Autor: Gil-Robles Gil-Delgado, José María. 
   La oligarquía representativa     
 
 El Imparcial.    14/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La oligarquía representativa

Apunto de cumplirse los seis meses desde la celebración de las elecciones legislativas, vale la pena

analizar sus consecuencias en orden a la iniciación del proceso de consolidación de la democracia.

CREO que el análisis debe hacerse con gran espíritu comprensivo, ya que el paso del autocratismo a la

democracia se hizo cuando los instrumentos básicos de la democracia representativa los partidos

políticos se resentían de los males incurables a corto plazo de una larga existencia clandestina.

LOS partidos con más larga y combativa tradición de clandestinidad. sobre todo en lo que

convencionalmente se llama la izquierda, pudieron luchar en condiciones bastante favorables y lograron

llevar a las Cámaras de nueva elección un número lúcido de representantes. Tal vez el elenco de hombres

preparados para asumir una tarea de gobierno no estuviera en la misma proporción.

EN la derecha y extrema derecha el fenómeno se presentó con características parecidas, aunque los

resultados numéricos fueron claramente desfavorables.

EN la que pudiera denominarse zona centro, la desorientación y falta de coordinación de los grupos que

podían ostentar de pleno derecho esa calificación. dejó un vacio que vinieron a llenarle formaciones

políticas poco más que uninominales. con programas divergentes y en cierto modo inconciliables,

coaligadas para obtener los beneficios del apoyo del poder, las presiones descaradas de los restos del

franquismo en los medios rurales y el ansia de amplias zonas de la opinión española de evitar, en la

medida de lo posible, los enfrentamientos violentos.

EL resultado ha sido un Parlamento de novicios de la democracia, cuyo núcleo fundamental es una

coalición electoral que se esfuerza desesperadamente por constituirse en partido unitario; y un partido

histórico clasista alarmado por los factores de disociación que introduciría en su seno cualquier intento de

participación en las tareas de gobierno.

LA Unión de Centro Democrático no puede gobernar sola porque le falta cohesión interna, disciplina

sólida y jefatura con una autoridad forjada en el yunque de las contiendas parlamentarias y no de las

conversaciones y negociaciones de pasillo. Esa debilidad le impide contar con colaboraciones de otros

grupos, que tampoco tienen solidez bastante para afrontar las dificultades que a diario plantean las

coalicciones de gobierno.

El. Partido Socialista, más minoritario que el Centro en el Parlamento, tiene grandes dudas en cuanto a la

fidelidad de la base obrera a la hora de exigir los sacrificios que todo Gobierno tiene necesariamente que

imponer en la difícil coyuntura presente.

NINGUNO de los dos partidos minoritarios más fuertes está, hoy por hoy. en condiciones de gobernar,

ni solos, ni a través de una alianza coyuntural. El primero, no puede. El segundo, ni puede ni quiere.

EL resultado inevitable ha sido el Pacto de.la Moncloa. objeto de tan encendidos y excesivos elogios,

al que sinceramente deseo desde el retiro de mi observatorio toda clase de éxitos, pues no tiene fácil

sucedáneo, pero que por su verdadera naturaleza —el convenio de la impotencia y el miedo está llamado

a falsear la democracia.

HA comenzado por superar al poder ejecutivo, al que impone acuerdos vinculantes, con cláusulas secretas

o sin ellas. Está reduciendo a uo órgano inoperante al Parlamento, que no se atreve a hablar y que debería

ser instrumento de vigorización v actualización de la democracia por el choque fecundo de las ideas.

Extiende la práctica viciosa cuando no está plenamente justificada de legislar por decretos-leyes, y

acabará por ser, en caso de conflictos agudos, el intérprete de las normas que impone a un gobierno que

monopoliza los cargos, procurando endosar, sin conseguirlo eficazmente, una parte de las

responsabilidades de gestión que le imponen los oligarcas reunidos en la Moncloa.

Porque lo que de verdad estamos ensayando es algo ciertamente original, pero peligroso, como todos los

intentos de originalidad en el campo político: la que podríamos llamar la oligarquía representativa de los

jefes de partidos, cuyo foro son las tertulias de la Moncloa.

JOSÉ MARÍA GIL ROBLES

Mañana: «;.Qué es una democracia moderna de Rafael Arias-Salgado.

 

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