Martín Villa comparece ante la Comisión de Interior. 
 Los fallos serviran de lección futura     
 
 ABC.    20/07/1978.  Página: 71-72. Páginas: 2. Párrafos: 35. 

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MARTIN VILLA COMPARECE ANTE LA COMISIÓN DE INTERIOR

"LOS FALLOS SERVIRÁN DE LECCIÓN FUTURA"

El ministro del Interior, don Rodolfo Martín Villa, compareció, a las diez de la noche de ayer, ante la

Comisión correspondiente del Congreso de los Diputados. Recogemos la parte expositiva de los tres

sucesos explicados por el ministro ante la Comisión de Interior.

En Pamplona

«LA ACTUACIÓN DE LA POLICÍA ARMADA EN LA PLAZA DE TOROS FUE

DESPROPORCIONADA»

En San Sebastián

«NO HUBO ASALTO CONTRA EL CUARTEL DE LA POLICÍA ARMADA»

«TODOS DEBEMOS ASUMIR NUESTRA CUOTA DE RESPONSABILIDAD»

«CUANDO A UN POLICÍA SE LE TRATA COMO A UN DELINCUENTE, ALGUNOS PIERDEN

LA SERENIDAD»

«NUESTRO PRIMER OBJETIVO HA SIDO ACOMODAR LA VISION DEL ORDEN PUBLICO A

LAS EXIGENCIAS DE UN RÉGIMEN POLÍTICO EN LIBERTAD»

PAMPLONA

Los sucesos de Pamplona tienen como causa próxima la exhibición de una pancarta en la plaza de toros,

finalizada la corrida del día 8 de julio, pidiendo la libertad de los detenidos, puestos a disposición de la

autoridad judicial, como supuestamente Implicados en la muerte del subteniente de la Guardia Civil señor

Eseve-rri, y el posterior enfrentamiento entre los partidarios y contrarios de dicha pancarta.

Producidos aquellos hechos se ordena la entrada de la Policía Armada en la plaza de toros, cuya actuación

fue desproporcionada a la magnitud de los sucesos y de la que, en mi criterio, son responsables los

mandos que dieron dicha orden y no los miembros de las F. O. P., que se limitaron a ejecutarla.

SAN SEBASTIAN

Los sucesos de San Sebastián ocurridos el día 11 en la cuesta de Aldapeta se producen a consecuencia de

una manifestación violenta contra las F. O. P. por su actuación en la plaza de toros de Pamplona,

colocándose una barricada en la cuesta de Aldapeta citada, desde la Que se hostiga a la Policía Armada,

que tiene su cuartel al final de dicha cuesta.

Las primeras informaciones recibidas sobre estos hechos en el Gobierno Civil de Guipúzcoa, y que fueron

recogidas en la nota oficial facilitada por dicho Gobierno Civil, se afirmaba que se trataba de un asalto al

cuartel de la Policía Armada por parte de los manifestantes, así como que dichos asaltantes habían

efectuado disparos de arma de fuego contra los policías, viéndose éstos obligados a parapetarse tras

vehículos y árboles.

Posteriormente se comprobó que los hechos no se habían producido en la forma Que reflejaban dichas

Informaciones, al no haber existido asalto al cuartel de la Policía Armada, aun cuando algunos

manifestantes sí hubieran podido efectuar dis-paros de armas de fuego. Se comprobó la no existencia de

los llamados «Incontrolados» y sí únicamente la de dos policías armadas, de paisano, que regresaban de

prestar servicio de protección y acompañamiento a sus compañeros heridos en el atentado del día 27 de

junio y que se hallaban hospitalizados.

RENTERÍA

En la mañana del día 13, unos 2.000 manifestantes, aproximadamente, Impiden, por la fuerza, que una

sección y media de la Guardia Civil consiga retirar una gran barricada que interrumpía el tráfico por la

carretera nacional I, y que cumplían mis Instrucciones de asegurar el tráfico en las vías principales,

caminos y ferrocarril.

Solicitado ácoyo a la Policía Armada, se desplazan de San Sebastián a Rentería dos compañías de la

Reserva General.

Con posterioridad a estos hechos, una sección de la compañía de la Reserva General, con sede en Miranda

de Ebro, procede de forma Incomprensible a causar destrozos y daños materiales en establecimientos y

edificios de Rentería.

Tras la síntesis del Informe Que sobre los hechos acabo de realizar, quisiera hacer una valoración

personal. De este modo pretendo responder, honestamente, a una, triple Interrogación. ¿Por que se

producen los—sucesos? ¿Eran evitables? ¿Cómo se corrigen?

