Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   ¡Qué país!     
 
 El Imparcial.    14/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¡Qué país

SE decía siempre eso de «admirado compañero» cuando alguien te referia a uno del oficio periodístico en

la referencia a alguna cota. No le decía siempre sinceramente eso de admirado, pero era como una

muletilla obligada y cordial. Yo voy a decir sinceramente que mí admirado compañero Ricardo de la

Cierva que ha probado tantas veces su buena crianza conmigo— escribió un tila en «ABC» una cosa ya

sabida, pero tremendamente importante, at objeto de fo que voy a decir después: «Con el apoyo total de le

Corona jamás perdido, pero inequívocamente revalidado— el presidente del Gobierno se metió, uno tras

otro, en (os diversos compartimientos de la jaula de los leones. ¿Cómo es posible que algunos políticos

ignoren todavía su táctica? Su táctica consiste en recabar, primero, la seguridad desde la cumbre, y las

manos libres. Segundo, en presumir la seguridad del apoyo total desde las bases. Tercero, en lidiar a los

políticos con el recurso de adelantarse a sus maniobras».

Esto es, ni más ni menos, que conocer a Suárez perfectamente. Su primer gran objetivo, en la primavera

pasada, era ganar las alecciones; y, en tiempos de transición, cualquier politice avisado las gana siempre

desde el podar; y como las colaboraciones que solicitaba para ganar las elecciones eran solamente grupos

de partidos de la Corta, cuyos efectivos estaban a nivel de cenáculo no eranpartidos, sino partidas el

segundo objetivo de Suárez en el otoño, después del triunfo, era que todos se fusionaran o disolvieran en

favor de un solo partido potitico dirigido por Suárez y sometido af presidente del Gobierno. Tenemos a

poca distancia todas las elecciones de este mundo: las sindícales, las municipales, el referéndum a la

Constitución, y después las generales y definitivas.

Todos remoloneaban, y no se prestaban gustosamente a desaparecer. Antes eran poca cosa, pero ahora

tenían diputados y senadores en el Parlamento. Los habla inventado Suárez, pero existían. Los personajes

se rebelaban contra su doctor Franfcestein. No es exactamente que la Corona respalde eternamente a

Suárez, pero lo que sucede es que si Suárez no tiene un gran partido, no podrá ser respaldado.

Una vez, hace dos años, Adolfo Suárez se presentó a unas elecciones para ocupar un escaño de consejero

nacional del Movimiento por los «40 de Ayete», y en una revista que yo dirigía entonces hice que un

dibujante vistiera de gladiador romano a Adolfo Suárez, y se acompañaba este texto: «Los que van a

morir por ti, te votan». La gente que la votó, los Primo de Rivera, los Aznar, los Valdés, el estamento

histórico ,de ta Falange del viejo régimen, pensó que era una imaginación mía, pero y° conocía el paño,

veo la política de largo, como ven algunos campesinos fas avutardas. Y efectivamente, al

poco tiempo, se cargaba el presidente al mismo Movimiento Nacional con todos dentro.

Ahora, los personajes que tienen cierta entidad política en la Unión del Centro Democrático, y que son

ministros, o líderes relevantes, ya serán bastante menos cuando no existan sus organizaciones. Ya no

contarán, porque el poder es omnipotente, omnipresente y omniscent*. A partir de ese momento Suáraz

dispondrá del destino político de cada uno. Se acabó. Ya están todos e tiro de Suárez. Al presidente no le

gusta rodearse de criterios ostensibles, sino de inequívocas subordinaciones y lealtades. Es la historia de

siempre. La borrachera del mando. En Esparta, un partido ha sido, casi siempre, un hombre. Los que no

han aceptado la servidumbre, se han ido; o han fundado otro partido.

El presidente tiene dos ventajas que aprovechará siempre. El respaldo de la Corona como tal presidente

no como Suárez— y luego que tiene el poder en sus manos. En España todavía el poder ejerce una

atracción singular para los políticos que aspiran a algo. La democracia erotiza más que el autoritarismo.

EF poder es tan atrozmente tentador, que conozco muy pocos Ulises que no estén dispuestos a entregar su

corazón, su casaca y su conciencia, para hacerse un sitio en el Gobierno, aunque sea a codazos.

EMILIO ROMERO

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