Información religiosa. Cardenal Enrique y Tarancón, en la apertura de curso de la Pontificia de Salamanca. 
 Es necesario que existan universidades de la Iglesia     
 
 Informaciones.    09/10/1973.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA

CARDENAL ENRIQUE Y TARANCON, EN LA

APERTURA DE CURSO DE LA PONTIFICIA

DE SALAMANCA:

ES NECESARIO QUE EXISTAN UNIVERSIDADES DE LA IGLESIA

SALAMANCA, 9. (LOGOS.)

El cardenal Enrique y Tarancon, presidente de la Conferencia Episcopal Española y gran canciller de la

Universidad Pontificia, ha presidido la apertura del curso académico. Los actos se iniciaron a las once de

la mañana, con una misa del Espíritu Santo, que fue concelebrada por el cardenal y los obispos de

Salamanca, Valladolid, León; auxiliar de Madrid, monseñor Estepa; de Sevilla, monseñor Montero; de

Oviedo, monseñor Yanes, y de San Sebastián, monseñor Setién.

Terminada la misa, las autoriades, profesores y alumnos se trasladaron al aula magna de la Universidad

Pontificia, donde tuvo lugar el acto académico.

También asistió el presidente del Patronato de la Universidad, don Antonio Garrígues y Díaz Cañábate, y

las autoridades civiles y universitarias de Salamanca.

El profesor doctor Saturnino Alvarez Turienzo, vicedecano de la Facultad de Filosofía, pronunció la

lección inaugural, sobre el tema «Fray Luis de León: valor de actualidad de su estilo intelectual y

humano».

DISCURSO DEL CARDENAL

Seguidamente, el cardenal Enrique y Tarancón pronunció un discurso. Manifestó que al tener que hablar

con la doble condición de presidente de la Conferencia y gran canciller de la Universidad, existía

un tema que está reclamando, y creo —dijo— que con cierta urgencia, mi Interpretación. «Porque

algunos no acaban de estar convencidos de la conveniencia y hasta la necesidad de que existen

Universidades de la Iglesia. Y bastantes más no aciertan a comprender el porqué de la existencia de una

Universidad eclesiástica que pueda llamarse y ser en realidad la Universidad del Episcopado español.»

«La Universidad —dijo después—, esta Universidad Pontificia, es como una confluencia de personas

empeñadas en la investigación, en la docencia y en el aprendizaje que ponen en común sus sabores, sus

preguntas y sus respuestas, sus dudas y opiniones, para crear un clima humano en el que la verdad

aparezca y se difunda de la manera más limpia, más honesta, más completa y más enriquecedora posible.

No deben existir aquí ambigüedades ni encubrimientos. Ésta es una Universidad de la Iglesia. Su

doctrina, sus métodos de trabajo, sus objetivos y hasta las relaciones entre sus miembros tienen que estar

iluminadas por la fe cristiana e impulsadas por unas motivaciones auténticamente evangélicas. Los

creyentes sabemos que el cristianismo no nos aleja y nos priva de una participación verdadera en la vida y

en las aspiraciones de los hombres, sino que nos ayuda a descubrirlas más profundamente y nos empuja a

participar en todo lo humano con más desinterés, con más sacrificio y con absoluta seriedad.

Quiero dejar sentado —dijo finalmente—, ante todo, que el hecho de que haya universidad Pontificia, que

se llame y sea del Episcopado, no significa que las otras Universidades eclesiásticas que funcionan en la

nación no estén dispuestas a colaborar eficazmente con el Episcopado, y que puedan actuar totalmente al

margen de él. Y es justo reconocer que las Universidades y Facultades existentes en España, aun

perteneciendo muchas de ellas a un sector determinado de la Iglesia, y estando vinculadas directamente a

la Santa Sede, se han ofrecido generosamente al Episcopado y están dispuestas a colaborar cada vez con

más intensidad en la pastoral que orientan y dirigen los obispos. Pero el Episcopado tiene en cada iglesia

particular una responsabilidad irrenunciable, en orden a la formación en la fe del pueblo cristiano y a la

animación constante de la vida de la Iglesia. Los obispos, además, ejercemos nn magisterio auténtico en

la Iglesia, permaneciendo en común con el Romano Pontífice.»

9 de octubre de 1973

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