Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Momentum catastrophicum     
 
 Hoja del Lunes.    19/12/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LAS CONSTITUYENTES

MOMENTUM CATASTROPHICUM

7VO hubo pleno del Congreso acerca de los sucesos de Malaga, de Tenerife, que podría haber incluido

íambién los de Pamplona y algún etcétera que otro. Toda nuestra fuerza, parlamentaria la derrochamos ya

en el pleno de la bofetada. 3e conoce que era a lo más que podíamos aspirar. No hubo pleno porque ha

funcionado el paoto de la Moncloa, porque hay un consenso, que es un concepto que se presenta como

ingrávido, y que al parecer es previo a lo que tiene que ser objeto de con sentimiento. Así, por tanto, no se

ve motivo alguno para que haya oposición; hay consenso. Y habiendo consenso, es natural que don Felipe

González pueda irse a Rusia y vestir* se allí de Miguel Strogoff. Como si ahora en el Japón quiere

vestirse de "geisha", No por eso dejará de ser un bienaventurado. Hay consenso. El consenso está pasando

de ser una conclusión a ser un principio, que. como todos los principios tradicionales, es prueba de todo

menos de si mismo. Su virtud, como diría Ortega, es transitiva. La idea de que podamos llegar a una

guerra civil por consenso es verdaderamente alentadora, acaso porque el principio se opondría al propió

principio, ´con lo que no habría guerra civil De consentimiento en eonseníimiento acabaremos en el

estupor, que es la forma laica y minusválida del éxtasis. Cuan´ do todas nuestras peculiaridades

espirituales, sensoriales, culturales y sociales hayan desaparecido por consenso, seremos cuerpos

gloriosos, pero, una vez más, no habremos topado con la democracia. A fuerza de tanto consenso vamos a

terminar por ser todos cornudos.

JtfOS quieren hacer ver que lo de Málaga y lo de Tenerife es básicamente una

cuestión de orden público, y eso no es cierto. El orden público, o los desórdenes públicos, son el

precipitado de un desequilibrio histórico que se a/erra a cualquier motivo para manifestarse. En este caso

han sido las autonomías. ¿Qué entiende por autonomía la masa malagueña que se lanzó a la calle con

sus banderas f Evidentemente algo muy distinto a to que entiende el señor Tarradellas. El proceso

autonómico de Cataluña es /undamenta}mente una reivindicación de la burguesía catalana, y •! proceso

autonómico de Andalucía es /undamentaimente una reivindicación de las clases trabajadoras andaluzas.

Hablando desde un punto de vista político, aquél es un proceso derechista, y éste, de la izquierda. El aire

reaccionario y honesto del señor Tarradellas, que parece un personaje de "L´auca del senyor Esteve",

de Rusíñol, va paulatinamente reproduciendo el esquema de autosuficiencia catalana. Ya digo que no

es el señor Ta~ rradellas exactamente, sino su aire, Al contrario de lo que diré wn verso de Juan Ramón,

es un aire que está jugando con su fuego. Por ejemplo, el señor Tarradellas se niega a que la Assemblea

de Parlamentaris ejerza un papel senatorial respecto at Consell. La Generalitat es una cosa; el

Parlamentor otra. Habría que haber oído a Prieto. Al Gobierno le ha sido fácil entenderse con el señor

Tarradellas porque al poseer Cataluña una infraestructura favorable, y al ser uno de los núcleos en los

que se concentra /a renta nacióna?, la burguesía catalana ha resuelto, hasta cierto punto, el problema de

las clanes. Las reivindicaciones de clase proceden mayoritariamente de la inmigración interna, y de ellas

se hacen cargo las organizaciones obreras, como la CNT. Todo se reduce, por atora., a problemas de

carácter administrativo y técnico. La personalidad de Cataluña dentro de la economía de mercado es casi

celestial. Pero cuando todos Jos pueblos sean autónomos, o todos aquellos que Jo quiean ser, aparecerá el

verdadero sustrato del catalanismo, que es el proteccionismo. Aparecerá como problema indisimuíabíe e

insoluole. Entonces veremos a ver cómo se comporta la burguesía de San Feliú de Guisols.