De la relación lineal de Incidentes ocurridos en Navarra, que figura en poder de los señores diputados,

como de la enumeración de los acaecidos en Guipúzcoa, nadie, legítimamente, puede negar que la

situación en aquellas provincias estaba cargada —yo diría que sobrecargada— de tensiones y conflictos

violentos. Hay, pues, un clima de latente peligro porque en cualquiera de los cotidianos enfrentamientos

callejeros existe el riesgo de un accidente mortal. No se trata de manifestaciones legales. Los datos

señalan claramente que esos movimientos de grupos activistas evidentemente conocedores de las tácticas

de la guerrilla urbana, tratan de extender el terror entre la población pacífica en la búsqueda de la

inhibición social y política de la gran mayoría de la sociedad. Por-ello, nunca utilizan el recurso legal del

derecho a la manifestación. No les conviene porque, dado su carácter minoritario, acabarían siendo

reducidos por esa población, también la vasca y la navarra, no nos engañemos, que reclama como derecho

esencial el de la tranquilidad de una convivencia pacífica. Son esos grupos que enlazados o influidos por

el terrorismo se consagran a un tipo ´de violencia que también es terrorista y frente a los que

Inexorablemente las Fuerzas de Seguridad del Estado han de actuar.

Y yendo al primero de los episodios, trágico episodio, el de Pamplona, en el acta de la Junta Provincial de

Orden Público está inequívocamente claro el criterio de máxima prudencia que se Impone a las Fuerzas

de Orden Público, como lo está también en el largo proceso de contención en la Cuesta de Aldapeta.

¿Por qué se producen estos hechos lamentables? Afirma que ha habido errores como el de la entrada en la

plaza de toros, o escasez de efectivos policiales, o defec-t u o s a información, también censurable, ante el

cuartel de San Sebastián. Pero en ambos casos es Innegable que tanto la herida mortal de Germán

Rodríguez Sáinz como la ´de José Ignacio Barandiarán Urcola se producen cuando en las calles se hostiga

violentamente a la Fuerza. Ambos hechos, que lamento, no se habrían producido con toda seguridad si las

cargas emocionales no pesaran tanto. Porque, señores, cuando a un policía que está al servicio de la ley,

de una sociedad libre, se le trata, por algunos, como a un delincuente ají que hay que atacar, mientras la

sociedad a la que defiende lo observa con pasividad, cuando a sus familiares se les condena al ostracismo

o incluso se pretende atemorizarles, cuando son víctimas de agresiones o amenazas, aunque sean raras

excepciones, algunos que debieran ser servidores de la serenidad, pierden la serenidad;

Lo qué no justifica, y lo repito aquí, ningún exceso y mucho menos cuando éste se comete con olvido de

las más esenciales virtudes que un servidor del orden debe tener.

Creo que los sucesos eran evitables, y en tal sentido todos debemos asumir nuestra conducta de

responsabilidad. YO en pri-~ mer lugar, como ministro del Interior. Y conmigo las autoridades

gubernativas y los mandos de las Fuerzas, además de loa que directamente intervinieron en los hechos.

Pero junto a la nuestra está la responsabilidad de la sociedad española, del pueblo vasco y de todas las

fuerzas políticas que quieran asentar la libertad en el pilar indiscutible de la convivencia pacífica. Porque

esa calma necesaria, esa tranquilidad imprescindible, no existe en aquellas provincias, y sin ellas el orden

público no puede ser competencia de unos poco». Yo he sido testigo presencial de la paralización violenta

de una provincia y del esfuerzo de los grupos sociales por recomendar calma y serenidad. Por eso he de

preguntarme si lo que ha sido posible hacer con carácter excepcional no es la obligación cotidiana de

todos.

ABC. JUEVES. 20 DE JULIO DE 1978. PAG. 72

AUNQUE EN LOS MOMENTOS GRAVES LA RETIRO

"PERSONALMENTE SIEMPRE TENGO PRESENTADA MI DIMISIÓN"

EL ORIGEN DEL TERROR

No me detengo a analizar cuánto de atribuible tengan los acontecimientos a una estrategia preconcebida

por el terrorismo. Sólo quiero significar que con frecuencia se olvida el origen del terror y la causa última

de la situación en las provincias norteñas. Por eso, además, tengo que lamentar lo ocurrido, porque todos

sabemos1 cómo se pueden rentabilizar las víctimas, y soy consciente del tremendo error, la enorme

torpeza, más grave que la indisciplina, de Rentería. Porque los policías armados-, que allí actuaron han

hecho un muy flaco servicio a la causa del orden y anularon en gran manera el esfuerzo singular que

durante tiempo la Policía Armada venía haciendo por dar a conocer su Identidad real de servidores de los

ciudadanos en la lucha contra la delincuencia y al servicio de la libertad.

