Autor: Madariaga y Rojo, Salvador de. 
   Dos años por el camino de la libertad     
 
 Diario 16.    19/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

BALANCE DE DOS AÑOS

En este artículo -al que seguirán otros de análogo propósito, también de ilustres colaboradores-, Luis

Sánchez Agesta analiza el tramo recorrido -optimista y esperanzador- en estos dos años, dentro del

largo camino por andar, hasta una paz más verdadera, asentada sobre la justicia.

CUANDO mira, uno hacia atrás, nos parece que no todos los tiempos transcurren con el mismo ritmo.

Era casi un niño en aquellos años de la República, que sólo fueron cinco. Y me parecen tan llenos de

incidencias y conmociones como si hubieran sido quince o veinte; quizá porque se mezclan en mi

memoria lo que viví y experimenté, con lo que después he aprendido leyendo memorias o historias.

Después vinieron los años de la guerra, civil, con un ritmo más rápido, contra lo que pudiera parecer. Y

luego decenas de años de paz externa, largos y breves al mismo tiempo. Pero, sobre todo, vistos desde

hoy tan próximos y tan distantes.

Tan distantes porque sorprende que sólo sean dos años los que nos separan de aquel 20 de noviembre.

Tan próximos, porque no hay perspectiva para juzgarlos. Ni hay por qué. Los recuerdo, porque son el

antecedente necesario áe estos otros dos años, desde noviembre de 1975 a noviembre de 1977, que hemos

vivido después, en que se cumplió otro periodo de vida intenta en que a uno le extraña que quepan en el

tiempo tantos acónteceres.

EL análisis de las condiciones en que puede establecerse y mantenerse un sistema democrático es un

problema que ha sido explorado más de una vez por la ciencia política. Y en alguna ocasión me he

referido en esías mismas páginas a algún brillante estudio sobre este tema. Yo quisiera ahora olvidar

todas mis lecturas pora describir cuáles han sido las condiciones que han hecho posible ese cambio en

esta España concreta que estamos viviendo, Creo que es un buen tema de reflexión para los españoles, y

hasta, si me apuran, una lección que puede determinar su futuro.

Empezaré por algo que puede parecer a muchos intrascendente, pero que en cierta manera ha

condicionado muchos otros factores de la evolución. Las Leyes Fundamentales del régimen de Franco, y

muy especialmente la Ley Orgánica del Estado, no se habían aplicado más que parcialmente y eran

susceptibles, por consiguiente, de una interpretación en el momento de su vigencia. Aún más; estas

mismas leyes tenían múltiples expresiones ambiguas, con alusiones a la soberanía nacional, a la

representación y a la libertad, que dejaban el campo abierto a las más diversas interpretaciones. Se ha

podido, por

consiguiente, respetar la legalidad para el cambio oon una interpretación flexible que ha resuelto el

dilema entre reforma y

ruptura.

En segundo lugar, no hay que olvidar que la extrema personalización en la figura de Franco, que se

designaba como "adhesión", llevó al mismo ánimo de sus colaboradores el convencimiento de que a su

muerte era insustituible y era necesario buscar nuevas fundamentaciones para la, existencia y normal

desenvolvimiento de un régimen político. Esté nuevo fundamento, en vida misma de Franco, se definió

como participación y presencia del pueblo en las decisiones. Así se ha dado el fenómeno singular de que

ha sido la misma clase política del régimen anterior la que ha consentido y en algún momento ha

protagonizado el proceso de instauración de una democracia.

No seria justo olvidar que ha Habido dos instituciones totalmente vinculadas, el Rey y el

Ejército, que han garantizado este cambio, impidiendo que existiera un vacio de poder. De todas las

instituciones dibujadas por las Leyes Fundamentales, la Monarquía era la más borrosa, y el Rey mismo

ha dibujado su imagen como un monarca constitucional de una democracia moderna. Si Ejército tenía

confiada, junto a su función tradicional de defensa exterior, la protección de un orden institucional que

era capaz de evolucionar y ser reformado de acuerdo con las propias normas, Y ha cumplido

ejemplarmente el compromiso.

Ha habido también un principio ético de indudable valor que ha actuado en ese proceso y que ha

dominado todos esos condicionamientos. La reforma sustancial de un regi sus más íntimas convicciones,

para hacer posible un Gobierno coherente.

QUEDA mucho camino por por andar. Ya lo sé. Pero creo que lo andado, en uno de los momentos más

difíciles de la economía española, desde el punto de vista político, ofrece un saldo relativamente optimista

y esperanzador.

Los próximos años todavía serán inquietos e intensos. Y el tiempo volverá a ser lento men, mediante un

cambio realizado desde sus propias bases jurídicas, ha permitido que a nadie se le plantee un problema de

conciencia por juramentos anteriores a la hora de obedecer a las nuevas instituciones y que se sienta

vinculado a ellas con la misma sinceridad y con los mismos deberes. A ello debe sumarse un principio

que podríamos llamar de "estilo": nadie se ha sentido acosado en la hora del cambio. Incluso las

transformaciones más violentas se han realizado con tránsitos diluidos en el tiempo que han suavizado

el cambio, y ha habido, en general, en todos, un espíritu de tolerancia que ha limado muchas

asperezas.

Hay que olvidar que ha habido muchos hombres dispuestos a sacrificarse en beneficio de la

paz. Y no debemos olvidar ni a los procuradores que aprobaron la ley de la Reforma Política y otras leyes

que no eran probablemente de su agrado, ni a los políticos que han quemado su historia o su vida en ese

trance, ni a los que han sabido guiar ese proceso. Y, por último, como un fondo común, habría que

recordar a todos los españoles que a la hora de la verdad, cuando fueron primero llamados al

referéndum y después a elegir unas nuevas Cámaras, basadas en el sufragio universal, con unos

partidos borrosos, entre centenares de siglas que apelaban a su sufragio, supieron elegir con moderación

y hacer su voto útil, incluso quizá a veces con sacrifio de cuando alcancemos una paz

más verdadera, que se asiente en el equilibrio de la justicia.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

 

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