Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Lo que tiene que cambiar     
 
 ABC.    06/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DOMINGO 6 DE MARZO DE 1917.

APUNTE POLITICO

Lo que tiene que cambiar

Por José María RUIZ GALLARDON

Los criterios de mi obispo (a quien, por cierto, alguien le ha dado precipitadamente el cese a través de un

colosal bulo) en la última de sus "cartas cristianas" deben ser meditados y mucho, por cuantos nos

movemos en la arena política.

Ha venido a decir monseñor Tarancón que no cambiará el país sólo porque cambien algunas palabras.

Hasta ahí éramos muchos los que, desde hace meses, habíamos coincidido con su criterio. Las palabras y,

sobre todo, la palabra democracia, no son el bálsamo de Fierabrás, ni el ungüento mágico para nuestros

males. Ha añadido algo muy importante, tanto que me he atrevido a reproducirlo en esta columna política.

Sencillamente, ha dicho: «Creo, sinceramente, que el problema que estamos viviendo es un problema de

fondo, no de formas. Un problema de convencimiento y de conducta personal, no sólo de estructuras

sociales.»

¡Pobre «estructuralismo»! ¡Pobres de los que siempre terminan sus peroratas y discusiones con el manido

«hay que cambiar las estructuras»! Monseñor Tarancón ha puesto la cota mucho más alta, ciertamente,

pero también mucho más ajustada a la realidad; ¡lo que hay que cambiar es el convencimiento y la

conducta!

Y es claro. No hay, ni habrá cambio social, sin cambio de mentalidad y actuación. No son las

estructuras sociales algo independiente de lo que piensan y de cómo actúan los españoles. O dicho

para que me entiendan todos; la reforma, la democracia no se imponen ni pueden imponerse

desde el «Boletín Oficial».

Decía un buen amigo mío y excelente jurista que el número de las disposiciones eficaces que aparecen en

la «Gaceta de Madrid» es diez veces inferior al de las publicadas. Yo recuerdo cómo hace muchos años

que el organismo público más prolífero, legislativamente hablando, era la Comisaría de Abastecimientos

en la década del hambre. Todo era objeto de órdenes, instrucciones, Memorias y disposiciones. Pero

apenas si se cumplían.

Otro tanto cabe decir hoy. Ya pueden nuestros futuros legisladores elaborar el más exquisito texto

constitucional, que, como los españoles no nos decidamos a cambiar, todo va a seguir lo mismo, sólo que

más confuso.

Y un tema final que considero importante. No creo que cuando el cardenal Tarancón fija, en el

convencimiento y conduela personal, la eficacia del logro de un país mejor y más vivible se esté

refiriendo «al hombre». No. de ninguna manera. «El» hombre, no exulte más que en el papel.

Existimos usted y yo, querido lector, existimos cada hombre. Y eso es lo que tiene y tenemos que

cambiar. Sólo así las estructuras serán más justas, la sociedad más libre y la democracia una realidad

respetable y con sentido.

J. M R. G.

 

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