Autor: Parada, Luis Ignacio. 
   Dos y dos ya no son cuatro     
 
 Hoja del Lunes.    17/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PRISMA ECONÓMICO DOS Y DOS YA NO SON CUATRO

Luis Ignacio Paradas es licenciado en Ciencias Empresariales de ICADE y ha sido editorialista y

comentarista económico de "Ya", "Pueblo", "Arriba", "Nuevo Diario", "El Alcázar" y de las revistas

"Mundo", "Actualidad Española", "Por Favor", "Discusión y Convivencia", "Nuestro Tiempo" y "Punta

Europa", así como colaborador de una veintena de periódicos españoles a través de un articulo semanal

para las agencias Efe y SUNC. Jefe de las páginas económicas de "El Europeo" y asesor de los Servicios

Informativos de TVE, es miembro fundador de la Agrupación de Periodistas de Información Económica

(APIE).

EN los últimos cuatro años todo ha cambiado en la economía. Los países pobres son más ricos y los

países ricos más pobres por la simple decisión de aumentar los precios del petróleo. El comercio

internacional se proclama más abierto e interrelacionado, pero los ciudadanos de todo el mundo pagan

todo más caro, porque unos Gobiernos no tienen divisas para importar productos extranjeros más baratos

o porque otros Gobiernos han decidido proteger sus industrias aunque sus precios sean más caros. Hasta

1973 las etapas económicas de expansión se caracterizaban por una sensible elevación de precios con

pleno empleo, mientras las de depresión ofrecían un balance doloroso de desempleo y un estancamiento o

reducción de precios. Ahora todos los países, en mayor o menor grado, padecen una inflación de dos

dígitos, pero un nivel escalofriante de parados, al mismo tiempo que una deflación que lleva a una

profunda crisis empresarial.

TODO ES DIFERENTE

Los equilibrios del sistema económico occidental son ya diferentes. Se hace imposible una política

económica expansiva porque loa costos financieros son insoportables, las elevaciones de costes harían

imposibles las exportaciones y los déficits de las balanzas de pagos serian catastróficos. Pero

simultáneamente resultan inviables las políticas económicas r e s t r i ctivas en el sentido clásico por los

enormes costes sociales del desempleo y la quiebra de empresas. Los equilibrios tradicionales en el

reparto de áreas y poderes entre las grandes potencias se han modificado y las recién nacidas o incipientes

sociedades de consumo, decoradoras de productos y servicios, a los que no quieren renunciar, se han visto

abortadas o luchan por la supervivencia, mientras acusan a los Gobiernos, a las multinacionales y a la

estructura empresarial de corrupciones políticas y económicas, que han llevado a la situación actual.

Y ante este panorama general, la economía española se encuentra con problemas coyunturales

angustiosos, que no hacen más que agravar las dificiencias estructurales de una dilatada etapa de

autarquía, proteccionismo, manos libres y muchas veces Juego sucio. Ahora, ¿cómo va a aumentar la

inversión si no aumentan los beneficios? ¿Cómo va aumentar Va producción si no aumenta la demanda?

¿Cómo va aumentar la demanda si los salarios no crecen suficientemente? ¿Cómo van aumentar los

salarios si no crece la productividad? ¿Cómo va a aumentar la ´productividad si no aumenta la inversión?

Hasta hace poco, la solución para romper esta cadena ha sido la de consentir que los precios suban, lo que

ha permitido mayores remuneraciones salariales, nuevas inversiones, mayor productividad, más

producción y mayor demanda interna. Pero ¿cuál ha sido el precio? Anquilosamiento de las estructuras,

pérdida de competitividad exterior, déficits peligrosos en la balanza de pagos, descenso de divisas,

malestar social ante la desigual carrera de los salarios contra los precios y reticencia empresarial ante la

pérdida de posiciones adquiridas.

COMO EL AVESTRUZ

Todas las llamadas de atención sobre la conveniencia de ahorrar e invertir, sobre la necesidad de frenar el

consumo superfluo o mejorar la productividad, sabré la necesidad de tomar conciencia de que la crisis era

real y no inventada, económica también y no sólo política, han caído en el vacío. Recién salidos del

subdesarrollo industrial, parece como si tuviéramos prisa de disfrutar del lujo, como si llegados a un nivel

de renta suficiente necesitásemos quemar etapas, como si el confort, el bienestar, el descanso, el fin de

semana o la alegría de vivir en nuestra sociedad "alegre y confiada" fuesen objetivos ya alcanzados e

irreversibles. Nadie parece caer en la cuenta de que los países a los que tenemos que acercarnos en lo

político, lo económico y lo social—y que han hecho un paréntesis en su crecimiento que nosotros nos

negamos a aceptar--nos llevan todavía más años de ventaja en trabajo, en distribución de la riqueza

creada, en ahorro y en inversión que en confort, obsesión de gasto, mentalidad de consumo, ambición de

lujo y ansias de posesión.

NUEVOS CAMINOS

Política y economía son inseparables, y por eso los problemas económicos sólo tienen soluciones

políticas. El país se ha quitado felizmente la venda de los ojos y está viviendo una emocionante etapa en

busca de las libertades individuales y colectivas. Pero no acepta a ningún nivel —ni personal, ni

empresarial, ni laboral—la idea de que la relatividad es aplicable también a la economía y que hasta en las

ciencias matemáticas dos y dos ya no son cuatro. Echemos un vistazo a los libros de EGB de nuestros

hijos y veremos que ahora dos y dos hay que entender que son también seis menos dos, siete menos tres,

tres más uno o menos uno más cinco. Si añadimos que a esa misma cifra puede llegarse por derivadas,

integrales o logaritmos, veremos que ya no hay sólo un camino. El dinero barato, el crédito preferente, los

impuestos injustos, la evasión fiscal, las plantillas rígidas, los precios y los salarios "indiciados" y los

beneficios garantizados a cambio de los puestos de trabajo a perpetuidad daban como resultado una

simple suma aritmética: dos y dos son cuatro. Ahora hay que llegar a cuatro por otras rutas, ya sean atajos

o rodeos. Y de la imaginación, la responsabilidad y el buen sentido de todos depende que dentro de poco

hagamos la operación con el abaco o con un ordenador electrónico.

luis Ignacio PARADA

 

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