TfL proceso autonómico andaluz es una cosa completamente distinta, « tneíuso contraria. Puede que el

Gobierno piense que el concepto de autonomía es como la música de las esferas, que anda flotando por

ahí, y que lo más barato es hacerla so~ nnr aquí y allá, sin más averiguaciones. Lo cierto es que resultará

estéril aplicar normas administrativas, técnicas y políticas sin fijarse en la infraestructura, del pueblo o de

la entidad regional a la que se aplican. La lucha autonómica de Andalucía «s wna lucha de clase, y el

muchacho que murió de un tiro con ía bandera andaluza en la mano murió por la clase obrera. "... La

autonomía andaluza—dice José Aumeni» en un lúcido articulo publicado en la revista "Triunfo"—es un

íema político que, como todo tema político, entra de lleno en la lucha de clases." Y dice también: "Son las

ciases populares, los trabajadores en su conjunto, los que han participado masivamente en los actos; son

¡cu ´fuerzas de izquierda y no las de derecha las que se han movilizado." ¿Por quét "Sencillamente porque

el mayor golpe que se le puede asestar hoy a la burguesía dominante en Andalucía es el de romper los

laxos que la unen, en virtud del mecanismo de su capitalismo dependiente, a la burguesía central... Un

poder andaluz gue intentase en serio reestructurar nuestra ««momia no podría sino herir de muerte él

circulo de sus intereses dependientes." Ese abismo

qus se abre entre la autonomía catalana y la autonomía andaluza, ese abismo pavoroso, ee un dato más del

problema real de España. El orden público, o los desórdenes públicos, con toda tsa sonata de los grupos

desestabilizadores (la misma cantinela de antes, la de loe enanos infiltrados, las minorías descontentas y

ía cosa judeomasónican, no es mas que una consecuencia anecdótica de un desequilibrio hondo y

persistente.

JA ultraderecha no para de achacar al Gobierno que está poniendo a España en camino de la disgregación.

Se ciegan con eso, pero yo no lo creo. Estamos condenados a ía unidad histórica, porque nos obligan a

ello las relaciones orgánicas entre el Estado y la sociedad civil. Y justamente porque las clases no han

entrado en armonía, ía misma lucha de clases impedirá ía disgregación. El sueño es,la formación objetiva

de un Estado, pero el problema de España es todavía el de las clases que pugnan por constituirse en

Estado. 4 Cuándo en España ha dejado de ser ia historia del Estado la historia de una clase f ¿Cuándo en

España las clases no constituyentes del Estado no han querido ocuparlo y constituirlo f Aquí no se

disgrega nadie. Pido perdón porgue me da que voy pareciéndome en el habla a Donoso Cortés, que una

vez demostró en las Cortes que del grado máximo de ateísmo salió la invención del telégrafo, y que con el

telégrafo el Estado podía estar en todos los sitios al mismo tiempo. Como se ve, Donoso Cortés, por no

perder la costumbre, daba también al telégrafo un sentido teológico^ aunque por la parte del demonio.

Algo es algo. Lo cterto es que la adhesión activa al Estado en forma de lucha salvará nuestra unidad

histórica. Lo que me pregunto es qué habremos ganado con eso.

T A verdad del "trágico sudeste", oomo llamó Gonzalo de Reparaz a esas tierras que se extienden desde

Gibraltar a Murcia, e* que el sentimiento de autonomía se transfigura en conciencia de clase y arrastra

consigo toda la tradición libertaria y de rebelión campesina que floreció en aquellas colectividades

anarquistas, que tan perfectamente ha estudiado Gastón Leval, y en organizaaiones implacables y secretas

como la organización de la Mano Negra, reprimidas hasta más allá de la locura. La monarquía de Alfonso

XIII no vio el problema. El general Primo de Rivera lo vio, por los ojos de don José Calvo Sotelo, pero

nada pudo hacer, porque le dejaron solo las derechas y las izquierdas, especialmente los izquierdistas de

tendencia liberal, como es el caso del "pobre Fernando", que es como llamaba Ortega a Fernando de los

