Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La hora de la verdad     
 
 Informaciones.    20/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA HORA DE LA VERDAD

Por Abe! HERNÁNDEZ

LA Zarzuela está en vigilia permanente. El Ejército, lo mismo. El presidente Suárez se ha ido a descansar

esta noche cuando clareaba el día. El primer ministro estuvo ayer en contacto casi constante con don Juan

Carlos. Preocupa el desenlace dé la negociación con los vascos y la culminación del consenso

constitucional. Se ha llegado a la hora de la verdad. Es cuando más hace falta dominar los nervios y tener

la cabeza fría.

Las cartas están, por fin, sobre la mesa. Es la culminación de la gran jugada. Esto produce excitación.

Algunas voces han aconsejado a Suárez que se plante ya y no arriesgue más. Los más impresionables

confunden la emoción y la incertidumbre lógica con el desastre. No hay todavía ningún desastre

previsible. Los más avispados están convencidos de que salimos de este embrolló. Por otros peores se ha

pasado. Es bueno que, por fin, el problema vasco esté sobre la mesa. Si al final se llega al acuerdo

constitucional , se habrán matado dos pájaros de un tiro. Si no, lo único que pasará es que se aplazará

unas semanas la solución, cuando el Senado se meta en harina.

En cualquier casó —pase lo que pase hoy—, el problema se desplaza básicamente al momento de aprobar

el Estatuto Vasco. Allí ya no servirán las ambigüedades. ¡ Los Estatutos de Autonomía van a renovar la

excitación. Entonces, presumiblemente, la cuestión vasca no será un mano á mano. En la partida van a

participar las otras regiones y «nacionalidades». Hasta ahora, sorprendentemente, no se han alzado,

airadas, las voces de los castellanos, aragoneses, catalanes, gallegos, andaluces, etc., pidiendo igualdad de

trato en la Constitución.

El gritó de «Fueros, sí; pero para todos», puede escucharse pronto en todos los rincones de España. La

restitución de los derechos torales e históricos (del siglo XIX) a los vascos suena demasiado a privilegio y

a anacronismo. Los conciertos económicos —se opina— deben ser para todos o para nadie. El gran

riesgo, que algunos insinúan en voz,baja, es que se constitucionalicen los desequilibrios regionales. Los

más audaces hablan ya de «impuesto constitucional pagado a los revolucionarios vascos». Seguramente

exageran, pero peor sería, aún sembrar la semilla de la descomposición del Estado. Por todo ello, se

impondrá necesariamente la sensatez.

 

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