Autor: Carabias Sánchez-Ocaña, Josefina. 
   La alta cámara     
 
 Ya.    20/11/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

YA Pag. 8

COLABORACIONE

JOSEFINA CARABIAS

LA ALTA CÁMARA

Aunque, desde los tiempos en que se publicó el "Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha"o tal lez

desde antes, la gente venga diciendo que "nunca segundas partes fueron buenas", ahora resulta que el

Senado lo desmiente.

Después de haber escuchado el debate que tuvo lugar el miércoles en el Congreso de los Diputados (más

que un debate fue un aburrido consenso de pareceres) sobre nuestra incorpo, ración al Consejo de Europa,

el que se celebró en el Senado el viernes por la mañana sobre el mismo tenia resultó mucho más brillante.

Los senadores hablan mejor que los diputados. ¡Y eso que aquí no hay "tenores"!

Me lo decía alguien que recordaba la famosa frase de don José Ortega y Gasset, a quien citaron mucho los

senadores como ejemplo de europeista de la cultura. Don José, hablando de las Constituyentes del si, en

las que él figuró {aún me parece que le estoy viendo en aquellos escaños altos a los que alguien bautizó

como "el Olimpo" por la espléndida muestra de intelectuales que los ocupaban, dijo que "aquellas Cortes

estaban compuestas, en su mayoría, por "tenores, jabalíes y payasos".

Los "tenores" eran los que, además de ser líderes políticos o personalidades destacadas, eran elocuentes y

lograban que se hiciera el silencio más absoluto cada vez que se ponían en pie para cebar un discurso.

Ahora, en general, se habla peor. Pero también hay unos cuantos "tenores" que hacen el silencio y e| lleno

cuando se sabe que van a hablar o que van a leer, que es lo que más se acostumbra en las Cortes.

En principio, se suponía que en el Senado no habría "tenores". Todos los líderes que mueven las fuerzas

políticas están en el Congreso.

Sin embargo,¡qué diferencia entre un debute y otro! Don Joaquín Satrústegui, don Ricardo de la Cierva, el

señor Benet, de la Entesa dels Catalans; don Federico Carvajal, que pasará a la historia política como el

primer socialista que logró salir elegido por Avilahasta junio último las murallas no habían permitido la

menor infiltración izquierdista ni siquiera cuando soplaban vientos más favorables, asi coma otros

varios y también ilustres senadores, nos demostraron en el debate sobre Europa que el Senado no es una

cámara Inútil, un mero eco de la otra, sino una reunión de hombres esclarecidos y esclarecedores a los

que vale la pena ir a escuchar de vez en cuando, porque dicen muchas cosas y las saben decir muy bien.

Por lo demás, y mientras no decida la Constitución la nueva forma que adoptara en su calidad de

Cámara para las Regiones, el Senado sólo sirve para lo que ya había aprobado el Congreso dos días

antesoí decir Incluso a algún senador.

En principio, tanto aquí como en la mayoría de los países de sistema bicameral, el Senado o Cámara

Alta tiene por misión actuar de freno de los posibles excesos de la otra.

Ya sé, pero como, por pitos o por flautas por "pactos de Moncloa o "acuerdos de la junta de

Portavoces", resulta que el Congreso se ha convertido en una balsa de aceito, los senadores no tienen nada

que frenar.

Sin embaro, siempre se "sacan de la manga" algo Interesante. Por ejemplo, el otro día oímos a la

profesora Gloria Begué defender en nombre del Grupo Independiente una propuesta, en la que piden al

Gobierno que remedie el lamentable (mejor sería decir vergonzoso) estado de la investigación científica

en España. Qué bien habló y qué buenas cosas dijo sin manotear y sin que se le moviera un pelo de la

melena!

A mí, la verdad, me gusta el Senado. Y repito que vale la pena ir, de vez en cuando, a oír las cosas que

allí se oyen.

Y, además, ¡esta paz que se respira, ahora que los senadores están ya en su antiguo palacio! ¡To creo

que lo dan las paredes y el nombre. Piensa que hasta 1923 ésta era la Cámara de los. próceres... Todos

hombres mayores, que actuaban con la serenidad que dan los años, la situación segura en la vida y el

haber visto muchome dijo un colega mientras tomábamos café durante el descanso de la sesión.

Bueno, eso de la serenidad era según como vinieran las cosas. Aquí, en este viejo Senado tan respetable

y plácido, se dieron una vez de bofetadas un Jefe del Gobierno, de lo mas serio y conservador con su

buena barba y sus sesenta y cuatro años, y un general en activo. Menos mal que fue en el despacho del

presidente del Senado y no en el salón de sesiones. Eran los tiempos difíciles que precedieron al golpe de

Estado de 1923.

Pues ¡menudo escándalo se armaría, si ahora ocurriera una cosa así!

Más o menos como el que se armó entonces. Pasó a la, historia por lo insólito. Nunca había ocurrido ni

volverá a ocurrir.

¡Dios te oiga!

 

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