

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