Autor: García Santamaría. 
 Costa del Sol. 
 El paraíso, amenzado     
 
 El Alcázar.    20/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LLEGAN en riadas de toda Europa, atraviesan la frontera con su roulotte, su tienda de campaña o,

simplemente, con un saco de dormir. Vienen a cumplir con el rito del verano: sol y playa. Se pasarán unos

días, una quincena o un mes, en una zona que les ofrece de todo: agua, sol, magníficas playas; todo a un

precio ínfimo. Acuden por la mañana muy temprano a la playa, se compran una esterilla para tumbarse en

la arena, o bien alquilan una tumbona y permanecen allí hasta la caída de la tarde, hasta quemarse.

Aunque no son un turismo de "qualité", aspiran también a integrarse en lo que se denomina "la

aristocracia del ocio"; porque el sol, los cuerpos bronceados, se han elevado ya a la categoría de uso

social, tienen ya su pequeño valor añadido para expresarlo en términos económicos, y constituyen además

un signo inequívoco de unas bien ganadas vacaciones.

Al socaire de la devaluación, el turismo ha invadido nuestras fronteras y, en la Costa del Sol en concreto,

se han desbancado todos los ritmos. Todo ello ha supuesto que esta temporada abunde de forma notoria la

presencia de gran cantidad de turistas conocidos como de "alpargata", y también de nuevos visitantes

desconocidos hasta ahora. Lo que, unido al turismo tradicional y a los numerosos españoles que han

descendido hasta el Sur, hace que nos encontremos con fenómenos nuevos, desconocidos hasta el

momento por aquellas latitudes.

EL BOOM DEL MORO

Con los nuevos cambios de moneda se ha notado en la Costa un fenómeno nuevo, lo que los malagueños

llaman el "boom del moro", debido a la numerosa presencia de turistas árabes en esta temporada. Muchos

de ellos son trabajadores marroquíes que van de paso hacia su país y deciden permanecer unos días de

vacaciones en la Costa del Sol. Naturalmente, la devaluación les ha cogido en su ruta de tránsito y han

optado por aprovecharse de ella. En Torremolinos es en donde se percibe más esta presencia. Asimismo,

se observa gran cantidad de coches matriculados en Kuwait o en Arabia Saudita.

CAMPINGS CLANDESTINOS

Otra modalidad nueva aparecida en esta temporada es lo que los lugareños denominan desde hace unos

quince o veinte días, "campings clandestinos". Bajo esta denominación se engloba a todos aquellos

turistas que acampan con sus roulottes y sus tiendas fuera de los campings, en lugares tales como playas,

parcelas, promontorios...

La causa de estar nueva modalidad de camping hay que buscarla en esa gran afluencia turística, en que el

turismo es de baja calidad y en que la Costa no dispone de la suficiente infraestructura hotelera y de

campings para recibir una demanda cómo la actual. Este informador ha visitado buena parte de los

campings de la costa, ha permanecido incluso en algunos de ellos y se ha encontrado nada más llegar a

Málaga y dirigirse hacia el campo de la ciudad, "Los baños del Carmen", con que a las 10 de la mañana

ya había un cartelito que indicaba que el camping estaba completo. Prácticamente, era necesario aguardar

cola, esperar a que fuesen quedando plazas libres para conseguir un espacio en donde acampar.

Costa del Sol EL PARAÍSO,AMENAZADO

• Un desordenado turismo "de alpargata" ha desbordado la capacidad de la zona.

• Toda la Costa se ha visto convertida en un inmenso camping "clandestino" donde los servicios más

esenciales brillan por su ausencia.

• La devaluación de nuestra moneda permite a los emigrantes marroquíes que regresan a su país, pasar

con holgura unos días de vacaciones

La situación era similar en todos los pueblos de la Costa, ya se tratase de Torremolinos o de Fuengirola. Y

a lo largo de la carretera que bordea el mar se apreciaba la misma situación: numerosas tiendas en los

sitios más insólitos. En algunos lugares la situación resultaba todavía más peculiar, al formarse

verdaderos "campings paralelos" al lado de algún camping oficial, de forma que no se distinguía si era un

único campamento o una adición de éste especial para esta época.

Hace algunos días se intentaron tomar medidas al respecto. Se conminó a toda esta población

extracampística a que abandonase ¡os lugares en que se habían aposentado, y éstos se han negado a

levantar sus tiendas.

Según nos contaba un ciudadano de Málaga que pasa todos los veranos en Torremolinos: "esta gente

permanece ahí porque no hay fuerza moral para echarla. Es gente que ha recorrido muchos kilómetros y

desea permanecer en este lugar". Este mismo interlocutor nos confesaba, además, que quedaban ya pocos

días para que la temporada se acabase y que, en caso de echarlos, se iban a resentir muchos comercios.

En términos parecidos se expresaban algunos de estos campingstas. Para ellos hubiese sido más cómodo y

sencillo encontrar sitio en algún camping porque al menos dispondrían de los más elementales servicios

de higiene; pero que, a tenor de la situación y a estas alturas de temporada, no querían emigrar hacia otros

lugares de la Península por la inestabilidad del clima y por la pérdida de tiempo que les supondría el tener

que desplazarse más al Norte.

EL TURISMO JOVEN

Junto a estos nuevos habitantes de la Costa, el turismo joven que ha llegado, prácticamente con lo puesto

y con el saco de dormir, y que prefiere dormir en la playa o en los parques. La mayoría de ellos han

cruzado la frontera con seis u ocho mil pesetas, según nos decían dos holandeses, y con este dinero se las

arreglan para permanecer cerca de un mes.

Los hay también que se financian el viaje a Torremolinos o a Marbella (y son tanto de Madrid como de

París) a base de trabajar el cuero o de fabricar piezas de artesanías que después venden a los turistas, lo

que les proporciona, en la mayoría de los casos, los suficientes beneficios para ir afrontando el verano. Y

todo ello, sin contar los innumerables negócios de tipo "underground" que se dan en todos los lugares de

la Costa y que suponen un amplio y mayor margen de beneficios que los antes reseñados.

En resumen, España sigue siendo ese paraíso turístico que tanto se ha venido pregonando. Un paraíso que

amenaza con ir al caos si no se racionaliza de inmediato la industria que lo sustenta.

Ningún país en Europa como éste para recibir a tal cantidad de turistas en forma tan imprecisa y

desordenada. Ningún país en Europa con tal afluencia de turismo que obtenga tan poco margen

proporcional de beneficios, a cambio de tanta colonización, de tanta fealdad estética constructiva y de

tanta destrucción de nuestra ecología. Urge una profunda reforma y urge también la creación de una

adecuada infraestructura del sector.

GARCÍA SANTAMARÍA

 

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