Desgraciadamente, los hechos están, de modo inexorable, ahí. Pero para ellos hubo, y hemos de recordar,

la corrección automática y oportuna, lo mismo que se han producido y se producirán las sanciones

adecuadas. Los postergados no han estado, ni en espíritu ni en forma, a la altura de las circunstancias,

como tampoco siguieron las directrices del Ministerio y de sus respectivos superiores. El fallo, en la

medida de lo que es humano, está corregido y servirá de lección futura.

Tanto el Gobierno como el Ministerio del Interior han comprendido siempre la necesidad de modificar el

entendimiento del orden público al Compás del cambio político que se estaba y se sigue operando en

España. Resultaría paradójico que la realización de la reforma política en profundidad que se está

llevando a cabo no alcanzase también a la concepción del orden público, Introduciendo en el mismo todas

las modificaciones necesarias que la nueva situación política española reclamaba. De ahí que uno de

nuestros primeros objetivos, por no decir el fundamental, haya sido el de acomodar la visión del orden

público y el comportamiento de sus servidores a las exigencias, por otra parte Ineludibles, de un régimen

político en libertad.

NO AL OPORTUNISMO POLÍTICO

Ahora bien, aquí ante lo que nos encontramos es ante unos sucesos de los que he tenido el honor de

informar ante sutedes, y cuya valoración nos´corresponde a todos, En relación con ellos, lo primero que

quiero decir es que el Ministerio del Interior y su titular, muy particularmente, van a dudar lo más mínimo

por lo que a la adopción de las medidas pertinentes se refiere. Afecten a quien afecten y se sitúen en el

ámbito que se sitúen. Pero tengo que agregar de inmediato, una vez sentado esto, que tales sucesos no son

ni pueden llegar a ser una cuestión de oportunismo político. Porque para que lo fueran no sólo se

requeriría, al decir de don Manuel de Aza-ña en esta misma casa, que la Fuerza Pública se hubiera

excedidoen el ejercicio de sus funciones o hubiera realizado hechos reprobables, sino que se requeriría

también que el Gobierno, conociéndolos con antelación, los hubiera consentido o, sabedor después de los

mismos, los hubiera amparado. Y en los sucesos que merecen nuestra atención no ha ocurrido ni una cosa

ni otra.

Es absolutamente injusto hacer recaer sobre la honorabilidad de los Cuerpos de Seguridad del Estado,

encargados de salvaguardar los derechos y libertades del ciudadano, el reproche a conductas

individualizadas de indisciplina o extralimitación merecedoras por ello de la sanción Correspondiente.

Son los propios Cuerpos de Seguridad del Estado los más directamente interesados en eliminar de su seno

conductas de Indisciplina o de violencia innecesaria; pero tienen derecho a exigir de la sociedad y de

todas las fuerzas sociales y políticas el reconocimiento explícito a su misión esencial y el respaldo debido

a su actuación para preservar el orden y garantizar la seguridad ciudadana.

NUEVAS RESPONSABILIDADES

El Ministerio del Interior ha estado y está dispuesto a asumir todas aquellas nuevas responsabilidades que

de algún modo puedan contribuir al mantenimiento de un orden público mejor y más eficaz. En este orden

de cosas estimo que na personal ni ´políticamente tengo derecho a hurtar «situación a la asunción de una

más plena responsabilidad respecto a los Cuerpos de Seguridad del Estado. Muchos de ustedes saben que

jamás he discutido el carácter esencialmente militar de la Guardia Civil, como Instituto Armado que es, y

algunos de ustedes son testigos de que he mantenido la conveniencia de que la Policía Armada siga

siendo un Cuerpo de estructura militar. Mas entiendo que tal hecho no puede ocultar la necesidad de que,

ya que ambos Cuerpos dependen funcionalmente del Ministerio del Interior, y el de la Guardia Civil

también del Ministerio de Defensa, mi Departamento se vaya paulatinamente corresponsabilizando en

materias Internas de los mismos, que, hoy por hoy, le son ajenas, pero que indudablemente inciden en el

funcionamiento de los mismos, que sí es competencia suya. Creo que en este sentido el proyecto de ley de

la Policía debe suponer un importante avance en ese punto.

NO A LAS FALSAS CONCLUSIONES

Lógicamente quienes temen la responsabilidad de la actuación de los Cuerpos de Orden Público debemos

tener, al mismo tiempo, nuestra correspondiente cuota de responsabilidad en materias que van desde los

destinos hasta el régimen disciplinario.

 

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