Ríos. Fue entonces cuando Calvo Soteío escribió unas palabras que yo he copiado en más de una ocasión:

"Muchas vece* he pensado que la raís real del problema de España no es política, sino económica, y que

la receta de nuestros males, por ser de índole económica, se ahogará en germen ante el quietismo

obstinado de gran parte de las clases conservadoras." Llegó ía República, y luego de redactar

solemnemente los artículos 46 y 47 de la Constitución, refiriendo este último, de • manera puntualísima, a

la protección de los campesinos, nunca man se hizo política social. ¥ ocu

rrtó lo de Casas Viejas, que según él ministro de la Gobernación que había entonces, era un problema de

orden público. Todo esto convenció a Franco de que el orden público era la idea suprema del Estado. Y

ahora se va, a reforzar el orden públtcOj porque, como pasa en España desde hace siglos, la culpa fíe los

catástrofes la tienen los grupos minoritarios. Serán minoritarios, pero son tozudos. Pues por esf camino

nos va a salir la burra mal capada. Y eso que «I señor Martin Villa no 69 más que un mandado, como él

mismo Jta dicho.

I)E todas las maneras, no l hay motivo para preocuparse por cuanto he dicho. Jfo hay que preocuparse por

ía teoría de las puertas cerradas, ni por la prevista situación de alarma nacional, que viene a ser como un

ortículo segundo de la ley de Prensa a lo monstruo; no hay que preocuparse por el cese fulminante del

general Prieto López, que es una desgracia para la izquierda que piensa, y que ha coincidido con el

asesinato de un concejal de Irún... No hay que preocuparse por nada. Hay consenso. Los acuerdos del

pacto de la Moncloa, que es la regla de oro de la si¿«ación, se están deshaciendo como carámbanos en

agua caliente, pero eso no importa. Hay consenso. La inestabilidad creada por la vaguedad gubernamental

y por Unos parlamentarios con la lengua fuera que están dale fue dale a Ja Constitución desde hace siglos,

y de otro lado, el ver cómo esa inestabilidad va empujando hacia la derecha fuerte, en el momento en que

e/ señor Fraga se sale dr ella, a muchos ciudadanos, tampoco es razón bástanle para preocuparse. Hay

consenso. Creo que hemos dado con ?l huevo de Colón, y que además lo hemos puesto de pie.

CTW cuanto a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado qué les voy a decir que no sepan

ustedes. Quiero decir que ni ustedes ni yo sabemos nada. Todo queda borroso, urgente, complicado, y

nadie sale en la paquidérmica pantalla a echarnos una mano y a decirnos una palabra de consolación o a

tranquilizarnos en nuestro desconsuelo. Estamos desconsolados y no sabemos por qué. Así es. Qué

destino tan apretado. La Unión de Centro Democrático va por sus pasos contados hacia una posición de

fuerza en el llamado Parlamento y «n los demás órganos políticos y administrativos, con la ayuda

inapreciable y cada ves más frecuente de Alianza Popular, ahogando asi a la oposición socialista. Es

inconcebible que en un momento de crisis tan aguda como él que estamos viviendo un partido juegue con

esa tranquilidad mecánica, igual que si viviésemos en una era victoríana, y como si la izquierda, que

empic.a a tronar por su lado noctivago e inconsciente, fuera nada más que una cuadrilla de fabianos y de

ecologistas. El problema va a esíar citando tengamos que echarle la culpa al señor Carrillo y no sepamos

de qué. A!yo habrá. No vamos a dejar que el señor Carrillo se nos escape. No vamos a romper la

tradición. Bien sé que el edificio de la verdad impersonal es un sueño imposible. No trato con mis

palabras de establecer un gé¿ ñero de verdad que sirva para todos. Pero cuando veo que un concepto

moral, como es el de la solidaridad, ha ido convirtiéndose en una especie de astucia hidráulica, en el

consenso, noto que la esperanza de la paz y de la libertad se aleja.

Carlos Luís ALVAREZ

 

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